Domingo 03 de Mayo de 2020
Se puede seguir “Tiger King” como una telenovela del estilo de “Dinastía”, sólo que en lugar de petroleros se trata de propietarios de zoológicos particulares. O como la lectura de “El corazón de las tinieblas” o “A sangre fría”. También es posible compararla con un capítulo de “E! True Hollywood Story” dirigido por David Lynch. Pero lo primero que recuerda esta historia que comienza como un relato sobre amantes de los tigres y va sumando complots, egos descontrolados, narcotraficantes y acusaciones de crímenes, es “Wild Wild Country”, el documental sobre Osho, también disponible en Netflix. Ambos tienen una trama que comienza como un relato sobre las buenas intenciones y el poder de la voluntad en un contexto en el cual todo parece posible hasta que los protagonistas chocan contra los intereses o las convicciones de quienes no les creen una palabra.
La serie documental tiene los elementos para superar el guión de la ficción más retorcida. En “Tiger King” las buenas intenciones de personas que defienden a los animales se transforman en rivalidad, en una lucha que comienza en internet y termina en los tribunales. Los involucrados en este relato en el que los directores administraron de forma magistral la transición de la comedia al thriller, son Joseph Maldonado-Passage, conocido como Joe Exotic o Tiger King y dueño de un parque de grandes felinos, y Carol Baskin, la propietaria de una reserva de animales. Los giros de la trama, los matices contrastantes de las declaraciones de los testigos, las intrigas, el suspenso y el humor y el desparpajo de su protagonista masculino hicieron que el documental se transformase en un éxito arrasador. De hecho, el documental desbancó a la exitosa “Stranger Things” con 34 millones de espectadores en los primeros diez días de su estreno, además de generar una lluvia de merchandising y memes en internet. Eso, además de que varias estrellas de Hollywood ya se apuntaron para interpretar a los protagonistas de la historia en el caso de grabarse la película luego del final de la pandemia.
En el inicio, el foco está puesto en Joe Exotic. Joe es un personaje extravagante, sobre todo para el lugar del mundo en el que le tocó vivir. También es un emprendedor que monta su parque en el medio de la nada hasta convertirlo en un éxito. No sólo eso. Joe es carismático y muestra un perfil amable, prepara él mismo comida para los más pobres el Día de Acción de Gracias, contrata a ex convictos y personas humildes que necesitan trabajar, escribe y graba canciones en defensa de la vida silvestre y habla de sus animales como de su familia. Parece que necesita recibir y dar amor. Pero con el correr de los siete episodios, los testimonios irán delineando una faceta distinta o mostrarán la transformación de Joe a medida que su negocio de desmorona.
Como buen emprendedor, Joe hace honor al famoso sueño americano con una ambición que no conoce límites y que lo lleva a postularse a presidente de Estados Unidos en 2016. En un estado en el que, según uno de los testimonios, los homosexuales son una especie en extinción, Joe se presenta en un spot de campaña vestido con una camisa brillante, su corte de pelo típico de los 80 teñido de rubio, de pie al lado de dos tigres y declara: “No cambiaré mi forma de vestir, me niego a usar trajes, soy gay, estoy en la ruina, tengo un juicio contra una maldita perra de Florida, y todo esto lo pagará el comité de Joe Exotic que trabaja por Estados Unidos”. Cuando comprueba que perderá esa carrera, irá por la gobernación de Oklahoma con otra campaña que incluye un desfile con tigres enjaulados rodeados de nieve artificial, un paseo de Joe envuelto en luces navideñas sobre el techo de una limusina y el reparto de preservativos con su cara.
Detrás de esa fanfarria late y crece la rivalidad de Joe con Carole Baskin, una mujer de Florida de aspecto apacible, largo pelo rubio y sonrisa franca que junto a su tercer marido administra con éxito su propio santuario de tigres. Carole declara que su objetivo es cuidar la fauna que ya está en cautiverio y evitar la reproducción y el comercio de animales salvajes, transacciones a las que, según el documental, también se dedica Joe. Cuando la batalla entre ambos entra en una fase más agresiva, el documental adquiere una atmósfera enrarecida en la que no faltan las sospechas del intento de asesinato de Carole por parte de Joe y las acusaciones de Joe a Carol de matar a su segundo marido, desaparecido hace años sin dejar rastro, y de habérselo dado de comer a los tigres. En el medio se desencadenan investigaciones policiales y del FBI, además de un debate legislativo sobre el comercio y la tenencia privada de animales salvajes en un país donde existen más tigres en cautiverio que la totalidad de los que viven en su hábitat en todo el mundo.
“Tiger King”, más allá de su parafernalia, plantea el interrogante de si esta historia podría haber ocurrido en otro país que no sea Estados Unidos u otro similar en el que sea posible comprar armas y municiones bajo el amparo de la Constitución, en el que el comercio de grandes felinos no esté regulado o en el que la libertad de expresión está garantizada, aun en el caso de una presunta amenaza de muerte. Desde ese punto de vista, "Tiger King" es una historia del buen o mal ejercicio de la libertad y sus consecuencias.