Domingo 28 de Agosto de 2016
Calificación: ****. Intérpretes Leonardo Sbaraglia, Eva de Dominici, Osmar Núñez y Erika Blanc. Dirección: Hernán Belón. Género: Drama. Salas: Hoyts, Monumental, Showcase y Village.
Una de boxeadores, pasión y sexo delicioso. “Sangre en la boca”, es verdad, transita un camino algo trajinado: la historia de un boxeador llevado en la vida por una “incorrecta” pulsión autodestructiva. Parece que lo tiene casi todo, consiguió un razonable recorrido de éxitos deportivos, un amor filial y también erótico con una mujer que lo acompaña en la vida, y le dio dos hijos. Pero no va conseguir encontrarle un final digno a su carrera deportiva: una mujer 20 años más joven, bella, audaz, le hará tocar el cielo con las manos, abandonar a su familia, al tiempo que besar la lona de la derrota.
El enorme trabajo de Leonardo Sbaraglia conecta con el de Eva de Dominici para describir la pulsión perturbadora que los une. Y en eso la película vale la pena. El boxeador y la aprendiz de boxeadora entrelazan pasión y técnica del golpe, con los guantes puestos. No menos de tres cámaras van escudriñando, disfrutando, los detalles de esos dos cuerpos unidos. Que sucede antes, después, o durante el momento de los guantes, del entrenamiento. La pulsión erótica, desde ya, se emparenta a la pasión por el box, ceño fruncido, postura desafiante, la amenaza del golpe, y la técnica para esquivarlo. Algún espectador podrá preguntarse por qué tantas escenas de sexo. Nunca es mucho el sexo siempre que ayude a contar la historia, que preserve una dimensión estética concordante con toda la película.
Por Rodolfo Montes / La Capital
Calificación: ***. Intérpretes: Jack Huston, Toby Kebbell, Rodrigo Santoro, Morgan Freeman y Nazanin Boniadi. Dirección: Timur Bekmambetov. Género: Drama. Salas: Hoyts, Monumental, Showcase y Village.
Una novela escrita a finales del siglo XIX, ambientada en Judea bajo el Imperio Romano, y la épica historia de un noble judío condenado a la esclavitud y traicionado por su hermanastro, un huérfano adoptado por la familia hebrea devenido en capitán del Imperio, es la línea central que sostiene a “Ben Hur”. Llevada al cine en dos ocasiones, fue rescatada seis décadas más tarde bajo una forma más cercana al folletín con moraleja que a una poderosa reflexión sobre las pasiones. El film se sostiene con una impactante puesta en escena y eficaces recursos técnicos, pero el relato pierde impulso en subtramas románticas y por estereotipos que desdibujan la riqueza de unos personajes complejos.
Las buenas intenciones de acercar esta historia a nuevas generaciones se reflejan en la extraordinaria escena de las carreras de cuádrigas en la que se decidirá la suerte de los protagonistas, Judah Ben-Hur, el noble que regresa a Jerusalem en busca de justicia, y su hermanastro, Messala, el militar romano que acabó con su familia adoptiva por sus conflictos de identidad, sus ambiciones y su fidelidad al César. La remake, aunque lograda en algunos aspectos, deja con ganas de saber más sobre el sufrimiento de dos hombres que, unidos primero por el amor fraterno, deciden declararse una guerra a muerte.