Sábado 09 de Julio de 2022
Todos los que atravesamos los años 90, los memoriosos y hasta los más distraídos, recordamos que a fines de esa década estalló un escándalo llamado “sexgate” o “Clinton-Lewinsky”. La relación clandestina entre el entonces presidente de Estados Unidos Bill Clinton, de 49 años, y la becaria de la Casa Blanca Monica Lewinsky, de 22, tuvo un rebote mediático tan masivo como furioso. Las referencias burlonas a la joven becaria y los chistes misóginos sobre el caso (que en aquella época eran chistes a secas) inundaban los medios de EEUU y de todo el mundo. El escándalo propiamente dicho explotó en 1998, cuando el abogado Kenneth Starr (demócrata, del mismo partido de Clinton) presentó al Congreso una investigación de 445 páginas sobre las “conductas sexuales inapropiadas” del presidente, un informe repleto de detalles íntimos que llevó al mandatario a enfrentar un impeachment (juicio político).
Más de dos décadas después, la tercera temporada de la serie de antología “American Crime Story” (que en entregas anteriores revisó las historias de O.J. Simpson y Gianni Versace), se concentra ahora en aquel caso que, a la luz del movimiento #MeToo y las conquistas feministas de los últimos años, necesitaba ser revisado. Por eso “Impeachment” (así se llama esta temporada de diez capítulos, que también lleva la firma de Ryan Murphy) es una ficción casi ineludible, que plantea muchas preguntas al espectador y que propone una reflexión sobre dos épocas muy distintas.
Murphy y la guionista Sarah Burgess enfocan la historia desde el punto de vista de las mujeres que estuvieron involucradas en el escándalo: Monica Lewinsky (gran interpretación de la joven actriz Beanie Feldstein, hermana del actor Jonah Hill), la empleada del Pentágono Linda Tripp (una brillante e irreconocible Sarah Paulson), Paula Jones (la primera mujer que denunció a Clinton por acoso, encarnada por Annaleigh Ashford) y obviamente Hillary Clinton (Edie Falco, la estrella de “Los Soprano”).
Aunque las idas y vueltas de la relación entre el presidente (Clive Owen) y la becaria son el centro de la trama, el personaje de Sarah Paulson (actriz fetiche de Murphy) tiene un peso determinante. Linda Tripp es la informante, la “traidora”, una compañera de trabajo de Lewinsky que, confianza y amistad mediante, termina grabando a escondidas las confesiones de la chica a cambio de una oferta editorial tentadora. Las maniobras oscuras y el comportamiento ambiguo de esta burócrata gris funcionan como un gran motor de la narración, mientras la becaria recurre a ella para llorar por el destrato y los continuos desplantes del mandatario.
Con flashbacks y flashforwards, “Impeachment” bucea en los antecedentes de Clinton como acosador y las tensiones entre esta conducta y su gestión de gobierno, que amplió derechos de las mujeres y les dio lugar en su gabinete. También se enfoca en la relación del presidente y Hillary, un matrimonio que antepone la ambición política frente a cualquier conflicto. Pero, por sobre todo, la serie revela cómo Lewinsky se convirtió en un instrumento de extorsión del ala dura de la derecha conservadora y en un chivo expiatorio de las feroces internas políticas de Washington. La ex becaria (que figura como una de las productoras ejecutivas de la ficción) siempre ha reconocido que su relación con el presidente fue consensuada. Sin embargo, el escándalo que estalló después la expuso como uno de los primeros casos de lo que ahora se conoce como “cultura de la humillación”, y el abuso de poder se puede ver mucho más claro ahora que en los años 90.