Lady Gaga mostró en River los atributos que la hacen un fenómeno de época
La  ultrapromocionada cnatante pisó por primera vez un escenario argentino anoche, cuando cumplió en el estadio Monumental, un capítulo de su “The Born this Way Ball Tour” ante miles de fans, en su mayoría adolescentes.

Sábado 17 de Noviembre de 2012

Buenos Aires.- La  ultrapromocionada Lady Gaga pisó por primera vez un escenario  argentino anoche, cuando cumplió en el estadio Monumental, del  barrio porteño de Núñez, un capítulo de su “The Born this Way Ball  Tour” ante miles de fans, en su mayoría adolescentes.
La gira latinoamericana de la cantante, nacida en Nueva York  en 1986 como Stefani Joanne Angelina Germanotta, comenzó en México,  pasó por Brasil y es poco probable que haya marcadas diferencias  entre una presentación y las otras.

Es innegable que además de la formidable maquinaria comercial  que la sustenta, Lady Gaga intenta convertirse en un fenómeno  cultural como lo fue Michael Jackson y la aún vigente Madonna,  capaces de arrastrar multitudes y crear “tribus” específicas de  seguidores.
En su caso, el show local comenzó varios días antes, cuando  sus “little monsters” levantaron carpas a la manera de los devotos  de San Cayetano a la vera del hotel Faena, donde se aloja, e  hicieron lo mismo cerca de la cancha de River Plate para ser los  primeros en acceder al ingreso.
Esos fans intentan emular en un todo a su admirada -en  español la palabra “ídola” no existe- y sus atuendos y maquillajes,  que van de lo carnavalesco a los tan de moda zombies, ya que Gaga  es una experta en vestirse y actuar de un modo para algunos  ridículo.
Esos “monstruitos” fueron primorosamente mostrados en la  víspera como un fenómeno masivo por los canales de cable, tal vez  por falta de otras novedades o porque se quiera hacer de ellos  algún modelo social.

Lo cierto es que en la cancha eran una significativa minoría  en medio de una asistencia que si bien no compartía esas formas,  demostró que conoce detalladamente el repertorio de la visitante,  al punto de corear los temas en medio de bailes y aclamaciones. Así  fue que el primer tema, “Highway Unicorn”, en el que la diva  ingresó al escenario montada en un caballo de utilería y  caracterizada como Alien, hizo estallar el estadio apenas sonaron  los primeros compases.
Sucedió lo mismo con “Government Hooker” y, casi hacia el  final, con “The Edge of Glory”, sonoramente festejados y  lujosamente vestido por una escenografía y algún holograma que  sigue sorprendiendo al público, en razón de que estos shows tienen  el sello inconfundible de Broadway.
La excéntrica artista tiene el tino de contar con un ballet  mixto necesariamente virtuoso como para compensar sus propias  carencias con el manejo del cuerpo, más allá de los movimientos  epileptoides, las manos casi siempre en garra y ese feísmo que  parece buscar adrede.
El ámbito y los graves de la banda sonora recuerdan a “El  fantasma de la Opera”, manifiestamente góticos y con personajes de  un pasado mítico, en el que la reina (o princesa) al parecer en  peligro, es siempre ella.

Es ostensible el carácter lúdico de todo lo que pasa, armado  en la primera parte para sostener una leve trama, subrayado por un  homoerotismo -masculino y femenino- propio de los tiempos, con  situaciones muy directas, y desatadas con gestos y expresiones  quizás inéditas.
Así es que en títulos como “Marry the Nigth”, iniciado por un  gran guitarrista que no se identifica, una chica vestida de novia  es de algún modo maltratada por el hombre que ama, aunque cuando se  quita el tocado se ve que es otro varón.
Otro de los sellos que muestra el espectáculo es la  proliferación de armas de guerra al estilo Rambo -incluso hay un  corpiño del que salen dos amenazantes bocas de fuego-, lo que da  cuenta de la cotidianeidad de esos elementos en la sociedad de la  que proviene.
Se nota también que Gaga está muy orgullosa de su trasero y  trata de ponerlo en primer plano toda vez que puede -y que las  pantallas aledañas al escenario amplifican-, casi tanto como su  capacidad de afearse, al punto de inspirar a tanta gente.

Curiosamente y aunque los organizadores se ufanaron de haber  reunido a 50.000 espectadores, el Monumental no estuvo lleno y  había ostensibles blancos en los sectores de campo y en las  tribunas, quizá por el alto costo de las entradas o porque el mito  Lady Gaga aún está verde por estas pampas.
Eso no impidió el entusiasmo desbordado de las tribunas  cuando la cantante decía “Buenosairess” o “Aryentina” -seguramente  ninguno repitió tanto esas palabras como ella, incluso en medio de  una canción- o cuando sus extensas parrafadas eran ruidosamente  festejadas, lo que demuestra el gran conocimiento del inglés de  muchísimos espectadores.
Como todo visitante, Lady Gaga no se privó de ponerse una  camiseta argentina y de colgar una bandera en la motocicleta que  piloteaba, incluso se dio el lujo de acariciar sus virtuosas  asentaderas con una enseña patria, lo que debe haber sido, sin  duda, un homenaje. (Télam).-