Sábado 11 de Abril de 2020
¿Un Papa paseándose en cueros en una playa de arenas blancas, rodeado por chicas en bikini? ¿Un grupo de monjas de clausura bailando con poca ropa alrededor de una gran cruz de neón? Estas imágenes solamente son posibles en el particular universo que Paolo Sorrentino construyó en "The Young Pope", y que ahora continúa intacto (y más oscuro y osado) en "The New Pope", la esperada segunda temporada.
Si las obsesiones del cine de Sorrentino (las imágenes oníricas que remiten a Fellini, la infancia, la hipocresía, las contradicciones) desfilaban a sus anchas en "The Young Pope", acá se profundizan, se ramifican y se vuelven más sombrías y ambiguas.
El "nuevo Papa" interpretado por John Malkovich está lejos de fascinar como su antecesor (el personaje de Jude Law, que de alguna manera sigue presente), pero esta vez su centralidad no es absoluta. La criatura de Malkovich comparte cartel con el mismo Law, con varias subtramas y con el genial Angelo Voiello, el implacable Secretario de Estado del Vaticano que interpreta Silvio Orlando.
En esta segunda temporada Sorrentino se mete con temas pesados como los ataques terroristas islámicos, el fanatismo religioso, el encubrimiento a curas pedófilos y la complicidad entre el poder político corrupto y las altas jerarquías de la Iglesia. Pero todo está tamizado por la hondura de sus personajes, su humor ácido, la belleza pausada de sus escenas y una mirada que también le puede hacer espacio a la reflexión y la ternura. Entre tantas series pensadas para un consumo rápido, el Papa de Sorrentino está de regreso para marcar la diferencia.