Viernes 31 de Mayo de 2013
Sin celular ni fibra óptica en su pueblo, Quique Pesoa decidió alejarse de la civilización y la tecnología para resguardarse en la naturaleza y percibir el mundo en su modo más auténtico. El periodista y conductor radial decidió irse de Rosario hacia San Marcos Sierra (Córdoba), donde reside hace nueve años y vive de su hostería La Merced y de locuciones en off. Pesoa tiene una particular pasión por el relato, siente cada palabra, la saborea y la lanza al infinito como un eco que nunca deja de vibrar.
El comunicador llega a Rosario con una doble misión: presentar su libro "Estás ahí", este lunes, a las 18, en el Museo de la Memoria y subir al escenario junto a Esteban Morgado con su espectáculo "Mayor y Menor", el próximo viernes, a las 21, en la sala Lavardén. Antes, Pesoa dialogó en exclusiva con Escenario y aseguró que se fue a San Marcos ante la aparición de un pensamiento único y la extinción de la pasión, destacó la importancia de la percepción y confesó que hay chances de volver a hacer radio para Rosario.
—¿Cómo vivís sin celular?
—¿Cómo hacés vos para vivir con celular? Yo vivo muy tranquilo. La gente que me quiere encontrar, me encuentra. Cuando estoy, estoy, y si no estoy, y... no estoy. Tengo un teléfono de línea en mi casa, que es el mismo que el de la hostería La Merced, en San Marcos Sierra. O sea que tengo un solo fono para toda mi vida. Y la verdad, me he demostrado que puedo prescindir del celular.
—¿Se puede ser periodista y no tener celular, Twitter ni Internet?
—Se puede ser periodista y vivir sin celular, sin Twitter, sin Facebook, sin Internet, sin mirar canales de televisión ni escuchar radios, ni leer diarios. Podés relatar vivencias, ya que esa es la tarea del periodista. Siempre he tratado de no perder la percepción de las cosas que me rodean. Si no percibo, no cuento. La percepción sigue siendo fundamental para el posterior relato. Para esto no necesito un celular. Me llama la atención que una Nación de 40 millones de habitantes tenga 50 millones de celulares. Nadie piensa en esto porque el celular se ha naturalizado, es como un chip que nos han injertado. Hay gente que contesta en el cine, en un espectáculo o una charla. Y hay que armar un clima para conversar. Suena el celular y al carajo el clima.
—¿Es posible hacer periodismo sin romper climas, cuando existe la continua tanda de las radios, la limitación de líneas de los diarios, la publicidad en la televisión?
—Estamos cada vez más limitados y acotados. Y los medios de comunicación naturalizan cada vez más esa situación y nos obligan de alguna manera. Pero somos nosotros los aquiescentes y genuflexos. Y no me vengan con: "Y la verdad que yo necesito llevar dinero a mi casa para mantener a mi familia". Eso existe y está, pero es parte del chantaje y de la autodefensa que cada uno ejerce en su trabajo. Esto me hace pensar si existe el periodismo como tal. Tenemos una especie de utopía periodística. ¿Existió alguna vez el periodismo independiente? Cada uno es dependiente hasta de su propia ideología. Entonces ¿por qué anunciar que en este diario o en esta radio tenemos periodismo objetivo? No existe tal cosa. Mejor decir "nosotros somos tal cosa, desde aquí vamos a informar". "Esta es un radio K", "esta radio es marxista", "esta radio es de derecha y por eso lo tenemos a Mariano Grondona". A mí me gustaría mucho más esto porque nos ayudaría a formar pensamiento independiente. Porque vivimos en un permanente engaño e ilusión, todos disfrazados de objetivos.
—¿Cómo ves el rol del periodismo hoy donde se vive una especie de polarización, el estar de un lado o del otro, fenómeno que traspasa a los periodistas y que involucra también a los artistas que tienen miedo de hablar?
—Ese es el triunfo de la estupidez. Ha triunfado la idea de pensar A o B, el maniqueísmo de pensar blanco o negro. Esto significa que hay una lucha entre un monopolio mediático y otro monopolio mediático creado por el Gobierno. Y nosotros, el resto de la población, somos un hato de imbéciles que vamos mirando todo como un partido de fútbol poniéndonos de un lado o del otro solamente por escuchar a Lanata o Víctor Hugo. Tengo que pedir disculpas para ponerme en el medio y crear un pensamiento independiente. La polarización de la sociedad es una imposición de los medios de comunicación que les conviene porque nos entretiene y demuestra nuestra permeabilidad. Somos un pueblo estúpido. Compramos todos los sapos de los medios porque tenemos una falencia educativa muy grande. En la escuela te enseñan geografía, historia y química pero no te enseñan a pensar con independencia para después no ser un analfabeta funcional. No nos enseñan a bucear dentro de nosotros mismos y encontrar nuestros propios talentos para no perder tanto tiempo al pedo en la vida. Pero es muy difícil con un plan de colonización cultural de dependencia económica. Hasta es contradictorio, no podés avivar giles. La escuela uniforma, achata y anula.
—¿Cuántos años hace que estás viviendo en San Marcos Sierra ya?
—Hace treinta años que visito San Marcos y hace nueve que vivo allí. Estábamos trabajando en Buenos Aires y lo último que hicimos fue en 2003 en Radio Municipal bajo la gestión del "Cabezón" Badía, gran amigo del alma. Cuando él terminó su gestión yo decidí terminar el programa también. Y en ese momento pensamos con mi mujer, Leda, si decidíamos nosotros, antes que el destino decida por uno. Y no esperar a que te lleven en una silla de ruedas con una hemiplejia a disfrutar de un lugar como San Marcos. Encima estábamos observando un embudamiento de los medios y la aparición de un pensamiento único; ya nadie cuestionaba nada y no había más pasión. Entonces vendimos el departamento y construimos la hostería.
—¿Qué cosas encontraste allá?
—Nada nuevo. Sigo durmiendo la siesta como cuando viví los veinte años en Buenos Aires y sigo teniendo mi tallercito. Me gustan mucho las viejas lámparas, comprar una a 80 mangos y dejarla impecable. Lo que encontré en San Marcos es la falta de urgencias. Yo determino mis tiempos. Sigo haciendo algunas locuciones en off en el estudio que tengo y cuando llaman las agencias, quieren los trabajos para ayer, y yo me río. Allá no es cierto que tenés que hacer hoy lo que podrías hacer mañana. Ahí está parte de la felicidad que siento.
—¿Extrañás algo de Rosario?
—No. Tengo un grupo de amigos acá y los desgraciados van a visitarme a la hostería y me toman todo el vino que hago que se llama "Flor de peludo". No querían ir para no ocupar habitaciones y terminé diciéndoles: "Oigan, esta hostería es una prolongación de mi casa, no un negocio".
—¿Tenés deudas pendientes?
—Tengo un viejo sueño que estuve a punto de concretar: ser parte de Les Luthiers. Era el año noventa y pico y ellos estaban buscando una persona que les sirva de comodín para cuando alguno de ellos se enfermara. Yo era amigo de Marcos Mundstock y Daniel Rabinovich. Y estoy seguro que se fijaron en mí. Yo tenía mucho entusiasmo. Mi propio físico (yo pesaba 117 kilos y medía dos metros) me dejó afuera de la contienda porque ellos eran todos muy parecidos.
—¿Tenés ganas de hacer radio en Rosario o en San Marcos Sierra y transmitirlo aquí?
—Sí. Tengo una pequeña dificultad técnica que hay que resolver. Vivo en un pueblo que no tiene fibra óptica, por lo tanto la Internet que recibimos a veces funciona bien y otras mal. El programa que hice durante mucho tiempo, "El desconcierto del domingo", lo subía a streaming y bajaba a 160 emisoras. La señal a veces se cortaba, pero como era un divertimento y gratuita, nadie se amargaba demasiado. Pero cuando vos hacés algo más profesionalmente, estás recibiendo un dinero por ello y tenés una tanda comercial, tenés que responder con otra tecnología. No sé en qué radio voy a estar, Mariatti me hizo un ofrecimiento en su nueva emisora y tengo algunas conversaciones con LT8 también. No tengo nada fijo, sé qué es lo que voy a hacer, pero no sé cómo va a llegar a Rosario.
—¿Cómo va a ser el espectáculo?
—Morgado es un guitarrista maravilloso y yo cuento historias. Armamos un ensayo en vivo, como si lo que estuviese ocurriendo allí arriba, sucedería tres horas antes de que la gente llegue al teatro. Hablo de los acordes mayores y los menores. Y cómo la música occidental está basada en este juego de melancolías y tristezas, en esta especie de sinusoide que tiene la alegría, la brillantez y el pozo melancólico. La biología es así, sinusoidal, nunca es lineal. Y la música también, busca ciertos remansos oscuros y en un momento salta para arriba como un pez plateado.