Domingo 04 de Octubre de 2020
Resiste. Liliana Herrero resiste. Lo hizo desde siempre a través de su compromiso con las causas populares, lo manifestó a través de su obra artística basada en autores referentes de la música argentina y lo hace ahora, desde el encierro que obliga la pandemia y que por primera vez se anima a hacer una transmisión, porque se resiste a llamarlo streaming.
La cantante entrerriana que ya pasó los 70 años sabe que está dentro de la población de riesgo, por eso trata de evitar el contacto social y está desde marzo en su casa junto a su pareja, el sociólogo e investigador Horacio González. Dice que le resulta “insoportable” no ver a sus dos nietos y a su hija que viven en Rosario, reniega de la gente anticuarentena que sale “a torear al virus” desafiando la cuestión sanitaria, y vuelve a cantar, con voz quebrada y el alma intacta, hoy, a las 20, con entradas para adquirir en www.ticketek.com.ar.
El show que se verá hoy ya fue grabado el 11 de septiembre en la sala Oeste Usina Cultural, junto a Pedro Rossi (guitarra) y Ariel Naón (contrabajo) con la participación de Fito Páez y la brasileña María Gadú. El recital se titula “Falso brillante”, en un guiño al título de aquel memorable disco de Elis Regina y también como una metáfora de los tiempos de mundo virtual. “Es una contradicción, si es mundo no es virtual”, dirá La Negra Herrero. Y en esta charla lo explicará a su manera, para que se entienda clarito, tan clarito como cuando canta lo que se le canta.
¿Cual fue el primer impulso que tuviste al decidir hacer este primer streaming?
Bueno, yo demoré mucho en hacerlo, imaginate que estamos en cuarentena desde marzo y lo más doloroso para mí es no poder ir a Rosario a no poder ir a ver a mis dos nietos, mi hija, mi yerno, mi familia, eso es insoportable para mí. Todo el colectivo de músicos, el arte y la cultura en general han quedado en una situación de absoluta precariedad laboral. A mí, como a un montón de personas, se me cayó la planificación laboral y sabemos que vamos a retornar muy tardíamente. Eso es bravísimo, hay músicos que reciben bolsones de comida, no pueden pagar más el alquiler, ni los impuestos, pero insisto que lo primordial es no contagiarse.
¿Tu necesidad de expresarte fue el mayor motivador?
Yo dudé mucho en hacer esta...transmisión, vamos a decir transmisión, porque ahora pareciera que tendríamos que acostumbrarnos a decir otras palabras, hay palabras que no las sé ni quiero saberlas. Y demoré mucho porque he tenido mis dudas de reforzar la idea de virtualidad, que es algo que tenemos que repensarlo, no me alcanza la palabra utilidad para explicar la virtualidad. Es cierto que con ella y todas sus formas hoy nos comunicamos, pero ojalá, y es lo que yo deseo, que cuando todo esto vaya pasando nos vayamos alejando de este modo de comunicarnos y relacionarnos.
Nada sencillo adaptarse a este mundo virtual.
Es que se dice mundo virtual, pero son dos conceptos contradictorios: o hay mundo o hay virtualidad, son dos cosas distintas,¿no? Hay mundo cuando hay abrazos, cuando hay calle, cuando hay cuerpos, acá no hay cuerpos, hay unos cuadraditos que no se pueden perforar. Yo me negué a hacer el famoso streaming, pero la necesidad de reencontrarme con la música fue muy alta. Ahí decidí hacer un concierto, un pequeño concierto de pocas personas, cumpliendo con todos los requisitos, pero no porque me lo pida Larreta (N de la R: en referencia al Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta). En realidad, Larreta no pide tanto, sino por mí misma. Yo necesitaba que al irme por primera vez desde mi casa a hacer un concierto en una sala de teatro independiente tuviera el máximo cuidado, pero por mí y por los otros. Lo hicimos en una de las tantas salas independientes de Buenos Aires, que en general están abandonadas a su suerte y muchas han cerrado, pero unas amigas me prestaron esa sala llamada Oeste Usina Cultural, y lo invité a Fito que me canta un tema a mí y a María Gadú, gran artista brasilera que tiene un disco muy hermoso con Caetano Veloso. Lo que yo no quería era que hiciéramos el cuadradito de la pantalla. Si es un concierto virtual, ok, pero no lo trasformemos en algo tipo Zoom. Esto lo hice absolutamente a propósito, porque el cuadradito señala más profundamente la distancia.
El mentado tema de la distancia de sensibilidad que genera la virtualidad.
Claro, es que la virtualidad provoca una ruptura no sólo temporal sino espacial. El recital lo grabé el 11 de septiembre y yo misma lo voy a ver junto con todos los que se sumen el domingo 4 de octubre, o sea mirá que trastocamiento del tiempo que hay ahí, es notable. Y después, bueno, la idea de “Falso brillante”, más allá de que es un guiño a un disco precioso de una de las cantantes fundamentales del siglo veinte como Elis Regina, yo quería señalar también que esto que estamos haciendo no es mundo, es una grabación que después la vamos a meter en otro tiempo y cada uno de los espectadores la va a usar en otro tiempo y espacio. Y tiene su brillo y su doblez. El doblez es que el público estará totalmente disperso y el brillo es la música que pudimos hacer en ese momento. Lo que se plantea es, por un lado encontrarnos con la música, y por otro lado desear, que lo deseo muy fuertemente, es que todo lo disperso vuelva a juntarse. Deseo con todo mi corazón que eso en algún momento pase.
¿El aislamiento te condicionó tu faceta musical y creativa?
En la parte musical sí, porque yo soy una convencida de que la música son encuentros, ensayos, es un laboratorio que produce, que se crea en una comunidad, y a mí me afectó mucho. Yo voy día a día con la cuarentena y con todas las precauciones. A mí me preocupa mucho cómo están pensando ciertos sectores de la sociedad, que no ven la gravedad de la situación y salen a torear al virus, me parece toda una locura. No puedo imaginar qué es lo que puede significar la pospandemia, tampoco acepto la “nueva normalidad”. Primero porque la palabra es muy fea y segundo porque la normalidad anterior a mí me desagradaba profundamente y la nueva normalidad es la virtualidad. Entonces me parece que tendremos que inventar y poner todas nuestras fuerzas creativas para hacer un mundo diferente, más piadoso, más creativo, aceptar ideas y debatir.
¿Qué repertorio privilegiaste en este “Falso brillante”?
Es un concierto de una hora y diez, no mucho más, donde lo que hice fue armar una lista de temas con autores que considero fundamentales, como Teresa Parodi, Ramón Ayala, Juan Falú, como Fito Páez y Fernando Cabrera.
¿Pensaste en trabajar con otros autores para cuando vuelvan los shows en vivo o bien cuando llegue el momento de grabar un nuevo disco?
Sí, siempre estoy alerta con los nuevos autores. Ocurre que este año pensaba girar bastante y en el medio de la gira, como hago siempre, iba a diseñar un nuevo disco, posterior a “Canción sobre canción”, que fue el último que grabé en 2019 con las canciones de Fito. Pero yo hago todo en grupo y al no estar ese colectivo prefiero escuchar mucha música, pero por el placer de escuchar. Este año de construcción de nuevo disco lo abandoné, lo que hice, que nunca dejaré de hacer, es buscar muchísima música y buscar, buscar, buscar...
De cantar por cantar nomás, como en “Yo vengo a ofrecer mi corazón”.
De cantar por cantar nomás, de escuchar por escuchar nomás, es que no sentí que este era un tiempo para pensar con tranquilidad y en paz el armar un nuevo disco.También es cierto que muchos han pensado esta pandemia como una especie de remanso para grabar y hacer más streaming, qué se yo. A mí me resultó demasiado convulsionante este momento para pensar con tranquilidad. Yo necesito pensar con mayor tranquilidad los discos que voy a hacer y este tiempo no es un tiempo de paz, fue y es un tiempo de angustia, porque es un tiempo de extraordinaria incertidumbre y extraordinaria tristeza.