Domingo 01 de Octubre de 2023
No es sencillo encarar un “homenaje” musical en esta época sin sonar excesivamente nostálgico o sospechosamente oportunista. Y mucho menos en el ámbito del rock, donde de un tiempo a esta parte todo parece ser festejo de aniversario, recuerdos, obituarios y cita constante. Por eso, en ese contexto, un espectáculo como “Giros revisitado” brilla por su singularidad. El show comandado por Gonzalo Aloras se estrenó en Buenos Aires en abril pasado, en el marco de un ciclo organizado en el CCK, y después llegó a Rosario casi con la misma banda y las mismas características. Aloras se propuso recrear en vivo el disco de Fito Páez de 1985 lo más fielmente posible, a tal punto de rastrear a los músicos que participaron de ese álbum y los instrumentos originales que tocaron en aquella época. A priori esto puede sonar a un capricho de músico nerd o hiperdetallista, pero cuando uno está frente a “Giros revisitado” y experimenta las versiones de clásicos como “11 y 6” y “Cable a tierra” entiende con todos los sentidos algunas cuestiones que la razón no explica. En este espectáculo no hay simplemente un tributo al disco en sí (que es grandioso y se lo merece) o a la obra de Páez en los años 80 (la más oscura y densa, y la que lo convierte en una individualidad del rock argentino). Acá queda claro que la intención es rescatar y traer al presente: rescatar una época y una forma de crear y trabajar, rescatar a los músicos que están cuasi escondidos en los créditos de los álbumes y también a ciertas canciones brillantes que nunca fueron bises de recitales.
Sobre el escenario había una gran selección de músicos encabezados por Aloras. Estaban Fabián Gallardo y el bajista Paul Dourge, que formaron parte de la grabación de “Giros”, y también un histórico del rock argentino, Leo Sujatovich, el otrora integrante de Spinetta Jade. A ellos se sumaban Nico Vélez en batería y Yamile Baidón en coros. “Giros” se recreó tema por tema, en el mismo orden en que figuran en el álbum. Y las canciones se intercalaban con videos alusivos de los 80, declaraciones de Páez, clips de aquella época y hasta imágenes inéditas de Fito. Había algo de estética cinematográfica en la puesta, reforzada por el ámbito imponente de El Círculo. La emoción estuvo siempre presente, y cómo no, aunque caló más hondo en la inoxidable “Cable a tierra”, en “Yo vengo a ofrecer mi corazón” y en la baguala-himno de “D.L.G.”. El público en silencio, como absorto, explotaba en aplausos cada vez que terminaba una canción.
La segunda parte del show no fue menos intensa. La banda fue intercalando temas (algunos bien conocidos y otros “lados B”, como dijo Aloras) de la discografía de Páez que va de “Del 63” (1984) a “Ey” (1988). Así sonaron “Ambar violeta”, “Tatuaje falso”, “Tres agujas”, “Sable chino” y “Dame un talismán”, en un viaje en el tiempo que tal vez se debería hacer más seguido. Una mención aparte se merece la impresionante versión de “Gente sin swing”, donde Aloras se lució como frontman.
Los integrantes de la banda tuvieron también, acertadamente, sus “momentos solista”. Gallardo interpretó “Rojo como un corazón”, tema que lleva su firma y que Páez incluyó en “Del 63”, y Paul Dourge hizo una rara versión solo al bajo de “Un vestido y un amor” (coreada por el público, suavemente, como susurrada). Un momento muy especial y difícil de describir se vivió cuando las voces de Aloras y Sujatovich (sí, Sujatovich cantando) se unieron para interpretar “Todos estos años de gente”, del disco “La La La”. El título de esa canción de Spinetta de alguna manera resume el espíritu del show. Y a más de uno, claro, se le hizo un nudo en la garganta.