Jueves 20 de Julio de 2017
"Recen por mí" se titula el musical ideado, escrito y dirigido por Nelson Coccalotto, que anteayer se presentó en calidad de función extraordinaria en la tradicional iglesia de Santiago y Mendoza. La puesta, que tendrá su estreno oficial el 8 de septiembre en el teatro El Círculo, se destacó por su mensaje comprometido, y más allá de que fue demasiado explícito y sin lugar para la metáfora, significó una apuesta de riesgo. Y en toda propuesta artística, el riesgo siempre es bienvenido.
No había misa, había show, tampoco se armó una tarima, estaba el altar. Y esa fue la experiencia más intensa y novedosa para los artistas y para el público, sentados en silencio con el respeto que impregna la Casa de Dios.
"Esto es una experiencia religiosa" dijo en la previa un joven veinteañero, en clara alusión al tema de Enrique Iglesias. Pero nada más lejos que un recital de música pop: lo de Coccalotto no sólo representa un hecho inédito en Rosario y quizá en el país, sino que no hay muchos registros en los que un musical sea de carácter religioso y a la vez conlleve un claro contenido social, antibélico y en favor de la libertad de expresión más allá del amplio despliegue artístico.
La obra parte de una vivencia mística que pudo haber tenido el Papa en los instantes previos en los que Jorge Bergoglio se convirtiera en Francisco para el mundo.
Con imágenes audiovisuales que contextualizaban lo que se veía en escena con los hechos reales, Bergoglio (Claudio Danterre) se cruzará con el Diablo (Dardo Varela), quien tratará de contaminar su mente al tiempo que La Madre Teresa de Calcuta, San Francisco de Asís, Mahatma Gandhi y "La voz de los que fueron callados" (Anabella Carnevali, en el rol de una desaparecida por la Dictadura), intentarán marcarle el camino a Su Santidad en favor de los desposeídos y los más necesitados.
Pese a que los textos cantados no se pudieron percibir con claridad, el mensaje fue más que explícito, tanto que quizá lo subrayado debió dejar un lugar para lo sugerido.
Los puntos altos se dieron con el impactante coro, ataviados como sacerdotes y novicias con velas en sus manos; las expresivas interpretaciones líricas y la ajustada convivencia entre el formato de orquesta de cuerdas con el cuarteto eléctrico de bajo, guitarra, batería y teclados. Las actuaciones fueron logradas, en especial la de Danterre, y el cuerpo de baile tuvo una eficaz labor, especialmente la pareja que interpretó la danza/batalla entre una civil y un militar.
Ya habían pasado las imágenes de Massera y de los tanques de guerra, el Bien venció al Mal y el Papa Francisco lanzó su frase icónica: "Recen por mí". Fue el final de la obra y ojalá sea el comienzo de más experiencias artísticas en las que se puedan demostrar, como en este caso, que el mensaje religioso también puede levantar banderas populares y contestatarias.