Viernes 04 de Noviembre de 2022
En 2019, la escritora Tamara Tenenbaum publicó el best seller “El fin del amor. Querer y coger en el siglo XXI”, un ensayo donde se revisan las complejas relaciones actuales y se cuestiona el concepto de “amor para toda la vida”. Ahora este libro —que generó no pocas polémicas— llega a la pantalla chica con la serie “El fin del amor”, la ficción de 10 capítulos que se estrena este viernes 4 de noviembre en Amazon Prime Video. Su protagonista, en un papel que le viene como anillo al dedo, es Lali Espósito, que mientras era jurado de La Voz Argentina y se embarcaba además en el Disciplina Tour, también se metió de lleno en esta serie, donde es actriz y productora ejecutiva. La guionista y showrunner es Erika Halvorsen (“Amar después de amar”, “Pequeña Victoria”), y el elenco se completa con Verónica Llinás, Vera Spinetta, Mike Amigorena, Candela Vetrano, Mariana Genesio Peña y Andrés Gil.
El personaje de la ficción lleva el mismo nombre que la autora del libro y coguionista de la serie. Así es que Lali se pone en la piel de Tamara Tenenbaum, una enérgica treintañera que es docente en la UBA y columnista de radio. Tamara fue criada en una familia judía ortodoxa pero hace mucho tiempo que dejó atrás su religión. Sin embargo, cuando asiste a regañadientes al casamiento de una ex compañera de colegio de la comunidad judía, la protagonista entra en crisis y decide replantear su vida: se separa de su novio, se va a vivir sola y se rebela contra el concepto tradicional de pareja.
En charla con La Capital, Lali Espósito dijo que su generación “necesitaba profundamente” una ficción como “El fin del amor”, y afirmó que si ahora esta serie ocupa un espacio mainstream es gracias al movimiento feminista.
—Sos protagonista y también productora ejecutiva de la serie. ¿Qué te llevó a involucrarte tanto en este proyecto?
—El contenido del libro, y lo genial que me pareció el mundo mental y emocional de Tamara (Tenenbaum). Erika (Halvorsen), que es nuestra showrunner, me insistió: “Tenés que leer este libro, tenés que leer este libro”. Y después nos juntamos las tres y fue un poco pedirle a Tamara la potestad de su obra para hacer una pieza de ficción diferente a lo que consideramos que hay en la actualidad. O mejor dicho lo que no hay (risas): una serie con una protagonista que se plantea estas cuestiones que explora Tamara en “El fin del amor”, en ese contexto, y sobre todo representando a una generación, que es la mía también, los de 30 años más o menos, que necesitamos profundamente una serie como esta. Está buenísimo todo lo que hay rondando por ahí, pero yo creo que necesitamos una pieza de ficción que te haga sentir empatía, que te haga sentir cercano, que vos como espectadora o espectador digas “che, tengo una serie que me habla de lo que me está pasando”.
—El título “El fin del amor” es un poco engañoso. Acá estamos hablando del amor más convencional, de la pareja hombre/mujer...
—Lo gracioso es que es un título que parece pesimista, como que el amor no existe más. Y en realidad es un título que propone pensar en el inicio de un amor diferente, o darle fin a un amor que en algún punto nos sirvió un montón —el concepto del amor romántico y el príncipe azul—, pero ya no nos sirve tanto. O por lo menos hay una generación, que es la mía, que se está preguntando si las relaciones son realmente así, si lo quiero de esa forma. La serie habla del amor, y la serie es amorosa, es híper amorosa, es sobre el amor propio, el amor a tus amigos, el buscar un amor a nivel sexo afectivo más sincero, más concreto, sin hacernos tanto la película. Ya hemos atravesado el umbral de darnos cuenta de que las cosas no son tales: lo vimos en una generación de padres separados, por ejemplo.
—¿Creés que la protagonista está pasando por la crisis de los 30 o es simplemente alguien con deseo de experimentar en lo amoroso y lo sexual más allá de la edad?
—Las dos cosas. La necesidad de experimentación viene de la mano de haber pasado por una crisis existencial. Hay un “stop” raro a los 30. Se supone que una a los 30 debe tener la vida encaminada y al final no la tiene, porque pues la vida y acá estoy (risas). ¿Entonces soy un fracaso porque no tengo eso que deseaba? El personaje se plantea esa pregunta y también quiere un poco de libertad. ¿Pero qué es la libertad? Y ahí tenés otra pregunta. Esos interrogantes son parte de esa crisis, que parece una palabra negativa pero es súper positiva. Acá la crisis de los 30 viene acompañada de una personalidad curiosa y una necesidad muy grande de romper esquemas. Tamara dejó su religión a los 12 años y demostró una personalidad muy fuerte con respecto a liberarse de las cosas opresivas.
—Cuando uno mira la serie a veces el personaje de Tamara y vos parecen una misma persona. ¿Sentías esa simbiosis con el personaje?
—No. Cuando yo estoy actuando ya estoy metida en la psiquis del personaje y haciendo lo que la escena me pide. Creo que mi manera de actuar es muy natural, al menos eso es lo que busco, tratar de hacerlo desde la verdad. Cuando tu personalidad real es cercana a la gente, o la gente cree que te conoce por cómo te expresás, después lo ven parecido en un personaje y es como “hey, está siendo ella”. En realidad es que estás usando tus modismos lo más naturales posibles para generar una empatía lógica entre el público y ese personaje. Es chistoso porque en muchos momentos del rodaje yo pensaba “qué jodida es esta piba (por el personaje de Tamara), yo capaz no hubiera hecho eso así”. Pero bueno, eso es lo divertido de actuar: no estás juzgando al personaje, simplemente lo estás haciendo.
—¿Pensás que esta serie es consecuencia de la lucha feminista de los últimos años, de haber conquistado derechos que antes parecían imposibles?
—Cien por ciento. Que una serie como “El fin del amor” ocupe un espacio mainstream en una plataforma tan importante es parte de un gran logro de este movimiento feminista. Hace unos años era impensado que a tres mujeres como nosotras (Tenenbaum, Halvorsen y Lali), cada una en su rama del arte, les dieran este espacio y confíen de verdad. Lamentablemente era bastante impensado por el sistema patriarcal de elección de contenidos y también de consumo de contenidos, porque la gente pedía otras cosas. Que exista esta serie en este momento tan particular del mundo es sin dudas un logro del feminismo. Somos tres mujeres y todo un equipo que nos impusimos que esta ficción no merecía ser una serie de nicho porque es feminista, merecía un espacio mainstream y ahora lo tiene. Sin dudas es una linda lucha ganada de este movimiento.