El director, primer argentino en ganar un premio de la Academia para el país, falleció el martes a los 80 años: su carrera antes y después de “La historia oficial”
16:29 hs - Martes 21 de Abril de 2026
Luis Puenzo dejó una huella indeleble en la historia del cine argentino con “La historia oficial”, primera película nacional en ganar el premio Oscar en 1986. Después, tuvo un paso por Hollywood de la mano de Jane Fonda y una filmografía modesta. Fue uno de los impulsores de la Ley de Cine en los noventa y sobre el final de su vida tuvo un malogrado paso por la dirección del Incaa.
Por si hace falta recordarlo, el filme narra la historia de una profesora de historia (interpretada por Norma Aleandro), que comienza a sospechar del origen de la hija adoptiva que trajo al hogar su marido, un empresario inescrupuloso (Héctor Alterio), durante la dictadura cívico-militar.
La película comenzó a filmarse en 1983, todavía durante el terrorismo de estado, y se estrenó en 1985. Puenzo la coescribió junto a la gran Aída Bortnik, y su trabajo conjunto consiguió la que todavía es la única nominación de un filme argentino en la categoría Mejor Guión Original en los Oscar.
Menos recordados son los galardones que obtuvo en Cannes (Mejor Actriz para Norma Aleandro y el del Jurado Ecuménico) y Toronto (premio del público) en 1985, y los Globo de Oro en 1986 (Mejor película extranjera). De hecho, ninguna otra película nacional consiguió desde entonces quedarse con el Globo de Oro y el premio de la Academia (“Argentina, 1985” ganó el primero pero no el segundo).
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De esta manera, “La historia oficial” puso los crímenes de la última dictadura cívico-militar argentina en una de las plataformas de mayor visibilidad mundial. La obra tiene también mérito artístico, sustentados sobre todo en el guion y las actuaciones de todo el elenco, completado por Hugo Arana, Guillermo Battaglia, Chela Ruiz, Patricio Contreras y Chunchuna Villafañe.
Además, es interesante que, incluso siendo uno de los primeros filmes en representar este período, se enfocó en la complicidad civil y empresaria, y no tanto en la crudeza de los en sí actos de represión y genocidio, como hizo Héctor Olivera en “La noche de los lápices” poco después (se estrenó en 1986) y tantas otras después. La producción da cuenta de cómo “el afuera” de los centros clandestinos de detención fue tan importante para el plan sistemático de exterminio como lo fue el adentro. También da cuenta de manera muy pronta de la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo por la restitución de los niños apropiados.
“Hay que subrayar que en aquel tiempo una parte de la sociedad cuestionaba la legitimidad de la restitución de los nietos y nietas y el valor mismo del derecho a la identidad. La historia oficial ayudó a que mucha gente comprendiera lo aberrante del delito de apropiación. Cuando se estrenó, además, estaba empezando el Juicio a las Juntas, por lo que la mirada estaba puesta en los militares, no en los civiles, como hizo Puenzo en la película, quien además la pensó como cine político en un formato intimista, otro gran acierto”, dijeron en un comunicado de despedida desde Abuelas de Plaza de Mayo.
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“Mientras escribía la película, junto con la inolvidable Aída Bortnik, mantuvo varios encuentros con las Abuelas, en particular con Estela de Carlotto y Rosa Roisinblit, quienes le entregaron las fotos de sus nietos y nietas para que se vieran en pantalla”, agregaron el texto que titularon “Luis Puenzo, un amigo de Abuelas”.
“Gringo viejo”: su paso por Hollywood tras los Oscar
Sin dudas, y con razón, el reconocimiento internacional del Oscar domina la biografía de Puenzo y la película premiada su filmografía. Pero hay otras facetas destacables de repasar en su recorrido personal y profesional. Durante su llegada a Hollywood de la mano de los premios de la Academia, el director conoció a Jane Fonda, quien lo puso al frente de un ambicioso proyecto titulado “Gringo viejo” (“Old gringo”, 1989), de Columbia Pictures.
Protagonizada por la propia Fonda, junto a un ya mayor Gregory Peck y un joven Jimmy Smits, imagina los últimos días del periodista estadounidense Ambrose Bierce, que desapareció en México mientras intentaba dar con el famoso revolucionario Pancho Villa. Basada en la novela homónima del mexicano Carlos Fuentes, Puenzo escribió el guion también junto a Bortnik. La película contó con un presupuesto de unos 25 millones de dólares, un volumen de producción mucho mayor al que el argentino estaba acostumbrado (“La historia oficial” se hizo con menos de medio millón).
A pesar de las grandes apuestas, “Gringo viejo” es un melodrama de gran escala, mezclado con escenas de aventura y acción. Fue un fracaso en la taquilla y tampoco tuvo buena recepción crítica en Estados Unidos y México. “Si jugué con los jueguetes de Hollywood, lo hice con cautela. No tengo dudas de que soy un outsider para Hollywood. Puedo ser buen director en la media en la que no me desentienda de mis raíces”, dijo Puenzo a Los Angeles Times en ocasión del estreno de la película.
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Definitivamente, un paso extraño para dar inmediatamente después de hacer un filme sobre la dictadura argentina. En 1992, llegó “La peste”, otra apuesta grandilocuente basada en la novela de Albert Camus. Una coproducción argentina-franco-británica rodada en Buenos Aires en la que actúan William Hurt, Raúl Juliá y Robert Duvall, y que también recibió críticas pobres. En 2003, se estrenó el drama “La puta y la ballena”, protagonizada por Leonardo Sbaraglia, la actriz española Aitana Sánchez Gijón y Miguel Ángel Solá.
Luis Puenzo y la política del cine argentino
Si Puenzo se corrió de la narrativa nacional y latinoamericana en su obra, insistió en ese universo en su vida política. En 1994 participó activamente junto a Pino Solanas y Adolfo Aristarain en la redacción de la Ley de Cine (Ley N.º 24.377/94), que establece la autarquía del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) y define su forma de financiamiento, dando un impulso histórico a la producción cinematográfica nacional. Esa misma Ley es la que está en juego en este momento con la implementación de la Reforma Laboral ejecutada por el gobierno de Javier Milei.
“En un momento hiperliberal conseguimos una ley proteccionista que podía ser cubana o sueca. Y la sacamos, lo que aumentó los fondos de 3 millones de dólares a 55. Hoy pasan los 100 millones de pesos. Eso, sumado a una generación que se formó en cine, transformaron a la Argentina en el país que más óperas primas produce”, dijo el director a La Capital en una entrevista de 2010, donde también compartió su deseo irrealizado de filmar algo sobre el universo Fontanarrosa.
Curiosamente, un conflicto vinculado en parte al fomento cinematográfico fue lo que alegó a Puenzo de la dirección del Incaa, que ejerció durante el gobierno de Alberto Fernández, entre 2020 y 2022. Parte de la comunidad cinematográfica nacional pidió su renuncia porque entendían que, en plena pandemia y paralización del sector, el realizador no estaba haciendo lo suficiente para garantizar la continuidad de las asignaciones específicas establecidas por la Ley de Cine. Un proyecto de la gestión presidencial de Mauricio Macri le había puesto fecha de vencimiento a esos fondos para 2022 (después fueron renovados por cincuenta años, pero ahora están comprometidos por la gestión de Milei). Puenzo dejó el Instituto cuestionado, y fue reemplazado por su vicepresidente, Nicolás Battle. En el contexto actual, con el Incaa virtualmente paralizado, aquella disputa palidece, a pesar de que la gestión fue efectivamente pobre.
Con toda este recorrido encima, y con todos sus claroscuros, Puenzo fue sin dudas una figura destacable para entender las derivas del cine argentino y algunos de sus momentos clave.