Jairo: "Cada vez me siento más involucrado en mundos distintos"
El cantante asegura que las melodías lo transportan arriba del escenario. Hoy llega a rosario con su gira “de aquí y de allá”, donde recorre todos sus clásicos de su extensa carrera.

Sábado 02 de Noviembre de 2013

Romántico, auténtico y conmovedor. Jairo transmite en sus melodías las historias lejanas de su Cruz del Eje natal, las pasiones cotidianas y los deseos más profundos. Luego de haber cerrado el año pasado con una distinguida propuesta artística celebrando 40 años con la música y acompañado por la Orquesta Sinfónica de Avellaneda, el cantante llega a Rosario para compartir "De aquí y de allá", un show en un formato íntimo y cercano que expone la genuina expresión de su obra que lo ha constituido como uno de los principales referentes del canto popular argentino.

Antes del concierto de esta noche, a las 21, en el Auditorio Fundación Astengo (Mitre 754), donde presentará las canciones más esperadas como "Los enamorados" o "Cuando éramos niños", y también todas sus facetas, climas y estilos, Jairo dialogó con Escenario acerca de su capacidad de conmoción con el arte, su pasión por la pintura y su eterna admiración por su esposa y sus hijos.

—¿Cómo va a ser esta nueva gira "De aquí y de allá?

—Queremos hacer un espectáculo distinto. Ya lo hicimos en Buenos Aires y fue muy lindo. El repertorio va a ser bastante amplio y por supuesto que hay canciones que son básicas y sostienen el espectáculo. Pero luego no hay reglas, vamos a ir navegando. También haré un adelanto de mi próximo material discográfico. Creo que cuando uno canta en una ciudad como Rosario, teniendo la relación que yo tengo con su público, lo menos que puedo hacer es tener ese tipo de confidencias.

—Es imposible escucharte y no conmoverse con tus letras y tu voz.

—Cada vez me siento más involucrado con lo que pasa en las canciones. Me muevo en mundos muy distintos en el escenario. Las canciones te llevan y transportan. Con el tiempo logré abstraerme y tener una buena capacidad de concentración. Siento que tengo esa capacidad para aislarme, sobre todo cuando canto en los teatros. En los teatros, cuando hay una buena puesta de luces puedo encontrar refugios en ciertos lugares para respirar y afrontar de nuevo el micrófono, sin salir del escenario. Soy absolutamente tímido pero he logrado evolucionar. Creo que tengo evoluciones tardías (risas).

—¿Qué disfrutás hacer en tu tiempo libre? ¿Es cierto que visitás Uruguay muy seguido?

—Voy a Uruguay con mucha frecuencia porque me gusta mucho Colonia y los pueblitos como Santa Ana, Artilleros o Carmelo. Es más, cuando tengo que preparar un trabajo discográfico me voy para Uruguay un tiempo porque siento que encuentro lo que necesito para que las cosas avancen. También disfruto mucho pintar cuando estoy allá. Cuando pasen los años, si alguien se acuerda de mí aquí dirán que soy un cantante argentino. Pero si me recuerdan en Uruguay, dirán que era un viejo pintor uruguayo. Mis pinturas están cercanas al expresionismo, cada vez necesito menos elementos para dar la impresión de que está pasando algo en la tela. Y bueno, creo que eso también sucede en mi música. Recito y hablo de una manera muy directa con la gente, hay ciertas canciones muy coloquiales.

—¿Cómo vivís el paso del tiempo, que tan bien reflejas en tu canción "Cuando éramos niños"?

—El tiempo pasa demasiado rápido. Jorge Luis Borges decía que el tiempo de los niños pasa con mayor lentitud. Es posible, sin embargo, si hago memoria, el tiempo de mi escuela primaria se me pasó en un abrir y cerrar los ojos. Es decir, que en ese caso, no sólo no fluyó con lentitud sino que fue algo inmediato. Me dí cuenta que el tiempo va a una velocidad inexorable, tendremos que medirlo de otra manera. María Elena Walsh decía en un poema "en mi tiempo había tiempo, y después llegaron los relojes". Disfruto el paso del tiempo porque siempre lo comparto con gente que quiero mucho.

—En el homenaje que te hicieron en el programa "Gracias por estar", de Telefe, tus hijos te agradecieron la sonrisa, la boca y los dientes, que son tu sello personal. ¿Qué le agradecés vos a ellos?

—Ellos están muy presentes conmigo, muy pendientes de todo. Cuando me hicieron ese homenaje, estábamos muy sensibles por el problema de salud de mi esposa. Cuando tenés a alguien cercano que está pasando por un momento muy delicado, es inevitable la sensación de que estás en una montaña rusa. Cualquier cosa positiva que te digan te sube a las nubes, y si te dicen algo negativo por mínimo que sea, bajás de golpe como de un precipicio. Esa noche estaba pasando un momento así, por eso fue un programa muy intenso.

—¿Cómo es tu relación con tus hijos?

—Por más que vivan afuera (tres viven en Europa y uno en Argentina) estamos siempre en contacto. Ahora estamos planeando vernos todos juntos en abril. Mis hijos son creativos, serios y reflexivos y me encanta que sean así. Con ellos puedo charlar de todo y me apasiona escuchar el entusiasmo con el que cuentan las cosas. Tengo una relación muy fluida, ni mi mujer ni yo jamás tuvimos un roce con ellos. Uno de mis hijos, el que vive aquí, se ocupa de todas mis cosas, y eso tiene una gran importancia para mí porque no es que desconfíe de otra persona, pero hay un agregado que es lo afectivo. Y, contrariamente a lo que pueda pensar mucha gente, él es más exigente conmigo de lo que pudiera ser una persona externa a la familia. Me apura, me exige, me llama la atención. Y creo que eso está bueno. Los dos más chicos hicieron su carrera por otro lado, sin tener nada que ver con el espectáculo; uno es abogado, Licenciado en Ciencias políticas y militante por el Partido Socialista en Francia y la cuarta se dedica al arte, con ella tenemos en común el amor por la pintura y el mayor es actor. Ellos dicen que yo soy un padre muy presente pero hubo épocas en las que viajaba muchísimo y era complicado. Pero ahí la madre ha sido clave, mi mujer se entregó a eso. Todo lo que mis hijos tienen de positivo es en gran parte por ella.

—Como dice la frase popular: detrás de un gran hombre hay una gran mujer.

—Hay algo muy curioso: mi mujer no es una gran apasionada de la música. Me acuerdo que yo hablaba con Sandro cuando él estaba con su ex mujer, no la última sino la anterior, que era una fan que se sentaba en la quinta fila del teatro, cantaba y gritaba todas las canciones, le tiraba cosas, le decía potro y apenas terminaba el show se iba corriendo a la casa a hacerle la comida. Y Sandro me decía: "¡Ojo Mario! (él me decía Mario) A mí me gusta llegar a casa y comer comida". ¡Era re gitano, un patriarca! (risas). En mi caso, mi mujer no va al teatro a verme, sólo en casos excepcionales.

—¿Cómo sigue tu año?

—Tengo firmado contratos hasta fin de año, pero en abril corto porque se casa mi hija en Italia con un italiano. Aún me queda mucha actividad por delante arriba de los escenarios, pero además con el disco, porque mi plan es dejar el disco terminado, ir al casamiento de mi hija, donde me voy a olvidar completamente de eso y voy a poder tomar distancia para darme cuenta si hay algo que tengo que mejorar.

—Imagino que cantarás el Ave María en el casamiento de tu hija, ¿no?

—¡Sí! Ella me lo pidió, pero espero poder, ¡porque de la emoción se me va a cerrar la garganta!