Viernes 13 de Diciembre de 2019
"Pequeña Victoria" es un canto al amor maternal pero también una tira creada con toda la intención de aggiornarse a los tiempos actuales, con la mujer empoderada por la igualdad de derechos. Esa es la esencia de la ficción que finalizó el miércoles en Telefe y que, en su capítulo de cierre (apenas 51 episodios) midió 10.5 puntos de rating, lo que le alcanzó para liderar su franja horaria; quedar segunda en el día después de "Argentina, tierra de amor y venganza" (El Trece) y obtener la medición más alta de los últimos dos meses, nada mal.
La última imagen del último capítulo de la telenovela, mientras los ramos de novia eran lanzados al aire para festejar la triple filiación para Emma (Mariana Genesio), Jazmín (Julieta Díaz) y Bárbara (Natalie Pérez), mostró un texto con la siguiente leyenda: "Las familias diversas luchan cada día por la igualdad y la inclusión. Todavía son muchas las mamás y los papás que no lograron la filiación compartida de sus hijos. Entre todos podemos construir un mundo más amable, despojado de prejuicios, donde respetemos todos los modelos de familia. Esa será nuestra gran victoria".
Parafraseando a "una imagen vale más que mil palabras", aquí son las palabras las que tienen más valor que cualquier imagen que se pueda mostrar. Porque ese texto del final revela la idea que atravesó toda esta historia escrita por Erika Halvorsen ("El hilo rojo") y Daniel Burman ("El abrazo partido"), en donde se abordaron temas como la subrogación de vientre y los nuevos modelos de maternidad y paternidad, el feminismo, la identidad de género y por sobre todo, el amor en todas sus formas.
Claro que antes y durante hubo una telenovela, que tuvo mucho de culebrón, porque las historias de televisión de aire todavía están atadas a ciertos requerimientos del establishment del formato. O sea, se pueden arriesgar a hacer otra cosa, pero se topan con un techo demasiado cercano. Así y todo, hay que celebrar que haya telenovelas como "Pequeña Victoria", del mismo modo que se festejó que el año pasado hubiese una tira como "100 días para enamorarse", en la que por primera vez en la tevé se veía cómo Juana se convertía en Juan (soberbia actuación de Maite Lanata), en un guiño a la identidad de género.
El capítulo de cierre mostró dos segmentos bien marcados: el primero, en el que se plantearon los conflictos y el segundo, dos años más tarde, con esos mismos conflictos ya resueltos.
Todo arrancó con la decisión de Lucía (Celina Font, impecable), quien le aclara a su ex Antonio (Facundo Arana, apenas correcto), que tomará la decisión de llevar adelante el embarazo del hijo de ambos y que se irá de viaje a Canadá para continuar con sus proyectos profesionales y personales. Además, tendrá una charla con Emma, para despejarle dudas de su relación con Antonio y lo ratifica al decir "ojo que si te arrepentís no se aceptan devoluciones".
Desde ya que la crianza compartida entre las tres madres -que en rigor fueron cuatro con Selva (Inés Estévez), esta remisera que en su caso eligió la soledad como puente de liberación- fue la punta de lanza de la historia.
Cuando el abogado y papá de Emma (Raúl Rizzo) les dice que están en una zona gris para lograr que las tres puedan ser mamás de Victoria y les dice que sólo les queda pelearla o resignarse, ellas no dudan. Y apuestan a lucharla.
El salto temporal de dos años las mostrará a las cuatro mujeres vestidas de blanco, entre ellas las tres mamás con sus tres parejas resueltas (Nicolás Francella, Luciano Castro y Facudo Arana) y una anillo que las compromete para siempre a ser madres de Victoria.
La abogada Edith (Emilia Mazer) anunciará la triple filiación, hay flashes de besos de parejas conformadas por un trans y un varón, hay alegría compartida, y un documento con tres apellidos.
Quizá el cierre fue demasiado obvio, por la pomposidad del lugar, por esa intención de mostrar a todas las parejas sin ningún conflicto expuesto y con poco margen para que alguna historia quedé sin final, como la vida misma.
Sin embargo, la fuerza del texto del último capítulo y esa militancia por romper prejuicios, junto con la denuncia de que hay muchas familias que esperan un final feliz en sus propias luchas, jerarquizó la ficción.
"Pequeña Victoria" tuvo un paso más que bienvenido por la televisión argentina, se animó a tocar temas pocos frecuentes en la pantalla chica pero cada vez más frecuentes en la vida real. Y eso, más allá de algunos estereotipos inevitables, es una pequeña victoria para el televidente.