Jueves 10 de Marzo de 2022
El Mató a un policía motorizado se formó en La Plata a comienzos en los albores del año 2000, encabezando la renovación de bandas vinculadas al rock nacidas en el nuevo milenio. Surfeando la ola de una de las peores crisis económicas de Argentina, el sello independiente Laptra los resguardó y potenció junto a otras bandas de su camada. De a poco fue captando la atención de público en todo el país, y llegaron a tocar a Rosario en el año 2006. Desde ese día no pararon de venir, cada vez atrayendo más público. En el 2017 publican “La Síntesis O’konor”, el disco que los proyectó fuera de su escena y los estableció definitivamente como una de las bandas actuales más escuchadas y con más convocatoria.
Atravesando el frenesí de la masividad, editaron “La Otra Dimensión” (2019). Luego, pandemia. Allí participaron en unos pocos streaming, hasta que el reestreno de la mítica serie “Okupas” los devolvió a las bateas y plataforma con “Unas Vacaciones Raras” (2021), banda sonora de la serie. Pero seguían sin tocar, y había cierta incertidumbre por el futuro de la banda en vivo.
Finalmente, volvieron a los escenarios con público en diciembre del 2021 en GEBA, para cinco mil personas. En Rosario, no tocan desde octubre del 2019, y el regreso será en el Hipódromo del Parque Independencia, uno de los espacios más grandes de la ciudad.
“Muy feliz de volver a Rosario, no puedo creer que haya pasado tanto tiempo, ojalá sea una noche de verano inolvidable”, le dice Santiago Motorizado -compositor, bajo y voz- a La Capital, en referencia al show que ofrecerán mañana, a las 21, por primera vez en el Hipódromo. Y aclara: “No estuvimos separados. La actividad que tuvimos fue regrabar estas canciones para las que nos convocó Bruno Stagnaro para el relanzamiento de “Okupas”, a las cuales le agregamos una nueva, que es “La otra ciudad”, exclusiva hecha para este reestreno, además de los streaming para Cosquín Rock, una participación en el Quilmes y un show para México”.
—Los discos que le siguieron a “La Síntesis O’konor” tienen canciones nuevas, pero muchas reversiones. ¿es complicado armar un nuevo material que suceda al que tuvo más éxito?
—Difícil no es, lo que es difícil es pretender que lo que sucedió con ese disco vuelva a suceder. Esas cosas no se calculan, y nunca se sabe lo que puede pasar. Obviamente que después de un disco así la expectativa se eleva para lo próximo. Y después lo que sucede con las canciones ya dando vueltas por la atmósfera de la realidad, eso no lo sé. Volver a tener la repercusión que tuvimos con ese disco son cosas que están por fuera de lo artístico, nos encantaría, pero es una dinámica que no tiene sentido pensarlo, no se puede calcular. Haremos las canciones con pasión y sinceridad, y todo lo que venga después, bienvenido, para bien o para mal o para lo que sea. Lo que me copa es que hacemos lo que nos pinta en el momento, por más que tenemos el deseo generar la máxima repercusión, siempre nos dejamos llevar por lo que nos tira el momento, en este caso “Okupas”, pero también el momento musical, las ganas de hacer y recorrer algo, y eso es lo más importante de todo esto. “La Síntesis O’konor” también habilita que haya un trabajo antropológico en el público, para desde ahí revisar el pasado. Ni hablar, sí. Hay pequeños clásicos propios que son muy celebrados, como “Chica de Oro”, “Mi próximo movimiento”, “Yoni B”. El otro día tocamos en Mar del Plata después de mucho tiempo “Navidad de los Santos”, que es del segundo disco, y la gente estaba muy arriba, eso me sorprendió, porque las canciones de los primeros discos que fueron muy celebradas en su momento, van quedando con otra dinámica, por lo menos hablando de la conexión con el público en vivo. Hoy El Mató toca, y lo que sucede en vivo, nace a partir de “La Síntesis”. Para la mayoría del público que está presente es el disco que más conoce, las canciones más celebradas suelen ser de ese disco. Un poco todo gira alrededor de “La Síntesis O’konor”, y para nosotros está buenísimo, un artista siempre espera que su último disco sea el más celebrado, y no tener siempre que estar repitiendo algún “viejo éxito”.
—Es un lugar común del universo del rock, que si una banda salta del under al mainstream, para cierto sector pierde credibilidad. A ustedes no les pasó, nadie dice que son unos caretas porque tocan para miles de personas. ¿Por qué?
—Es cierto, pero igual no sé si sigue existiendo esa reacción, son como cosas de otra época, me parece. Más allá de este análisis, que no es muy profundo (sonrisas), todo lo que hicimos fue de corazón y eso se nota ...qué se yo, o por ahí no se nota y lo supongo, pero cada movimiento que hicimos, que fue desde la independencia y autogestión, eso nunca cambió. La gente acompaña no solo lo artístico sino también la forma de hacer las cosas. Y eso llega, ven que no estamos haciendo ninguna cosa rara en pos de algo más superficial, que pasa mucho. Hoy hay mucha exposición en el día a día, por las redes sociales, y la súper comunicación en la que vivimos, y se delatan muchos artistas que están en una boludez, están más cerca de algo parecido a una campaña política, y no tanto en una cruzada artística. Cada uno hace lo que quiere, es válido, pero extraño un poco una actitud en otro plan. El arte no es una obligación, pero me tiene que mover algo: el panorama, el eje al cual estoy acostumbrado. Yo busco eso en un artista, y veo mucha cosa entre la demagogia y la superficialidad, entre mostrar una falsa naturalidad en una cosa cotidiana, y me deprime un poco. Se nota cuando es burdo y vacío.
—¿Te acordás la primera vez que vinieron a Rosario con El Mató?
—Después de La Plata creo que Rosario es la ciudad donde tocamos en más lugares diferentes. La primera vez fue el viernes 29 de septiembre del 2006, en Casa Enkantada, un espacio mítico, pequeño, con historia, que ya no existe más. Fue con Los Daylight, una banda también mítica e histórica de Rosario, y para nosotros fue una noche inolvidable. Me acuerdo un montón de cosas, incluso del taxi que nos tomamos para ir a la terminal, y ver a Los Daylight que nos saludaban, se daban vuelta, y nos mostraban el culo, jajajaja. Fue hermoso, fue tierno, y horroroso a la vez. Después hicimos una gran amistad, tocamos un montón de veces, incluso una amistad que siguió con Matilda, con quienes también compartimos escenario. Después me acuerdo de Sala Lavardén, Café de la Flor, Pugliese, Sindicato de Canillitas, una fiesta de la primavera, una vez se suspendió un lugar y tocamos en El Diablito Cabaret, un lugar con gradas. Estoy buscando mientras charlamos, tengo una carpeta en la compu con todas las fechas, desde la primera a la última, con los afiches, y algunas tienen plus, como fotos. Siempre me encargué del diseño de los afiches, entonces empezó siendo una cosa de diseñador de tener todo ordenado, y se armó un archivo histórico de la banda ...acá está, la última en Rosario fue en octubre del 2019, en La Sala de las Artes.
—Ahora que tocan en espacios grandes, ¿extrañás los más chiquitos?
—Una cosa es el escenario grande, que te sentís cómodo, y otra es tener a la gente cerca, que está bueno. Pero disfruto todo, tocamos en GEBA que era para cinco mil personas, y es una multitud que se hace sentir, y la sentís cerca, muy cálido todo. En esta gira se suma un poco el nervio también, porque son dos años sin tocar, hay que volver a estar ahí, sin estar en ritmo con la banda. Después pasó Cosquín, Baradero, Mar del Plata, Tandil, cada noche es un reencuentro, la gente está encendida, tiene el plus del tiempo que pasó, y nosotros vamos entrando en ritmo. Cuando lleguemos a tocar a Rosario ya van a pasar varias fechas, y vamos a llegar perfectos. Pero todo se paró, no es que decidimos parar nosotros y ahora volvemos. Se disfruta mucho, se genera esa reacción, ese reencuentro, cuando anunciamos una fecha, se siente la intensidad de algo que se fue acumulando y explota en ese momento en vivo.
—¿Están haciendo canciones para un próximo disco?
—Hay mucho material, una parte que hay que desarrollar, darle giros, y otras están con letra y melodía principal, la forma. Estamos viendo si ahora que vamos a México, de Monterrey cruzamos a Estados Unidos, a Sonic Ranch, aprovechar y grabar por lo menos algunos temas, porque al álbum le falta trabajo. Después volvemos a Estados Unidos en agosto para una gira larga, ahí hacer una segunda grabación y terminar. Pero ya ir adelantando, porque si no, con esta gira que se fue acumulando, nos tenemos que ordenar así podemos concretarlo.
—Luego de Rosario les queda luego Lollapaloza, y después Paraguay, Colombia, México y Estados Unidos. ¿Se acostumbran a vivir en hoteles?
—A nosotros nos gusta mucho viajar, por ahí Manu –guitarra-, que es el único que es padre, fue al que más le costó el no estar con su hijo. Pero a todos nos gusta mucho el viajar, somos buenos turistas. Me acuerdo una vez un viaje a Brasil, que nos invitaron a un festival en Brasilia, el Porao do Rock, nos dieron cinco noches de hotel y nosotros chochos, porque por ahí hay otras bandas que dicen dame una noche que me quiero volver a mi casa ya, toco y me vuelvo. Nosotros felices de pasear por Brasilia, que es una ciudad rarísima por cómo está diseñada. Y nos levantábamos, te juro, todos los días a las 8 de la mañana. Ibamos a visitar museos, hacíamos todo el turismo básico. Conocimos a la gente que trabajaba en la embajada argentina, y no lo podía creer, era como el anti rock. ¿Qué hicieron hoy? Nos levantamos a las 8 de la mañana y fuimos al museo tal y tal, se cagaban de risa. Salíamos de joda, pero somos muy de pasear, nos copa viajar, y en esa época fue raro en el espacio y tiempo, y luego los viajes se fueron haciendo más intensos, tocamos mucho y quedan menos días para ese tiempo libre, pero igual tratamos de aprovechar el tiempo al máximo.