Una orquesta en estado de gracia
La Orquesta Sinfónica Nacional de Washington, dirigida por Christoph Eschenbach, reafirmó con su concierto del lunes en el teatro El Círculo la sensación de que la temporada musical 2012 será una de las mejores en los últimos años.

Miércoles 20 de Junio de 2012

La Orquesta Sinfónica Nacional de Washington, dirigida por Christoph Eschenbach, reafirmó con su concierto del lunes en el teatro El Círculo la sensación de que la temporada musical 2012 será una de las mejores en los últimos años. El maestro Eschenbach fue protegido de George Szell y Herbert von Karajan y sobre ellos afirmó: "Aprendí de Szell el lenguaje, el fraseo, la lucidez, la transparencia. Karajan me enseñó a colorear, a dar los matices y crear las transiciones. Con Szell aprendí a dibujar, mientras que con von Karajan aprendí a pintar".

Esto quedó claro en la "Sinfonía Nº 7 en La Mayor Opus 92", de Ludwig van Beethoven, definida como "una divina embriaguez del espíritu", estado que la orquesta le impuso a la obra, resaltando lo rítmico y festivo que tiene la sinfonía. El maestro indica con suavidad la entrada de los músicos y él mismo parece entregarse a los goces físicos del sonido.

La orquesta exhibió la gran compenetración de las distintas secciones de instrumentos entre sí, y el equilibrio sonoro que consiguen con las otras familias orquestales. Cuerdas, magníficas en Beethoven; mínimo desfasaje en maderas y metales en el primer movimiento, y excelente rendimiento durante el resto de la obra, en especial con bronces brillantes en el movimiento final.

En la segunda parte del concierto, una impecable interpretación de la "Sinfonía Nº 5" de Tchaikovski permitió seguir al músico por sus angustias melodramáticas y pasionales, con tiempos más agitados o acelerados, en relación a otras orquestas, pero que ayudó a disfrutar del brillo de la obra y remarcar sus contraposiciones con los momentos donde las cavilaciones musicales de Tchaikovski lleva a los abismos dulces del amor imposible, como ocurre en el segundo movimiento que fue, sin dudas, uno de los mejores segmentos de la noche, con un duelo exquisito entre maderas y cuerdas, consiguiendo un momento de placer casi operístico. En el enérgico movimiento final los bronces estuvieron precisos y la prestación orquestal fue de primera categoría.

La prolongada ovación del teatro lleno fue el justo agradecimiento por tan buena velada musical.