Miércoles 24 de Mayo de 2023
Entre las estrellas pop de los años 80, entre las voces de Madonna o Cyndi Lauper, la voz de Tina Turner sonaba como un rugido. Las adolescentes de esa época mirábamos fascinadas (en plena era del videoclip) a esa mujer que parecía mayor pero tenía un vozarrón y una energía juvenil arrasadora.
Lo que no sabíamos entonces era que esa fuerza que Tina transmitía venía de superar un pasado oscuro y difícil: que había sido una mujer golpeada, abusada física y psicológicamente por su ex marido, Ike Turner, y que le costó mucho escapar de esa situación porque Ike era también su compositor, productor y compañero artístico. Mucho antes del MeToo, en una época muy diferente a esta, ella fue un símbolo de fortaleza y resiliencia. Y también cantaba desde ahí, desde ese sentimiento, desde las entrañas del soul, el rock y el gospel, como alguien que pide por esa valentía para levantarse y después agradece con alegría estar de pie.
Tina Turner le cantaba a Mick Jagger en el escenario de igual a igual, como desafiándolo, y hasta un gigante como David Bowie parecía intimidado delante de ella. A mediados de los 80 tuvo un regreso triunfal, después de años de ostracismo, acompañada por colegas que la admiraban y que fueron amigos fieles. Sus hits de aquella década todavía suenan en las radios: “What’s Love Got To Do With It”, “Private Dancer”, “Better Be Good To Me” o “We Don’t Need Another Hero”, de la banda de sonido de “Mad Max 3”. Es inevitable tararearlos ahora, aunque nadie puede hacerlo con esa voz profunda inconfundible.
La historia de lucha y redención de Tina Turner fue contada en varias películas y documentales. Siempre vale la pena volver a esa historia y volver a sus discos. Son una enorme fuente de inspiración para las nuevas generaciones.