Lunes 04 de Agosto de 2008
Para Les Luthiers se transformó en un hábito que mostró dos mundos de un mismo espejo: el real, es decir la necesidad de ajustar un espectáculo antes de emprender la exhibición porteña, y otro fantástico, basado en la pretendida agudeza del público rosarino para oficiar de juez sobre la suerte de determinados segmentos o del propio espectáculo en cuestión. La misma estrategia utilizó el fin de semana Los Macocos con su nueva cría, "Don Juan de acá", una obra que respeta la tradición del grupo de construir relatos históricos nativos asociándolos a una inmensa gama de recursos actorales y a una doxa entre literaria y televisiva, soporte de su complicidad con un público avisado sobre giros y trucos teatrales.
Esta vez la trama se desarrolla en la Buenos Aires de 1810. Criollos y españoles se miran con recelo, la Revolución le pone algo de acción a la soledad de estas Pampas y un naufragio trae consigo a un sevillano mentiroso y con pretensiones de nobleza. Es Don Juan, el primer vivo del Río de la Plata, un gen insustituible del futuro ser nacional.
La época se transforma rápidamente en un objeto de deseo, aquel sobre el que se montan las chanzas y las situaciones delirantes. Pregoneros de chismes, patricias de falda fácil, generales borrachos, fantasmas ribereños y un recién llegado convertido en semental forman parte de la fauna que Los Macocos idearon. Personajes que se mueven tranquilos sobre el arte del circo criollo y sobre las innumerables interpelaciones a la platea, piedra angular donde se apoya la conectividad entre los artistas y un público que siempre festeja las interrupciones a la narración.
En "Don Juan", todo el elenco trabaja a destajo. El pregonero de Daniel Casablanca hila la historia y se gana los aplausos con una simpatía ya reconocida, mientras Martín Salazar compone a un gracioso europeo vividor y Gabriel Wolf a un noble agobiado por sus mujeres. Suegra, esposa e hija son interpretadas por una Laura Silva ovacionada cuando pone en escena a Casata, Melba y Charlotte a la vez. Acompañan las increíbles voces de Mónica D’Agostino y Paula Requeijo.
Con música en vivo, un texto reidero aunque ondulante en su estructura, actuaciones contenidas a la espera de mayor libertad y con el más nacional de los estilos teatrales, Los Macocos consiguen divertir con un circo criollo que supone una mirada introspectiva sobre los orígenes del país. Historia, risas y reflexión que no alcanzan por ahora picos de creatividad y expresión encarnados por los inolvidables Marrapodi o los deliciosos Albornoz.