Opinión: Esa rubia debilidad
Martes 26 de Agosto de 2008
Quién puede no rendirse al encanto de las rubias. Claude Chabrol no. Como Alfred Hitchcock, que entregó su vida y su mejor obra al hechizo de quien fuera su musa y su más grande pérdida, Grace Kelly. Durante años, más de los que la nobleza de un hombre suele resistir, el francés le fue fiel a Isabelle Huppert. Fue su fetiche, su inspiración, su fantasía. Señora de día, puta de noche. Como se desea a una mujer. Hasta que apareció Ludivine Sagnier, pálida, sensual, increíblemente fresca. La vio en "La piscina", en "8 mujeres", y la soñó su mujer partida en dos. Una femme fatal, digna de su cine delicado y cruel. Ella se entregó mansamente. Qué más podía hacer.