Sábado 18 de Octubre de 2014
"No tengo nostalgia", afirmó Gustavo Bermúdez sobre su pico de popularidad, en aquella década en la que brilló en novelas como "Nano", "Celeste" o "Antonella". Ahora, a punto de terminar la emisión de "Somos familia", cuyo último capítulo se verá pasado mañana por Canal 5, el intérprete rosarino contó por qué se alejó y qué lo llevó a volver a protagonizar una tira en televisión después de casi diez años. Aunque en el medio participó en "Sos mi vida". Lejos de las presiones del rating y sin exigencias, pero con planes para otro programa y para hacer teatro en Carlos Paz, Bermúdez reconoció que hoy su personaje no "estaba instalado como objeto de deseo". Pero dijo que justamente decidió regresar porque quería hacer una tira "de esas que hace sentar a toda la familia frente al televisor". Hincha de Newell's, donde jugó al básquet hasta los 18 años cuando se fue a Buenos Aires, dijo que intenta transmitirle a sus dos hijas su amor por Rosario, y que cada vez que viene con ellas, se transforma en el guía más dedicado de la ciudad donde nació.
—¿Cómo fue la experiencia de volver a la televisión al frente de una tira diaria después de casi una década?
Me encantó. Fue una gran experiencia y todo se dio justo como para que me queden ganas de seguir trabajando. Ya hay algunas charlitas que estamos teniendo, así que si se concretan, por ahí el año que viene puedo estar trabajando de nuevo. Y hay una propuesta para ir a Carlos Paz, pero estamos evaluando si vamos o no.
—¿Qué tuvo "Somos familia" para sacarte de tu descanso en el sur?
—Primero, tenía ganas de volver con una tira familiar, de esas que hacen sentar a toda la familia frente al televisor y que ningún padre quiera manotear el control remoto diciendo, «no, pará, esto no», que nadie se sienta incómodo con las escenas y las situaciones. Ese era mi objetivo. Conocía a estos autores, Marcelo Nacci y Laura Barneix, que interpretaron muy bien el color del proyecto. Partiendo de ahí me sentí muy cómodo. Y también me encontré con un grupo humano fantástico, muy buenos profesionales todos. Y después con la respuesta del público que recibió muy bien la historia, con gente que me escribe todo el tiempo en Twitter. Se dieron muchas cosas que no se dan muchas veces en los trabajos. Así que cuando se da lo valoro.
—¿Encontraste un panorama muy distinto al que dejaste?
—No tan distinto, por lo menos en lo que tiene que ver con la ficción. Este mismo programa lo podría haber hecho en el 2000 y hubiera sido exactamente igual. No le encuentro ningún cambio más allá de las cosas que tienen que ver con las cosas que pasan hoy en la vida cotidiana, como el uso de Skype, o del celular, y que están todos muy pendientes de eso y que hasta te obligan a escribir distinto. Entonces (cuando buscás a alguien) decís, «ah, está en tal lugar»; lo llamás, te atiende y listo. Cuando yo estaba no se le daba tanta importancia a eso, pero es lo único que creo que se modifica. Se podría haber contado esta misma historia en el 80, en el 90 o en el 2000.
—¿Qué pensás del cambio de guiones sobre la marcha, la medición minuto a minuto, cosas que hacen que una ficción desaparezca mucho antes de lo imaginado. Eran otras las presiones?
—La presión, por lo menos en lo que yo recuerdo de cuando empecé, el rating siempre fue importante. Tuve la suerte en "Somos familia" que salimos con muchos capítulos grabados. Cuando salió al aire el primer capítulo, teníamos 120 grabados, o sea que no se podía modificar nada. Y eso también avala la ficción. Cuando estás convencido del programa que estás haciendo no es necesario andar dando volantazos. Esto creo que es una respuesta a la pregunta sobre el minuto a minuto. La ficción es un cuento. No es como un programa en vivo. En vivo si hacés una nota y mide muy bien, no la corto. Ahí lo entiendo, pero en una novela o una ficción no influye tanto.
—Este programa reclamaba un galán con otras responsabilidades, distintas a las de "Nano" o "Antonella". ¿Fue hecho a tu medida?
—Sí, digamos que no fue un personaje que estaba instalado como objeto de deseo, sino que la historia pasaba por otro lado.
—¿Sentiste eso como una pérdida?
—No, al contrario fue como una sugerencia mía. Era lo que yo tenía ganas de hacer y volver con un personaje así.
—¿Cómo viviste la transición del galán joven de telenovelas a este personaje más maduro?
—No lo sentí así. Me parece que fue otro tipo de personaje, pero no lo analicé desde ese lado.
—¿Tenés nostalgia por aquella etapa?
—No, no tengo nostalgia sobre eso. Siempre trato de disfrutar y agradecer el momento que estoy viviendo, que son lindos cuando te lo permite la salud y la vida. Creo que hay que saber disfrutarlos y bienvenidos sean.
—¿Por qué te bajaste del pico de tu fama cuando llegar a ese punto en muchos casos un objetivo?
—Me daba cuenta que con el tema de los tiempos de grabación, iban a crecer mis hijas y me las iba a perder. Fue una decisión difícil en ese momento pero hoy a la distancia no me arrepiento. Ya las veo grandes y digo qué suerte que pude verlo. Y fue lo que más me tiró, esa parte, que dije «hagamos un paréntesis ya que la vida me está dando esta posibilidad », porque no siempre te la puede dar. Y me dio esa posibilidad y la tomé. Elegí eso en vez de seguir buscando cosas materiales.
—¿Qué buscabas en el sur, que en el cine es un destino mítico?
—Podría haber sido otro lugar también, y a mi en lo particular me gusta el interior. Se dio en el sur, pero es más, me hubiese gustado algo más de campo. Pero en ese momento yo había grabado una telenovela en San Martín de los Andes y a mí y a mi mujer también nos había gustado ese lugar, coincidimos y nos quedamos ahí.
—¿Viviste la popularidad de otra manera en ese lugar?
—Cuando yo fui eramos 20 mil habitantes, y es lógico, porque te ves y te cruzas todos los días, el vínculo es más personal, en cambio en las ciudades grandes sos más un número. En aquellos lugares con menos habitantes todo es más personalizado, desde el médico hasta el supermercado o lo que quieras, todo es más cotidiano.
—¿Qué impresión tenés de la televisión actual?
—No noto cambios tan radicales. La verdad que no. Sí creo que hay mucho más programas que antes no había, que son de panelistas y que creo que tienen que ver con una cuestión de costos. Pero ese es el único cambio que noto. Cambian los contenidos, con cosas más modernas, en realización, escenografía, iluminación, efectos, pero en el resto, en contenidos, no veo muchos cambios. Si lo analizás, en todo lo que tiene que ver con lo audiovisual, con ficciones, tanto en cine como en televisión, ahora se están poniendo películas remasterizadas y las reponen como reestrenos. Creo que el tema de la calidad de la imagen es una excusa pero que en realidad...
—¿Faltan ideas, no se renueva?
—No sé si se tienen que renovar. Es la manera de contarlos. Creo que los cuentos son siempre los mismos. Las historias son siempre las mismas, son las historias de amores, de pasiones. Cambia la manera de contarlas o los intérpretes. Los Montesco y los Capuleto tienen 500 años. Las familias enfrentadas y todo lo que escribió Shakespeare creo que es la base de todas las historias.