Con 14 nominaciones al Oscar y siete Globos de Oro ganados, el film arranca en muchos la pregunta inevitable: "¿Será para tanto?".
"La la land", canción perfecta y melancólica
Calificación: *****. Intérpretes: Ryan Gosling, Emma Stone, J.K. Simmons, John Legend y Rosemarie De Witt. Dirección: Damien Chazelle. Género: Musical. Salas: Monumental, Del Centro, Showcase, Village y Hoyts.
Con 14 nominaciones al Oscar y siete Globos de Oro ganados, "La La Land" arranca en muchos la pregunta inevitable: "¿Será para tanto?". Para responder a esta pregunta habría que remitirse a la ópera prima del director de "La La Land", Damien Chazelle, la impecable y también premiada "Whiplash", que tres años atrás nos dejó con la boca abierta con su nivel de precisión e intensidad. Chazelle, que tiene sólo 32 años, sabe perfectamente lo que quiere y lo que hace, y eso se termina de confirmar ahora con "La La Land".
El maestro Bob Fosse dijo alguna vez: "Los musicales no son la vida real, pero son como la vida real debería ser". En pleno siglo XXI, Chazelle consigue al fin plasmar esa naturalidad en el musical de la que hablaba Fosse. Los protagonistas de "La La Land" no son cantantes ni bailarines virtuosos. Sólo reflejan con sus movimientos (después de muchas horas de ensayo, por supuesto) lo que sus cuerpos les piden. Bailan y cantan por la pura expresión, comunicando una intensidad y un juego que está más allá de las palabras. Las referencias de la película son varias: desde clásicos como "Cantando bajo la lluvia" o "Brindis al amor" hasta el cine de Jacques Demy. Pero el director no las toma como simples guiños nostálgicos, sino que las trabaja como influencias para transformarlas en algo nuevo, y así logra imprimir naturalidad aún en el artificio.
El guión es una historia de amor tan clásica como melancólica: ella es una aspirante a actriz que trabaja en la cafetería de los estudios Warner, y él es un músico de jazz (un purista) que sueña con tener su propio bar para tocar y difundir la música que más le gusta. La historia mantiene un equilibrio envidiable. Nunca se torna almibarada o cursi, y jamás pierde el foco de los protagonistas. Para esto el director se apoya en una pareja con mucha química: Ryan Gosling baila, canta y hasta toca el piano, pero Emma Stone es la que brilla como nunca, y por este trabajo realmente se merece un Oscar.
La película tiene un puñado de escenas memorables (el encuentro en el Observatorio Griffith es increíble). Pero además hay una fuerza vital fenomenal que gravita detrás de las películas de Chazelle: el director es un believer (creyente), algo que ya se había notado en "Whiplash". El cree en la música y en los vínculos que la música crea, y piensa que esos vínculos son indestructibles.
Para terminar, bien vale una aclaración. "La La Land" no es para un "público turista" a la caza de "películas nominadas al Oscar". Es para un público amante del cine y de los musicales, o para todos aquellos con la sensibilidad como para dejarse llevar por una historia de amor atravesada por la música, los sueños, las añoranzas y los fracasos.
Por Carolina Taffoni
"Vivir de noche", amor entre balas y alcohol
Calificación: ***. Intérpretes Ben Affleck, Sienna Miller, Brendan Gleeson, Elle Fanning.
Dirección: Ben Affleck. Género: Policial. Salas: Del Centro, Hoyts, Village, Monumental y Showcase.
Ben Affleck ya mostró su dominio de la dirección en "Desapareció una noche" y "Atracción peligrosa", pero fue "Argo" la que en 2013 llamó la atención mundial en esa faceta del actor luego de ganar tres Oscar, uno de ellos como mejor película. Affleck, también guionista de "Vivir de noche" vuelve a mostrar su preferencia por la acción y la intriga, y en este caso se remonta a las primeras décadas del siglo pasado cuando en Estados Unidos imperaba la Ley Seca. Affleck, que también protagoniza el filme, interpreta al líder de una banda de asaltantes de Boston que después de un mal golpe, termina relacionándose con los capos de la mafia que lo quieren a su servicio.
El filme está dividido en dos partes. La primera, con un ritmo y un guión fluidos, que avanzan a golpe de diálogos breves y contundentes, persecuciones, balazos y un diseño de arte que reproduce los menores detalles de la época. Pero luego, el relato pierde impulso, aunque no interés, cuando el protagonista se muda de Boston a la periferia de Miami para organizar el tráfico de alcohol y el policial se interna en el romance. Affleck, cuyo personaje además de delincuente y gángster tiene buen corazón, rinde un sólido tributo a los clásicos del género y lo hace con estilo y una producción impecables y buenas actuaciones de un elenco en el que se lucen hasta los personajes secundarios.
Por Rodolfo Bella
"La valija de Benavídez", los riesgos del esnobismo
Calificación: ***. Intérpretes: Jorge Marrale, Guillermo Pfening, Norma Aleandro, Paula Brasca.
Dirección: Laura Casabé. Género: Thriller. Salas: Hoyts, Monumental, Showcase y Village.
Siniestra, lúgubre y crítica. "La valija de Benavidez" indaga principalmente en el esnobismo del arte que puede llegar hasta límites insospechados cuando sólo se trata de hacer dinero a partir de un apellido, sin importar el alma del artista. "El sistema financia a cada idiota...", es una de las frases más resonantes de este thriller psicológico pretencioso y logrado, con Guillermo Pfening en el papel protagónico y Jorge Marrale y Norma Aleandro en el papel de perversos marchands de arte. Benavidez es un profesor de plástica que tras una discusión con su mujer arma una valija y va a buscar asilo a la mansión de su psiquiatra. Allí lo espera un laberinto sin salida que despertará las pesadillas más intrínsecas de este hijo de un famoso artista que se siente mediocre tras la sombra de su padre. El tono ríspido de Beatriz, la siempre brillante Aleandro, es un gran acierto de este filme de Laura Casabé que termina disparando críticas acerca de la impunidad que otorga el poder y el dinero. Otro acierto es la interpretación de Pfening, que logra registros contrapuestos, de la risa al llanto y de la cordura a la locura. Una película que expone la ambición más extrema que roza lo ridículo y la cristaliza con un "¡Bravo!" y un aplauso tétrico. Una radiografía de los laberintos que posee la mente humana y su poder corrosivo cuando se ve amenazada por el ego, la envidia y la sumisión.
Por Luciana Boglioli