Una película con personajes de fantasía inspirados en la tradición
Jake Gyllenhaal dijo que "El príncipe de Persia" apuesta a recrear la atmósfera de los cuentos épicos. La película, que se estrena hoy en los cines rosarinos, se basa en un popular videojuego.    

Jueves 27 de Mayo de 2010

Jake Gyllenhaal, ganador en 2006 del Bafta a mejor actor de reparto por su interpretación de Jack Twist en "Secreto en la montaña", vuelve a la pantalla grande esta vez como Dastan, un héroe de acción y protagonista de "El príncipe de Persia: las arenas del tiempo", que se estrena hoy en los cines rosarinos sobre la adaptación de un popular videojuego.

El personaje del príncipe Dasta debe aliarse, aun contra su voluntad, con Tamina, una princesa rival, para preservar una antigua daga capaz de liberar las "arenas del tiempo", un regalo de los dioses que puede volver el tiempo atrás y otorgar a su poseedor el poder de dominar el mundo o destruirlo.

Entre los trabajos de Gyllenhaal se incluyen "Hermanos", "La prueba" y "El día después de mañana", entre otras, todas películas de géneros dispares. Según el actor, esa diversidad es justamente la seña particular de su carrera. "No hay una gran consistencia de género entre mis distintos trabajos", reconoció el intérprete y añadió: "Quizás en lo único que es consistente es esa falta de coherencia", dijo con ironía.

Epica y diversión. En ese sentido agregó: "Sea que se trate de una película acerca de dos vaqueros que se enamoran en Wyoming o una película épica de acción como «El príncipe de Persia», es la gente involucrada en el filme la que te da la confianza para hacer tu mejor trabajo. Y en última instancia, sólo se trata de satisfacer al espectador. Hicimos una película épica y divertida que ha logrado justamente eso".

La dirección estuvo a cargo de Mike Newell, un cineasta que como Gyllenhaal, va de un extremo al otro y siempre con buenos resultados. Así pasó con la comedia dramática "Cuatro bodas y un funeral", el policial "Donnie Brasco" y la fantasía de "Harry Potter y el cáliz de fuego".

 Según aseguró el director británico, no tiene prejuicios en cuando a esos saltos: “Cuanto más exquisita es una película, cuanto más oscura, más sincera hacia nuestra falible naturaleza humana... más se acerca a ser una buena película inglesa”, declaró Newell, y añadió: “Pero ahora me despierta interés el entretenimiento y «El príncipe de Persia» es justamente eso: gran entretenimiento. Estoy satisfecho con el trabajo”.

Fantasía y realidad. El abordaje de ese entretenimiento fantástico que es “El príncipe de Persia” parte curiosamente de la realidad. Así explicó Gyllenhaal el perfil que le imprimió el director: “Mike Newell poseía un enfoque particular para la película. Desde un primer momento Mike y Jerry Bruckheimer (productor del filme) propusieron la idea de que estuviera basada en la realidad”.
  En ese sentido agregó: “Yo me preguntaba, ¿cómo podés fundar en la realidad un mundo de fantasía? Mike me mostró una pintura del siglo VI de un hombre persa recostado sobre una alfombra, soñando... más bien alucinando. Y me dijo: «Así quiero que sea. Quiero que el filme esté basado en la mentalidad del imperio persa del siglo VI, donde creían que la fantasía podía hacerse realidad, donde uno pudiese hallar una daga que volviese atrás el tiempo y no hubiese ninguna duda de que eso era posible, pues eso es lo que hubieran creído en aquel entonces”, afirmó.
  La acción ocupa un lugar central. El intérprete confesó que además de hacerse cargo personalmente de la mayoría de las escenas de riesgo, disfrutó colgándose de los arneses y saltando desde diez metros de altura: “Siempre me gustaron las películas de acción y aventuras. De chico soñaba con ser uno de esos personajes como Indiana Jones o el Robin Hood de Errol Flynn. Son personajes aplomados, pero con mucho humor”.
  El guión le acercó la clave: “Supe que Dastan era uno de estos personajes clásicos. Irónico. Sereno. Pero por sobre todo, alguien que no se tomaba a sí mismo demasiado en serio. Y eso estaba claro en la historia”. Sin embargo aclaró: “Bruckheimer señaló desde el principio que este personaje, aunque de fantasía, debía ser un personaje real y no una caricatura”, aclaró. l