Jueves 03 de Agosto de 2023
Una mujer canta boleros e indaga sobre sus relaciones y su rol en la sociedad actual en una trama de amor y desencuentros, a través del humor y la ironía. Esa mujer es Dana Canning, el personaje que interpreta Ligia Piro en “Mucho corazón”, la puesta teatral y musical escrita y dirigida por Paula Ransenberg. La versátil vocalista se presenta junto a A Saidera, una big band de quince músicos, este viernes, a las 21, en sala Lavardén (Sarmiento y Mendoza), con arreglos y dirección musical de Facundo Rodríguez Borgia.
Ligia es hija de Osvaldo Piro y Susana Rinaldi, pero siempre tuvo la premisa de partir desde su propio gusto personal por la música. Con una sólida base académica, y tras pasar por el Conservatorio de Música y por la escuela de Agustín Alezzo, siempre pisó los escenarios desde un lugar de mucha convicción artística. “Mi misión es que el espectador se conmueva”, dijo en diálogo con La Capital la exquisita cantante porteña, quien, entre otros temas, habló sobre su relación con el bolero y el teatro.
¿Qué fue lo que te atrapó del texto y la dramaturgia de este espectáculo?
Me atrapó la posibilidad de hacer un género musical que, salvo esporádicamente, nunca abarqué. El género de los boleros es algo hermoso que no tiene época ni lugar, y la pieza que escribió Paula es divina, llena de humor y con toda una música hermosa. Y además está bueno el clima de trabajo con gente tan agradable y tan amorosa como A Saidera, que fueron quienes me convocaron.
Algunas de las músicas que abordaste te vienen de herencia de padres y de tíos. ¿En este caso vinieron de tus abuelas?
Claro, de aquellas épocas en que se bailaba con las grandes orquestas. Mi abuela cantaba unos boleros divinos que recuerdo de reuniones familiares, me abren una puerta al pasado y me traen recuerdos de mucho amor de familia.
Así como el tango, los boleros son de otras épocas. ¿Cómo abordaste el tema de las letras?
Sí, hay algunos boleros que hoy no se cantan más y la verdad que está bien que así sea. Hay poesías que hoy en día no tienen cabida. Hacemos mención a eso en el espectáculo nombrando algunos boleros que hoy sería raro cantarlos. Mi abuela cantaba “Perfidia” y “Una mujer”, esas que hablan de adueñarse del otro, y ya es raro cantarlas.
¿Es una historia con un hilo conductor o se cuentan pequeñas historias enlazadas?
Es una mujer que está presentándose en un lugar atemporal junto a una gran orquesta. Por eso digo que es como abrir una puerta al pasado y ver cosas que hemos visto en las películas, nuestro vestuario también tiene un guiño a todo eso. El público tiene una complicidad absoluta con todo lo que empieza a pasar, es un ir y venir de situaciones amorosas que por momentos se van descarrilando hacia otro lado. Paula escribió desde el lado del humor algo tan lindo y llevadero, que es un espectáculo para todo tipo de persona y edad y de gustos musicales, porque lo disfruta el que conoce y el que no conoce de bolero.
Estamos hablando de relaciones personales. Parte del público, o todo, con alguna de las historias se sentirá identificado..
Seguramente. Todo tiene que ver con el amor no correspondido o con la esperanza del amor, esos son los temas principales de un bolero: la pasión, el desgarro, la angustia, la melancolía, pero todo visto desde el humor. Es lindo estar en la platea, es para disfrutar mucho y empezar a reírse.
¿Cómo se condensa en una obra la historia de un género con tanta riqueza? ¿Cómo armaron el repertorio?
El repertorio tiene los boleros que nos gustan, aunque algunos quedaron afuera, no entran todos en una hora y quince. Algunos boleros van enteros y otros en fragmentos para poder contar la historia. Lo importante es que se trata de un abanico de boleros que en su mayoría la gente conoce, algunos se ponen a cantar y eso es hermoso.
Estamos hablando de repertorio y género muy anclado en los años cincuenta. ¿Cuál es la manera de conectar y hacerlo atractivo para las nuevas generaciones?
Las canciones no tienen tiempo, cuando funcionan en el oído de la gente pueden cantarse en cualquier época. Me parece que como espectadora tengo que hacer ese trabajo también, lo que importa es si me conmueve o no. Como artista, trato de que el espectador se conmueva y ahí es donde creo que mi misión está lograda.
¿Con esta obra volvés a tu trabajo de actriz de otros tiempos?
Claro, esta oportunidad de hacer “Mucho corazón” me permite regresar a aquellos tiempos muy felices donde estaba haciendo mucho teatro de texto y todavía no estaba tan metida en la música, lo cual vino unos añitos después.
¿Te sentís atravesada por las canciones?
Bueno, sí, algunas me pegan fuerte (risas).
¿Es un requisito para después transmitir las historias?
Creo que ese es el trabajo del intérprete, tomar la poesía, la lírica y la melodía y empezar a “actuar” la canción. Cuando estás cantando, contando una historia, estás hablando de un personaje, como un narrador o un juglar. Se llega al espectador porque también ellos me llegan a mí. Es un ida y vuelta muy necesario, algo que agradezco infinitamente.