El film, ópera prima de Augusto Sinay, combina un sapo maldito, la Guerra del Paraguay y el paisaje de Traslasierra. Se podrá ver en El Cairo
Jueves 22 de Agosto de 2024
La leyenda es clara: si se mata a un escuerzo, se deben quemar sus restos. En caso de no hacerlo, el animal resucitará para vengarse de su asesino. En 1866, en plena Guerra del Paraguay, un gaucho atraviesa los paisajes de Traslasierra para escapar de la maldición y también de los peligros del contexto. De eso se trata “El escuerzo”, la ópera prima del cordobés Augusto Sinay, que se podrá ver en el Cine El Cairo el jueves 22 a las 20.30, el viernes 23 a las 18, y sábado 24 a las 18 y las 22.30. Las primeras dos funciones contarán con la presencia del director, el actor Cristóbal López Baena y el productor Damián Carretero.
Inspirada en un breve cuento homónimo de Leopoldo Lugones, “El escuerzo” mezcla elementos de terror, fantasía y western criollo. Con diez años de gesta y siete de producción, el filme se destaca por su calidad técnica, pero también por la originalidad narrativa. A la hazaña de hacer una película de época filmada primordialmente en exteriores y en medio de la montaña, se suma la potencia de una historia donde la historia argentina se mezcla orgánicamente con la presencia de un monstruo serrano.
La obra de Sinay viene de ganar el premio a mejor película en festivales de género como Fantaspoa (en Porto Alegre, Brasil). Sobre todo, consiguió una gran respuesta del público en las salas del país donde fue estrenada. En la ciudad de Buenos Aires, las entradas a las proyecciones se agotan con anticipación. De esta forma, queda de manifiesto una vez más el fortalecimiento del vínculo entre la audiencia argentina y el cine nacional de terror; un fenómeno del cual había dado pistas claras el suceso de “Cuando acecha la maldad”, de Demián Rugna.
El elenco, formado por actores y actrices cordobeses y el español Javier Pereira (ganador del premio Goya en 2014 por “Stockholm”), está encabezado por Cristóbal López Baena, que encarna al protagónico Venancio. En su periplo por las sierras, el gaucho se encuentra con cuatreros, desertores, chamanas y curas, mientras el escuerzo lo acecha como una amenaza omnipresente, como los ecos de la Guerra. En este territorio hostil, la frontera entre realidad e imaginación se desdibuja progresivamente.
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“El escuerzo es este sapo que persigue al personaje, una maldición que no existe, pero también es la guerra”, contó Sinay en diálogo con La Capital. En esa posibilidad de la metáfora que “siempre termina de completar el espectador” está, para el director, “lo más lindo del cine de terror”.
“Soy muy fanático del cine de género, y me gusta cuando no se queda en la superficialidad del artificio, sino que tiene una o más capas de lectura. Durante todo el proceso de escritura del guion, yo fui jugando con eso. Para mí escribir también tiene algo de lúdico, y acá fue mucho de ver cuándo me metía más con las referencias históricas, y cuándo en las propias perspectivas o miedos. Las capas de profundidad se van tejiendo entre fantasía, historia, monstruo, realidad”, detalló Augusto.
Una película con historia
Sinay tenía apenas 22 años cuando leyó el cuento de Lugones comenzó a delinear la historia. “Empecé a escribir la película en 2014, apenas egresé de la ENERC, mientras trabajaba como técnico de cine en Buenos Aires”, Mientras le daba forma al primer boceto del guión, mientras formaba parte del equipo técnico de “Kryptonita” de Nicanor Loretti.
Después, llegó un “largo proceso” de presentarse a concursos y talleres de desarrollo. Primero, ganaron el concurso Raymundo Gleyzer, una instancia específica que tenía el INCAA (antes de su desfinanciamiento) para egresados de escuelas de cine. Después, Augusto participó de instancias en México, España y Francia (fue becado en la École Supérieure d'Audiovisuel de Toulouse).
“Fueron en total siete años de ir avanzando lentamente con el guion. En paralelo a la escritura de la narrativa dura de qué va pasando al personaje, iba leyendo libros de historia que me ayudaban a ir completando y engrosando las escenas, buscando detalles del habla de los personajes, de las formas que tenían los militares para secuestrar gauchos”, narró el realizador.
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En ese tiempo, Sinay realizó un exhaustivo trabajo de investigación, motivado por la pasión que tiene por la historia argentina. Revisó más de veinte libros, notas de diarios, discursos de Bartolomé Mitre en favor de la guerra, textos en repudio de Juan Bautista Alberdi, cartas de Calfucurá, notas de Lucio V. Mansilla y juicios de la época.
“Siento que la Guerra del Paraguay fue como un hito que marcó al país hasta la actualidad. Ahí pasaron un montón de cosas que leyendo cartas y discursos de esa época, se pueden ver reflejadas al día de hoy”, apuntó el realizador. El contexto le apareció claro a partir de un pequeño detalle del cuento de Lugones (que no se sitúa históricamente): la mención a una madre viuda de un soldado.
El territorio es otro elemento fundamental de “El escuerzo”, tanto narrativa como técnicamente. Filmar en un 85% en exteriores y en las cierres implicó un arduo trabajo de planificación junto al productor Damián Carretero, que tuvo en cuenta hasta el más mínimo detalle: desde rodar en los días con menos estadísticas de lluvia del año hasta cronometrar los tiempos que llevaba trasladarse en 4x4 a las locaciones más remotas. Además, Sinay había elaborado un storyboard (una representación gráfica plano a plano) de la película completa.
“Fue muy muy difícil filmar en un lugar lleno de espinillos, ríos y montañas, pero con la planificación salió todo súper bien. También tuvimos un equipo súper profesional, de primer nivel de Argentina”, aseguró el director. En su travesía, Venancio recorre hasta túneles subterráneos.
Para situar el filme en las sierras cordobesas (cerca a la localidad de Las Calles), coincidieron dos factores en la perspectiva de Sinay: su cercanía personal con el paisaje, y la coincidencia histórica. “Yo conozco mucho Traslasierra, mi viejo vive ahí. Es un lugar que amo, me parece uno de los lugares naturales más lindos del mundo. Ya llevaba mucho tiempo viviendo en Buenos Aires y tenía ganas de filmar ahí, más cercano a lo que a mí me gusta, que es la naturaleza, la montaña, Córdoba”, compartió Augusto.
“Después, en toda la investigación que hice, descubrí que durante la Guerra del Paraguay, Traslasierra era un refugio de gente que escapaba de la ley. Como es muy poco accesible, los desertores, los cuatreros, algunos gauchos se iban ahí para evitar que el Ejército los encuentre. Cerraba por todas partes”, cerró.
“El escuerzo” se realizó con el apoyo del INCAA, del Polo Audiovisual Córdoba, y del Programa Ibermedia, a través del cual se convirtió en una coproducción con España. Contó con la participación de las productoras Fogón cine, El Médano producciones, Películas Lesima, y Kilo vivo.