La filosofía y la búsqueda de la verdad, bajo la lupa de Fabián Vena
El actor contó cómo es "¿Quién soy yo?", el unipersonal que presenta este domingo en el teatro Broadway. El intérprete calificó a la obra como una "comedia filosófica" que intenta descifrar con humor y agudeza los grandes enigmas de la humanidad

Domingo 29 de Octubre de 2023

El actor Fabián Vena llega a Rosario con un personaje singular y provocador: un profesor de filosofía en fuga dispuesto a dar la gran batalla de su vida y su profesión: encontrar la verdad. Y lo hace desde la clandestinidad, luego de ser expulsado de la facultad y de los círculos filosóficos y de intelectuales. Como un profeta, aislado pero libre, y contra la exigencia de seguir un programa, él se declara culpable y en rebeldía y afirma que “es imposible programar el conocimiento porque el conocimiento está vivo”, según adelantó el actor sobre este texto escrito por Daniel Cúpar y Carlos La Casa. La cita es es hoy, a las 20.30, en el teatro Broadway (San Lorenzo 1223).

Una sinopsis del unipersonal indica que después de haber sido expulsado de la universidad, “un profesor de Filosofía se dedica a dictar seminarios en lugares secretos. Con el peligro de ser descubierto, debe esconderse para revelar la verdad y en la clandestinidad encuentra su oportunidad. El conocimiento se refugia en las sombras, escapándose de las mentiras que reinan en el exterior. En su seminario, el filósofo te hará saber 5 virtudes humanas, sus 5 cañones del futuro, los 5 jinetes del apocalipsis que revolucionarán la moral social. Esta vez su clase será dictada en un depósito de la Facultad de Medicina. ¿Quién es? ¿Quiénes somos ? Por qué fue expulsado? ¿Por qué genera tanta intriga su seminario?”, se pregunta el autor, y aclara que el resultado “los preparará para el gran salto, para provocarlos, iluminarlos, y al fin, convertirlos.”

¿Por qué la filosofía debería ser clandestina?

Filosofía clandestina es una manera rápida de dar una señal que es una filosofía que no es la oficial, que ya el término clandestino habla de otra cosa. ¿Por qué la filosofía debe ser clandestina? No, no es que debería ser, lo es. Lo formula de esa forma, porque no es la manera de darlo dentro de un marco educativo ya establecido. Y es un poco la esencia de la clandestinidad. Entonces, más allá de que cualquier actividad puede ser clandestina, sí hay una que es oficial. El profesor dice “en un mundo de ciegos nadie sería ciego, el ciego es ciego porque hay alguien que ve”. Entonces la clandestinidad viene un poco a mostrar que puede haber algo también en los alrededores del sistema, que es un poco lo que le pasa a este tipo, expulsado de la facultad y los círculos filosóficos y de intelectuales, y se declara culpable, sin ningún problema, porque le exigen que siga un programa. Y el tipo dice que es imposible programar el conocimiento porque el conocimiento está vivo. Entonces, a partir de ahí arranca una lucha personal para hacer entender, sea quien sea, si en este caso es de una estructura educativa de un país, saber que está mal, que no es por ahí, o que por lo menos hace ver una alternativa.

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Pero la clandestinidad también, en su concepción intrínseca, trae aparejado conceptos que el tipo expone pero que también saca a la luz. Es una manera distinta de ver la clandestinidad o una manera de describir los valores de la clandestinidad. El dice que nada superador, que nada inolvidable, que nada digno de permanecer en la historia, ha surgido a la vista de todos. Ahí radica la belleza intrínseca de la clandestinidad. Bueno, un poco ese viaje divertido que después lo transforma en teatral, porque da la sensación, cuando da la clase, que podría dar esa clase en cualquier ámbito.

En este caso le tocó la Facultad de Medicina, pero podría darlo en una verdulería. Y el tipo explicaría la clase y daría esa clase con tomates y pepinos, así que es un poco eso. En la clandestinidad hay que usar lo que hay, dice el tipo, y lo que hay es lo que hay. Y a partir de ahí construye exactamente con lo que hay, que también está ligado a uno de los puntos neurálgicos de la filosofía, que es no solamente el pensamiento, sino justamente hasta dónde uno llega con ese pensamiento. Entonces es hasta dónde uno le da lo que hay, lo que tiene, y con eso se hace. No tiene ambición en ese sentido. No necesita de nada la filosofía para poder ponerse en funcionamiento y en acción, sino empezar a reflexionar sobre lo que sea, sobre el material de estudio, sobre el material de trabajo.

No somos un generador ni un creador de pensamientos. Somos el remís de otros pensamientos que se nos depositan. Somos en realidad un delivery de conceptos” No somos un generador ni un creador de pensamientos. Somos el remís de otros pensamientos que se nos depositan. Somos en realidad un delivery de conceptos”

Se habla revolucionar la moral social. ¿Cuáles serían los hechos o ideas que podrían revolucionar la moral social?

Bueno, muchísimos, muchísimos, porque uno de los problemas más grandes que tenemos es la moral, justamente. La moral, al marcar determinados límites, bueno, ya estás prácticamente hablando que se puede subvertir. Y ya ahí, entonces, ni siquiera sirve haber armado una moral. Así que revolucionar la moral social se puede hacer desde muchísimos sectores, de nosotros mismos y de la sociedad. Las cinco virtudes humanas con las que trabaja este tipo están ligadas a algunas con las clásicas, habla de la templanza y de la justicia, por ejemplo, y se guarda a la quinta, una última, un bonus track personal, le llama a él, de alguna forma para darle una unificación, un interés común sobre el final a todo el espectáculo que también arrancó con esa idea desde un inicio. Pero te aseguro que las cinco virtudes que el tipo analiza, obviamente dentro del marco teatral, dentro de un concepto de teatralidad con un personaje y una historia, juega a investigar esas virtudes en público y esas cinco virtudes que aparecen dentro del formato y el contenido de la clase son potentes, primero porque se mencionan y hay muchas más virtudes, pero él elige esas en función de un hilo conductor.

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También se menciona que “el conocimiento se refugia en las sombras”. Si las “mentiras reinan en el exterior” y el conocimiento se esconde, ¿cómo se llegó a ese punto en el que también se normaliza la supremacía y la aceptación de la mentira sobre el conocimiento?

Esto me lleva a la clandestinidad, y a sistemas sostenidos en el tiempo, creo que pura y exclusivamente por conveniencia, por comodidades, por factores de poder, que es lo que termina definiendo cuál es el conocimiento oficial y cuál no. Y ya de por sí, ya es ridícula la separación. Pero, ¿por qué sucede? Por conveniencias de todo tipo. Y también, bueno, hacerse cargo de la propia voluntad. Digo, así como se generan burbujas de ecosistemas de moral, también está en mí analizar esa burbuja, ver si me corro y ver si invento otra, o ver si con mi accionar, con mi voluntad, con mi propio pensamiento, termino desarmando lo que se creía que era verdad. Lo que se creía dentro de lo establecido. Si lo establecido no tiene posibilidades de revolucionarse, de evolucionar, de mirarse a sí mismo, van a surgir, sin lugar a dudas, puertas que se abren para una nueva manera de pensar. En definitiva, todo lo que tiene que ver con la masificación del pensamiento no contribuye a que justamente uno averigüe quién es uno. Así que me parece que son todas estructuras de poder, que las conocemos perfectamente y que las mayorías las tenemos incorporadas. El filósofo dice en un momento que cuando lo echaron de la universidad lo hicieron alegando que él no enseñaba a pensar. Y él dice, si esa es la acusación, me declaro culpable, porque en realidad no pensamos, no construimos pensamiento. No somos un generador, ni mucho menos un creador de pensamientos. Somos el remís de otros pensamientos, pensamientos que se nos depositan vía la sociedad, los padres, el señor de la esquina, el político de turno. Somos en realidad un delivery de conceptos ajenos.

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¿Existe un conocimiento que deba considerarse “el” conocimiento? ¿Y podría suceder que “el conocimiento” también resultase ser una mentira, un fraude, una impostura?

Sí, claro, por supuesto que sí. ¿Quién dice qué es el conocimiento? ¿Y qué conocimiento es el que das? Me parece que la mejor manera de contestar esta pregunta antes de filosofar yo mismo, es citándolo al profesor de filosofía. Dice, vamos a investigar estas virtudes, de las cinco que hablan. Ahora, ¿vamos a averiguar la verdad sobre esas virtudes? No, de ninguna manera. La materia del filósofo no es la verdad, sino su intención de que aquello con lo que trabaja se convierta en verdadero. No trabajamos con la verdad. La verdad es una construcción. Luchamos para que lo ficticio se vuelva real. Esa es la tarea del creador, del artista, y hoy nosotros seremos eso, creadores y artistas, en búsqueda de nuestro propio pensamiento, de nuestras propias preguntas.