Murió el cantante Daniel Melingo, exintegrante de Los Abuelos de la Nada

El músico tenía 68 años y fue uno de los fundadores de Los Twist. Fue encontrado sin vida en su departamento en el barrio porteño de Chacarita

15:01 hs - Martes 30 de Junio de 2026

Daniel Melingo falleció este martes a los 68 años. El exintegrante de Los Abuelos de la Nada y cofundador de Los Twist fue encontrado sin vida en su departamento en el barrio porteño de Chacarita.

Por el momento, no se conocen las causas de muerte pero se informó que fue encontrado en el interior de su casa por uno de sus hijos. El músico atravesaba una enfermedad respiratoria que lo había llevado a recibir cuidados paliativos en su domicilio.

Melingo estaba listo para lanzar el disco Tangos bajos (Rework), el cual iba a presentar el próximo 21 de septiembre en el Teatro Coliseo acompañado por una orquesta, por lo cual se encontraba ofreciendo entrevistas y en plena preparación del concierto.

Quién era Daniel Melingo

Alejandro Daniel Melingo nació el 22 de octubre de 1957 en Buenos Aires. Formó parte de la emblemática banda Los Abuelos de la Nada, donde tocó saxo, clarinete y guitarra junto a Miguel Abuelo, Andrés Calamaro, Cachorro López, Gustavo Bazterrica y Polo Corbella.

Dejó la banda a fines de 1983 para dedicarse a Los Twist, que había fundado en 1982 con Pipo Cipolatti y que completaron Fabiana Cantilo e Hilda Lizarazu. En la simbólica fecha del 17 de octubre de 1983 el grupo hizo su debut discográfico con “La dicha en movimiento”.

A partir de canciones redondas y pegadizas que sin ambages se movían entre el rockabilly, el ska, la new wave, el twist y el boogie woogie, y desenfadadas letras que no esquivaban temáticas álgidas pero encaradas desde lo paródico, el álbum se desmarcaba de las características que habían definido al movimiento vernáculo desde su concepción y, a la vez, daba cuenta de las nuevas formas que se venían cocinando en el circuito under porteño.

En 1984, Charly García lo invitó a participar en la presentación de Yendo de la cama al living y luego lo incorporó a su banda junto a Fito Páez, Fabiana Cantilo, Pablo Guyot, Willy Iturri y Alfredo Toth. De ese período data el álbum Piano Bar, uno de los discos más icónicos del rock argentino.

Con el cambio de siglo encontró el territorio que terminaría definiendo su identidad artística más profunda: el tango. Pero no el tango solemne ni de museo. Melingo se metió en sus rincones más oscuros, en sus márgenes, en sus voces olvidadas. Hizo del arrabal una poética propia. Su voz áspera, teatral y cargada de dramatismo se volvió una marca registrada.

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En sus visitas a Rosario, Melingo dejó definiciones que ayudan a entender su universo. En una entrevista con La Capital en 2017, explicó cómo veía la transformación del género: “Desde 2000 se reavivó la llama del tango y eso pasó de la mano del tango electrónico. Es una música que se abrió a nuevos públicos”. También sostenía una idea que repetía con convicción: “Somos mucho más tangueros de lo que pensamos”.

Esa mirada sobre el tango convivía con su fascinación por los personajes desplazados. El linyera, el errante, el marginal, el bohemio fueron figuras centrales en su obra. En esa construcción artística, Melingo encontró una voz propia y profundamente original: la de un cantor que hablaba desde la periferia para contar algo universal.

Su discografía solista dejó discos fundamentales como Tangos bajos, Santa Milonga, Maldito tango, Corazón y hueso, Linyera y Anda, trabajos que consolidaron una estética que mezcló tradición, vanguardia y experimentación. Allí convivieron el bandoneón y la distorsión, el tango clásico y la electrónica, la poesía urbana y el gesto rockero.