Murió Tony Curtis, un galán que sedujo al mundo con su picardía
Cuando un papel secundario ni se menciona en la sinopsis, pero el actor recibe después miles de cartas de fans dirigidas al “atractivo desconocido”, tiene que ser un tipo con mucho talento, o mucho sex appeal. En el caso de Tony Curtis se daban ambas características.

Viernes 01 de Octubre de 2010

Cuando un papel secundario ni se menciona en la sinopsis, pero el actor recibe después miles de cartas de fans dirigidas al “atractivo desconocido”, tiene que ser un tipo con mucho talento, o mucho sex appeal. En el caso de Tony Curtis se daban ambas características.

Durante décadas, Curtis fue uno de los actores -y hombres- más disputados de Hollywood, y se convirtió en toda una leyenda. Cuatro meses después de haber cumplido 85 años, murió en la tarde del miércoles en Henderson, en el estado norteamericano de Nevada.

“De donde vengo, el aspecto fue mi pasaporte para huir del cubo de basura”, dijo una vez Curtis. Ese cubo de basura era el Bronx, uno de los barrios neoyorkinos con peor fama. Su padre, el judío Mono Schwartz, era un conocido actor en Hungría, pero al emigrar a Estados fracasó debido al idioma. Y sacó adelante a su familia trabajando como sastre.

Su hijo Bernard Schwarzt se crió en un entorno humilde. A los 11 años ya era miembro de una banda callejera, según cuenta en su libro “I Like It Hot”. Desde pequeño temía los castigos de su madre, a la que tiempo después se le diagnosticó esquizofrenia. Su hermano pequeño, Julie, fue atropellado por un camión cuando Bernard supuestamente debía estar cuidando de él. Bobby, su otro hermano, era discapacitado.

Las experiencias de juventud hicieron de Schwartz, que pasaría a llamarse Tony Curtis, un “actor natural”. En “City Across the River” (1949), aquel chico del Bronx se interpretaba a sí mismo, y esa interpretación le valió cada vez más y mayores papeles en todo tipo de películas de aventura y de época. En “De Defiant Ones”, con Sidney Poitier, convenció una década después como actor dramático, y junto a Burt Lancaster y Gina Lollobrigida brilló en “Trapecio”.

Hace medio siglo, pasó a la historia de los grandes del cine con la comedia de Billy Wilder “Una Eva y dos Adanes”. En el filme, una explosiva Marilyn Monroe deja ver mucha piel sobre su asombrada cara. Décadas después, Curtis confesó que tuvieron un affaire. Y, en sus memorias, “American Prince”, contó que fue el padre del niño que Monroe perdió.

Tras “Some Like It Hot” siguieron numerosas comedias. En “La carrera del siglo” interpretó al héroe de negro Leslie Gallant, a cuyos pies se rendían las mujeres. Y entre medias, sorprendió con el thriller “El estrangulador de Boston” (1968), donde aparece frío y amenazador y sólo deja intuir sus famosos encantos.

A lo largo de su carrera actuó en más de 100 películas pasó los últimos años —con unos kilos de más y en silla de ruedas— ante un caballete. La pintura se convirtió en su segunda profesión, sus obras se venden por miles de dólares.

Lo que sí se mantuvo fue su pasión por las mujeres. Tenía 73 años cuando contrajo matrimonio por quinta vez con Jill, de entonces 31, en noviembre de 1998. “No nos molesta la diferencia de edad, mi cuerpo aún funciona bien”, bromeó.

Entre sus anteriores esposas figura Janet Leigh, la mujer de la ducha en “Psicosis”. De la relación nacieron dos hijas, que también tomaron el camino del celuloide. Pero mientras que Kelly Curtis no ha pasado de papeles secundarios, Jamie Lee Curtis (“Halloween”, “Mentiras verdaderas”, “Los enredos de Wanda”) es toda una estrella de Hollywood.