Domingo 17 de Octubre de 2021
Mira (Jessica Chastain) y Jonathan (Oscar Isaac) parecen una pareja perfecta. Llevan doce años juntos y tienen una hija de cuatro, Ava. Ella ocupa un cargo gerencial en una empresa de tecnología y él es un profesor de Filosofía que proviene de una familia judía ortodoxa. Comparten una linda y espaciosa casa y están de acuerdo en temas esenciales de la vida cotidiana. Sin embargo, la aparición de un embarazo no deseado y la posterior discusión sobre un posible aborto va dejando al descubierto las primeras grietas de esta relación que, en el fondo, llevaba tiempo naufragando. Este es el punto de partida de “Secretos de un matrimonio”, la miniserie de HBO Max que reversiona y actualiza “Escenas de la vida conyugal”, el clásico de Ingmar Bergman de 1973.
“Secretos de un matrimonio” es ante todo una experiencia intensa. Sus cinco capítulos son como una montaña rusa: por momentos puede resultar agobiante, pero también es magnética. Ya desde los primeros minutos, es difícil despegarse de la pantalla (y de los personajes). Además es impresionante cómo, a casi 50 años de la versión original, este drama sigue manteniendo su potencia. La única diferencia (no menor) con la miniserie y posterior película de Bergman es que aquí los personajes fueron intercambiados, acorde a los tiempos que corren: ahora la mujer (empoderada) es la principal proveedora económica de la casa, mientras el marido pasa más tiempo en el hogar y se ocupa de la hija de ambos.
El guionista y realizador israelí Hagai Levi (creador de las series “En terapia”, que tuvo su versión argentina, y “The Affair”, entre otras) mete su cámara en la intimidad de esta pareja que se acerca al colapso. El tono es realista y crudo, y el espectador se convierte en una especie de voyeur privilegiado que observa a estos dos “iletrados emocionales” (al decir de Bergman) a lo largo de una década con sus encuentros y desencuentros, sus explosivas peleas, sus marcadas contradicciones, sus mentiras y sus miserias, y sus momentos de deseo y ternura. La miniserie mete el cuchillo en temas muy sensibles y desnuda la crisis de un sistema de valores que ubica a la monogamia, la maternidad, la paternidad y el éxito profesional siempre en el centro. Por eso interpela con fuerza al público adulto, incomoda y hasta perturba.
Cada capítulo comienza con los protagonistas fuera de cámara, entrando al estudio o repasando el libreto, mientras los integrantes del equipo técnico están ahí con sus barbijos de rigor, ya que el rodaje se realizó en plena pandemia. Estos pequeños extractos de un making of parecen reforzar el trabajo titánico de Jessica Chastain y Oscar Isaac, que en el ajetreo de una filmación —entre cámaras, luces y técnicos— logran transmitir una intimidad conmovedora.