Jueves 30 de Noviembre de 2023
La docuserie “Robbie Williams”, recientemente estrenada en Netflix, es decididamente extraña. Por lo general los documentales que se enfocan en la vida de grandes estrellas cuentan con datos básicos sobre su trayectoria personal y profesional, testimonios del artista en cuestión y de sus allegados y colegas, y material de archivo en distintas dosis. Esta docuserie, en cambio, se apoya en un formato distinto. Aprovechando unas 30 mil horas de material de archivo completamente inédito, el experimentado director Joe Pearlman decidió centrarse en el mismo Robbie Williams, en la intimidad de su casa, reaccionando y comentando una selección de esas imágenes viejas. Durante cuatro capítulos, sólo aparece en cámara el cantante, y al final su esposa y sus cuatro hijos, lo cual puede resultar un tanto denso para los espectadores que no sean fans del dueño de hits como “Angels”, "Strong" y “Rock DJ”.
La ventaja, en este caso, es que el archivo es muy personal y revelador. Desde sus comienzos con Take That hasta su tranquilo presente de padre de familia, el documental hace hincapié en el reverso del éxito y la fama, hablando sin tapujos de las adicciones, la depresión, los procesos de rehabilitación, las recaídas, la agotadora persecución de la prensa amarilla y el precio de la máxima “el show debe continuar”. Williams mira hacia atrás sin nostalgia, y reflexiona desde un presente muy distante de aquel pasado. Por momentos el documental resulta desolador y hasta incómodo, aunque también hay pasajes musicales de pura gloria pop y algunas sonrisas cómplices cuando aparece la conocida ironía del cantante y su típico humor inglés.
Los que busquen detalles de su infancia o su familia no van a encontrar nada, aunque sí se habla de sus relaciones con Nicole Appleton y con Geri Halliwell (no, Amalia Granata no aparece). Y también hay un lugar especial para Ayda Field, su esposa y madre de sus hijos que es, en definitiva, la persona que lo ayudó a salir del pozo.