“Creo que una de las claves para que hagan tanto mis obras en todo el país es que no son porteñas”. Así reflexiona el dramaturgo y director Javier Daulte sobre su trabajo que será el eje del festival nacional de teatro que lleva su nombre. Por tercera vez desde su creación en Neuquén en 2010, y por primera vez en Rosario, el encuentro se realizará a partir de hoy y concluirá el lunes próximo en el CEC (Paseo de las Artes y el río). El lanzamiento será a las 21, con la obra “El vuelo del dragón”, de Neuquén, e incluirá la primera de las tres jornadas del seminario que dará Daulte a lo largo de tres días. El programa se completará con una charla abierta y otras tres obras montadas por grupos de Mendoza, Santa Fe y Rosario (ver información completa sobre días y horarios en www.festivaldaulterosario.blogspot.com.ar).
Este creador con audiencia multitarget -es un exitoso autor y director teatral en el circuito del teatro independiente (“Nunca estuviste tan adorable”, “Criminal”, “Marta Stutz”) como en el comercial (“Baraka”, “El hijo de puta del sombrero”, “Un dios salvaje”, “Venus en piel”, y para marzo de 2016, “Nuestras mujeres”, con Guillermo Francella, Arturo Puig y Jorge Marrale), y además guionista de televisión (“Para vestir santos”, “Tiempos compulsivos” y en mayo próximo “Silencios de familia”, con Adrián Suar, Julieta Díaz y Florencia Bertotti) tiene la cualidad de huir de las etiquetas, de los prejuicios y de la solemnidad. Elige el “compromiso”, pero desde el “goce” y el “juego”.
“Creo profundamente que (el teatro) es una experiencia de goce, que el hecho de hacer teatro es una afirmación vital y que es también darse el lujo de hacer lo que a uno más le guste. Yo creo que ese es como un mensaje, aunque no me gusta la palabra, que uno hace lo que quiere y lo hace gozosamente. Y va contra esa idea de que el trabajo es un sacrificio y que nos sacrificamos no se sabe ni por qué ni por quién”, definió durante una charla conLa Capital poco antes de su llegada a Rosario.
—¿Qué devolución te hacen los grupos respecto a tu trabajo? ¿Por qué un festival con tus obras?
—En principio debe ser porque les gustan las obras o el modo de abordar algunas temáticas, pero tengo una cierta teoría. Creo que una de las claves que hagan tanto mis obras en todo el país es que no son obras porteñas. Podrían ocurrir en cualquier ciudad del país o del mundo. De hecho al escribir tengo una cierta resistencia a que la temática sea porteña. Yo estrené muchas obras escritas a propósito de un grupo como “El vuelo del dragón”, para un grupo de Bahía Blanca, o “Automáticos” o “4d óptico” que escribí para estrenar en Barcelona, o “Estás ahí” que fue para estrenar en Londres. Alguna cosa no localista aparece en mis obras y creo que esto para los grupos de otras provincias está bueno.
—Tu trabajo tiene la singularidad de abordar temas profundos, pero con una apariencia ligera, como una comedia dramática...
—Si, tiene que ver con los lineamientos que marco y que me interesan, y está relacionado con la mezcla de juego y compromiso. Un teatro comprometido no es aquel que se compromete solamente con los hechos de la realidad. A veces confundimos realidad con actualidad. Investigar desde el teatro la realidad y cómo la vivimos es una cosa, y otra es la actualidad. A mi un teatro sobre la actualidad no siempre me interesa, o por lo menos escribiendo o dirigiendo no es lo que más me interesa porque la actualidad es lo primero que está perimido una semana más tarde. Es como el diario de ayer.
—¿Cómo incidió la actualidad de los últimos años en el teatro?
—Este es un momento que me parece interesante, es un momento bisagra. Hace mucho que no pasaba esta división, digamos, entre las simpatías políticas, y que todo el mundo se manifiesta y todos hacen más públicas sus preferencias políticas. Creo que eso inevitablemente se ve reflejado en todas las manifestaciones sociales y culturales. Intuyo, y es una intuición, que vuelve un teatro, un arte, más politizado, más preocupado por la actualidad. Y no es casual que de pronto para el año que viene se están armando en Buenos Aires un par de proyectos que tienen que ver con Brecht, el teatro más político que ha producido Europa en el siglo XX. No es casual que vuelva a aparecer ese autor de entreguerras que es un teatro muy politizado. Creo que la última vez que el teatro fue muy politizado fue Teatro Abierto y hoy Teatro por la Identidad. La evolución también repite ciclos.
—¿En algún momento te planteaste ese tipo de abordaje?
—La verdad que no me lo planteé. Tengo esa reflexión, pero creo que siempre mi visión del teatro, o de la realidad a través del teatro, me interesa más desde los aspectos filosóficos que se desprenden del cotidiano. Me interesa más desprenderme de lo puntual para hacer un reflexión más global.
—¿Qué vas a intentar transmitir en las charlas?
—Básicamente siempre trato de transmitir una experiencia propia, una manera de ver el teatro, de recuperar el concepto de que el teatro tiene que ser una especie de goce y de ninguna otra cosa, que el arte tiene la rara responsabilidad de ser irresponsable. Me parece que tiene que ser un espacio donde podamos crear y que tiene que ser gozoso. Hablo mucho de un compromiso con nuestra disciplina que es de lo que nosotros podemos hablar. Mis saberes fuera del teatro con relativos, son los de cualquiera, pero de lo que nos debemos ocupar y preocupar es de nuestro lenguaje que es el teatro. Y creo profundamente que es una experiencia de goce, que el hecho de hacer teatro es una afirmación vital y que es también darse el lujo de hacer lo que a uno más le guste. Yo creo que ese es como un mensaje, aunque no me gusta la palabra, que uno hace lo que quiere y lo hace gozosamente, y que va contra esa idea de que el trabajo es un sacrificio y que nos sacrificamos no se sabe ni por qué ni por quién.
—¿Ese sacrificio que mencionás le suma solemnidad y le quita el goce?
—Siempre digo que los dos grandes enemigos son la frivolidad y la solemnidad. A veces entendemos que porque tocamos temas importantes o cosas dramáticas, el teatro o el arte en general se vuelve solemne, o cuando nos dedicamos a la comedia, el arte se vuelve frívolo, y me parece que es un error. Puede haber un fuerte compromiso con este maravilloso y complejo juego que es el teatro. Por eso mi único trabajo teórico se llama “Juego y compromiso”. Es romper con esa cosa de lo solemne y lo frívolo que sigue existiendo y que para mí no está bueno, no es un tipo de arte que a mí me guste ni me entusiasme.
—Trabajás tanto en el teatro independiente como en el comercial. ¿Supone algún tipo de conflicto?
—No, todo lo contrario. Yo trabajo de la misma manera en los dos ámbitos. En el teatro comercial la gran diferencia, más allá de lo obvio, que es que habrá famosos, que habrá funciones de miércoles a domingo, que hay que llevar muchísimo público -aunque no me ocupo de eso, mi trabajo no es llevar público sino dirigir- la diferencia es que se dan las condiciones para que se pueda ensayar de lunes a sábado, con un franja horaria. Cuando uno hace una obra en el teatro alternativo, estamos buscando los huecos para poder ensayar, demorás más, no podés ensayar en dos meses, se duplica la cantidad de semanas de ensayo. Yo trabajo con el mismo rigor y el mismo en entusiasmo, y creo que también hay cuestiones de adecuación. Cuando uno trabaja para una sala con 60 asientos y tiene funciones una vez por semana, no es lo mismo que trabajar para una sala donde puede haber 3000 personas por semana, o que cuando escribo para la tele, que puede haber millones de personas viendo eso. También como espectador me pasa eso. Si voy a un teatro alternativo espero un tipo de espectáculo; si voy a una sala comercial, espero otro. Si miro tele no espero mirar cine, ni teatro alternativo ni comercial. Yo soy todos esos espectadores y de la misma manera puedo ser todos esos artistas.
—Es decir que no tenés prejuicios con la televisión...
—Los tenía. Todos tenemos prejuicios. Los prejuicios son miedos disfrazados de convicciones. Las veces que trabajé en la televisión lo hice muy bien. Se puede trabajar también en condiciones muy malas, en que las que la gente trabaja estresada y daña la calidad del producto. Pero eso también pasa en el teatro alternativo y el teatro comercial. La televisión no tiene la culpa de nada. Vencer prejuicios es uno de mis objetivos permanentes porque me da mucha bronca descubrir que lo que yo creía que era una convicción era nada más que un disfraz de miedo. Me siento muy a gusto, es mucho trabajo, pero es mucho rigor también, y en Pol-ka se arman equipos de trabajo que me hacen sentir muy contenido y protegido y también muy libre para crear. Hay gente que dice que la tele no es así, y mi experiencia dice todos lo contrario.
—¿Por qué no actual siendo un artista tan interesado en todos los aspectos del teatro?
—No me interesa. No tengo el bichito. Me han ofrecido, y de hecho hice una cosita en una película, pero la verdad que no me emociona demasiado. Pero nunca se sabe.