La Trova Rosarina, por esas canciones que nunca pierden su valor artístico
Unas 4500 personas colmaron tres funciones en teatro El Círculo para ver a Baglietto, Garré, Abonizio, Fandermole, Goldín y Gallardo.

Martes 10 de Diciembre de 2019

Un teatro El Círculo lleno, dos teatros llenos, tres, pudieron haber sido cuatro. Casi 4500 personas colmaron la sala de Laprida y Mendoza para ver el fin de semana pasado a La Trova Rosarina. Juan Carlos Baglietto a la cabeza, más Silvina Garré, Jorge Fandermole, Adrián Abonizio, Rubén Goldín y Fabián Gallardo demostraron, por si hacía falta, que sus canciones tienen buena semilla, porque siguen floreciendo con cada nuevo acorde de aquel viejo tema. Porque no hay canciones de ayer y canciones de hoy, hay buenas canciones. Y ellos las interpretan como sólo La Trova puede hacerlas.

La interpretación de Juan, el vuelo poético de Fander, la mirada urbana de Adrián, la voz incomparable de Goldín, la sutileza expresiva de Silvina, el pulso pop de Fabián. Esa mixtura impacta de lleno en cada presentación de La Trova Rosarina, por eso siguen llenando teatros, como seguramente lo harán el sábado próximo en el Gran Rex porteño.

Hay algo de esas canciones que sigue latiendo en ellos, pero fundamentalmente sigue latiendo en su público. Y los latidos no son sólo recurrencias a la alegría, también pueden evocar una lágrima, ¿por qué no? Como si el dolor no fuera parte de la vida. Porque nadie puede dudar de la honda tristeza que representa "Era en abril", tema de apertura del show del viernes -que cubrió Escenario- ni la evidente alusión a la muerte de ese incansable pescador que también transpira "Oración del remanso", segundo tema de esa noche. Pero ¿quién puede negar la belleza de esas canciones? Como tampoco se puede negar el resorte emotivo que se acciona con aquellos jóvenes que éramos en los "Tiempos difíciles" del 82 y los que fuimos más cerquita en el tiempo en 2002, cuando Fandermole lanzó ese tema dentro de "Navega", aunque la canción ya venía rotando hace rato y llegó incluso de la garganta de la eterna Negra Sosa.

El túnel del tiempo no es una referencia peyorativa, nada de eso. Porque da gusto escuchar este repertorio de la Trova con arreglos especiales que son aún superadores a las versiones que el grupo ofreció en el teatro Colón, en los primeros pasos de esta juntada. Da gusto escuchar "El témpano" en un dueto letal con Abonizio y Baglietto, el mejor intérprete de música popular de la Argentina.

O "El ogro y la bruja", de Goldín, pese a que el viernes a Rubén le faltó el brillo de siempre por una disfonía inoportuna. "Cantás mil veces mejor que cualquiera que no le duela la garganta", le dijo Silvina, palabras más, palabras menos, para que escuchemos todos. Y cuánta razón tiene.

Si hay algo que también hace que esta Trova funcione es el grupo de atrás, los que no están con las luces de frente pero tocan música de fondo, porque aportan sutilezas sin estridencias. Ellos son Adrián Charras en teclados y Leonardo Introini en bajo y contrabajo más la potente base rítmica de Julián Baglietto en batería y Juancho Perone en la percusión.

Emociona oír a Fabián Gallardo contar que se puso a llorar el día que Baglietto lo llamó para incluir un tema suyo en un disco. "Me quería dar el gusto de tocar este tema hoy acá junto a él", dijo Gallardo antes de "La música me ayuda". De Fabián también tocaron "Los días por vivir" y "El árbol", aquella de "no hay derecho sin revés", un caballito de batalla del nuevo cancionero de La Trova. Como también lo es "Carrousel", una perlita de Silvina, quien también se lució con "En blanco y negro", para ratificar que su color de voz ya es un sello entre las cantantes argentinas surgidas en los 80.

El aporte de Fito Páez no podía faltar. Desde la interminable "Vengo a ofrecer mi corazón" hasta "La vida es una moneda" y "Las cosas tienen movimiento" con Baglietto diciendo "Fito presente". Juan también levantó la voz para darle su apoyo explícito a Chiqui González y Alejandro Tejeda por su gestión en Cultura provincial. "Esto es personal", dijo Juan, y los aplausos se hicieron sentir.

Cada canción parecía encajar perfectamente con la siguiente. Y todas fueron formando ese mosaico colorido y entrañable, donde pueden convivir el mix folclórico de"Historias de Mate Cosido" con la cadencia pop de "Sueño de Valeriana" y la nostalgia de "Dormite patria" con la impronta rítmica de "Marina". Y claro que también conjugan en ese universo expresivo "Basura en colores" con "Cuando" o "Canto versos", esa que reza "no sé más que hacer en esta tierra incendiada sino cantar".

Todo tiene un final y "El témpano" es el tema indicado cuando llega el momento del adiós. Parafraseando a aquel canto en tierra incendiada, la gente se puso en llamas para sostener "no te pares, no te mates, sólo es una forma más de demorarte".

Aplausos, "ooooooooo" y llegó el primer bis. Fue el turno de "Actuar para vivir", con las seis voces a pleno y la emoción también.

Y si algo faltaba era evocar a Lalo de los Santos. "El tema de Rosario", en el segundo bis, fue su merecido homenaje. "Rosario, te siento igual" fue la última frase que cantó La Trova. Y quedó latiendo. En ellos, en nosotros. En el aire.