"Hay cosas que yo no puedo manejar, pero Piripincho sí"
Hace 35 años que Piripincho conquistó el corazón de Héctor Ansaldi y a partir de ahí los corazones del público de todas las edades con el único fin de recordarles al niño que llevan dentro.

Sábado 18 de Julio de 2015

No existen fronteras etarias cuando se trata de mirar hacia adentro para encontrar al niño interior, a ese “ser inocente y sabio” que nunca debería perderse de vista. Hace 35 años que Piripincho conquistó el corazón de Héctor Ansaldi y a partir de ahí los corazones del público de todas las edades con el único fin de recordarles al niño que llevan dentro. Tan alto y flaco como el Monumento a la Bandera y tan de acá como Newell’s y Central, Piripincho ya forma parte de la iconografía de la ciudad. Cualquier rosarino reconoce frases como “salame de Milán” o “corazón de alcaucil” y si alguien le pregunta quién es el payaso dientudo de Rosario no dudarán en responder Piripincho. Ansaldi, quien le da vida a este ser tan tierno y mágico, es actor, director y docente local, y acaba de ser declarado “artista distinguido de Rosario”. Y asegura: “Piripincho tiene una carga metafísica para mí, no lo puedo dejar nunca”.

   Para celebrar este aniversario tan especial el actor realizará un espectáculo con lo mejor de la historia de Piripincho hoy, a las 16, en el teatro Broadway (San Lorenzo 1223), donde habrá actores, títeres, invitados y una gran pantalla interactiva en la que famosos rosarinos interactuarán con Piri. Antes de la presentación, Ansaldi mantuvo una charla íntima con Escenario en la que recordó los comienzos de Piripincho (“en realidad se llamaba Pelopincho pero se lo tuve que cambiar porque ya estaba registrado por la marca de las piletas”) y reveló sus más profundos deseos: “Sentí que tenía que volver cada tanto para darle un mensaje a los chicos para que puedan crecer positivamente”. Un periplo por la vida de este personaje amado al que la inspiración le habla al oído.

   —¿Cómo será este show de los 35 años? ¿Es un Piripincho aggiornado al 2015?

   —Nunca me gustó ser muy tecnológico para Piripincho. Me gusta la energía que da el teatro por el contacto directo con la gente. Me gusta más trabajar con los vestuarios, las telas y buscar cosas mágicas más que tecnológicas. Vamos a usar la pantalla para mostrar imágenes del pasado del personaje y a modo de escenografía. Este show lo vivo como un encuentro con los chicos que ahora ya son adultos y van con sus hijos. Ahora van tres generaciones juntas; la abuela, la madre y el chico. En este show van a actuar algunos de los personajes de antes. Es una celebración de todo este tiempo.

   —¿Cómo nació el personaje?

   —Nació en Buenos Aires en un programa de televisión que salía en Canal 9, se llamaba “Pepona Popina”, de Carlos Serrano. Serrano me dijo que me ponga lo que encuentre y salga a grabar. Ahí encontré los dientes, la peluca, un pullover que me picaba y unos zapatos que me quedaban chicos. Después en Rosario empecé a hacer el personaje en teatro. En la televisión surgió como Pelopincho pero no pude por las piletas, ya estaba registrado. Los nenes me decían Pirincho, pero el que hacía la música me dijo que no le sonaba muy musical y ahí le agregué un Pi más y quedó Piripincho.

   —¿Qué pegó tanto en el público rosarino para que este personaje se convierta en un ícono de la ciudad y traspase la barrera del tiempo?

   —Desde el principio intenté que el personaje no sea lindo, porque en las cosas infantiles suelen poner a la nena linda o al nene lindo. Piripincho era un reo, feo, mal vestido, pero que tiene algo interno que lo hacía mágico, divertido y sobre todo tierno. Cuando me llamaban para participar en programas de Canal 5, empecé a saludar a la gente diciéndole: “Hola, ¿cómo te va, salame de milán?”. Eso pegó mucho en la gente porque lo vio como algo simpático y desubicado. A través de las obras siempre quise llegar a una parte mágica de la vida. Y crear una fantasía a través de las cosas simples. Creo que cuando los adultos se relacionan con Piripincho se encuentran con su infancia. La inocencia y la sabiduría de la niñez no se deberían perder nunca. Muchas de las cosas que dice Piripincho están inspiradas en cosas que me dijeron los niños. Uno después se olvida de la intuición que tiene de chico y quedan las capas de corazón de alcaucil, como dice Piripincho, que van tapando.

   —Durante tu carrera también te dedicaste a hacer obras para adultos como “Zaratustra”, “Augusto Cielo e Infierno” y la reciente “Don nadie”, ¿qué diferencias encontrás entre el público adulto y el infantil?

   —Hacer obras para adultos es un relax porque trabajar para chicos es bastante difícil. A veces se lo considera un género menor, pero es difícil porque al chico hay que cautivarlo y sorprenderlo. En cambio el adulto se la banca. El chico te dice si no estás vibrando como él. Y ese es el punto, vibrar como un chico requiere de un entrenamiento muy especial.

   —¿Qué experiencias te marcaron cuando estabas en la piel de Piripincho?

   —Tuve experiencias bastante raras con Piripincho. Justo me vino a la cabeza una experiencia fea. Me acuerdo que una nena había desaparecido y la encontraron muerta abrazada a una foto de Piripincho. Eso me marcó mucho. Fue un golpe. Ahí pensé ¿por qué no estuvo Piripincho? Hay cosas que yo no puedo manejar pero Piripincho sí. Una experiencia muy importante fue haber ido a los hospitales a visitar a chicos que estaban muy mal y Piripincho les daba una energía especial que yo no les podría dar. En el 2000 sentí la necesidad de despedir el personaje e hice una despedida en el Anfiteatro ante 8 mil personas. Ese show me pegó mucho porque la gente pensó que se moría Piripincho y llamaban dando el pésame en mi casa. Mezclaron al personaje conmigo. Al año siguiente sentí que tenía que volver para darle un mensaje a los chicos, para que puedan crecer positivamente. Y volví a hacer un show. Preparé una obra en la que Piripincho vivía detrás del sol. Y me pasó algo muy loco. Cuando Piripincho bajó del sol, mis zapatos se empezaron a desintegrar. Aún no entiendo qué pasó. No sé si fue que bajó la energía del sol hasta los zapatos hasta desintegrarlos.

   —Fuiste declarado artista distinguido de la ciudad. ¿Te sentís apoyado en tu carrera?

   —La verdad es que uno no siente demasiado apoyo. La gente me pregunta por qué no estoy en televisión. El reconocimiento me pone bien. Es una especie de caricia. Cuando pienso que me hincho, siempre aparece algo que me da fuerzas para seguir.

    —¿Qué planeás para este año? 

     —Este año, además de cumplir 35 años con Piripincho, cumplo 50 años de actor. Empecé a los 14 años y desde ahí no paré más. Ahora estoy ensayando una obra que repasa todas los personajes que hice hasta ahora, creo que la voy a presentar en septiembre. Además, estoy preparando una obra con mis alumnos de clown. Y con “Don Nadie” quizás salgamos de gira. A Piripincho no lo puedo dejar nunca, tiene una carga metafísica para mí. Cada vez que baja, me deja medio fulminado, me produce un cimbronazo eléctrico.