Viernes 21 de Agosto de 2020
El arte no conoce de límites ni de pandemias, sino que se alimenta y fluye con ellos. Por eso, en plena cuarentena, el director rosarino Sebastián Villar Rojas creó “Un problema de distancia”, una obra especialmente para Zoom, que se estrena este jueves a las 20.30.
Esta comedia dramática protagonizada por Julio Chianetta y Juan Biselli, se centra en la relación de un padre y un hijo que viven a diez mil kilómetros de distancia “real y emocional”, aclara la sinopsis, que se encuentran a charlar a través de la plataforma estrella de la pandemia, pero de pronto todo se convierte en un ring de boxeo.
Tras el estreno de la obra para la prensa y antes de su estreno para el público, el director rosarino charló con Escenario y destacó la potencia del teatro como herramienta “para unirnos en la distancia a través de la ficción”.
—Las relaciones familiares son clave en esta obra que comienza con un padre y un hijo hablando por Zoom, aislados, fiel a los tiempos que corren. ¿Además del formato de presentación de la obra, también cambiaron las temáticas a la hora de escribir el guión?
—La pandemia pateó el tablero a nivel macro, en la economía o la política, pero también lo hizo a nivel micro, en el de las relaciones humanas: la pareja, los vínculos filiales, las amistades, la sexualidad. El aislamiento, la imposibilidad de moverse libremente, la decisión, o no, de asumir una responsabilidad ética de cuidado hacia el prójimo, las transformaciones en el plano laboral con el teletrabajo, la caída de los ingresos o incluso la pérdida del empleo, la maternidad o paternidad 24/7 devenida también en co-tutoría educativa junto a los maestros, han generado una enorme presión extra a nivel individual: cada uno ha tenido que acomodarse rápidamente a un cambio tan radical como inesperado. La inspiración vino de preguntarme: ¿Cómo estamos haciendo, como personas ordinarias que somos, para lidiar ítem por ítem con esta catástrofe que toquetea a su gusto cada hebra de nuestra vida cotidiana? ¡Deberíamos ser dioses y somos pobres humanos! Ahí es donde encontré el motor para escribir esta obra.
—¿Considerás que el teatro por Zoom llegó para quedarse o es circunstancial?
—Creo que las plataformas digitales serán un camino alternativo y paralelo del que dispondrá la comunidad teatral para generar encuentros con diferentes públicos. El teatro independiente argentino es un espacio histórico de resistencia frente a las adversidades, obstáculos y crisis que hemos atravesado como sociedad. De manera creativa y con pocos recursos, nos abrimos siempre paso para generar nuevas propuestas. Para muchas personas de grupos de riesgo, como los adultos mayores, el encuentro directo y en vivo en el espacio digital con los artistas, emulando un escenario y una platea, percibiéndose mutuamente ahí, será quizás la única posibilidad en el corto y mediano plazo para seguir disfrutando de la experiencia ritual del teatro. Esa es mi militancia artística de hoy: aunque la obra es para todo el mundo, me interesa especialmente llevar teatro a quienes más necesitan de nuestra compañía. Pienso en mi mamá, por ejemplo, que lleva más de seis meses de estricta cuarentena en su casa por ser persona trasplantada, y que tampoco podrá salir tan rápidamente en la post pandemia. Será un proceso que llevará su tiempo y no podemos dejar a nadie rezagado. Hay que pensar nuevas rutas para nuevas necesidades: el teatro también puede decir y hacer algo a este respecto.
-Hay temas universales en la obra como las relaciones, la pandemia, la violencia intrafamiliar, la desocupación, la diferencias generacionales que ponen en evidencia los viejos y nuevos paradigmas en cuanto al matrimonio y al sexo... ¿cómo pensás que lo tomará el público?
—Como desde hace 25 siglos: con las dos caras del teatro, que son en verdad las del público, la de la risa y el llanto. Y entre ellas, tensada por ellas, la reflexión. La obra es una invitación a esas tres caras.
—La obra tiene drama, humor, actualidad y mucho ritmo, ¿cuáles son las claves para hacer una pieza artística en una era dominada por las plataformas digitales como Disney, Netflix, Amazon y HBO?
—Tomarse el tiempo para ir a fondo y de verdad. Se dice que hoy en día la gente no puede mantener la concentración en algo por más de cinco minutos. Descreo por completo de esa supuesta verdad. El compromiso con nuestra intuición artística, con nuestro mundo, llevado hasta las últimas consecuencias, arrastra mágicamente al espectador. Nuestra entrega es su entrega. Dejarlo todo, darlo todo, eso es lo que se aplaude, se agradece, de un lado y del otro. Con el público lo único que te une es el amor, jamás el espanto.
—¿Qué desafíos te significó como autor y director de esta obra hacerla para presentarla en Zoom?
—Vencer el terror que le tengo a la tecnología. El resto es confiar en el extraordinario talento y arrojo de dos enormes actores del teatro argentino, Julio Chianetta y Juan Biselli.
—¿Cómo se puede ver la obra?
—Entrando a nuestro Instagram @unproblemadedistancia o a nuestro muro de Facebook “Un problema de distancia” y buscando el link que los llevará a una planilla de inscripción. Allí podrán comprar la entrada. A partir de estar inscriptos, les enviamos el link a la sesión de Zoom correspondiente a la función, además de información adicional para disfrutar al máximo de la experiencia de ver teatro en casa.