Domingo 12 de Diciembre de 2021
Un simple compilado, un libro, una grabación inédita, un video, una foto que nunca habíamos visto. Cualquier cosa que se edite de los Beatles, por más ínfima que sea, genera revuelo y expectativa. Por eso no es para nada extraño que hace días se esté hablando (discutiendo, analizando) sobre “Get Back”, el documental de casi ocho horas (divididas en tres capítulos) que lanzó Disney+ sobre los últimos días del grupo de Liverpool. “Get Back”; más allá de los resultados y las valoraciones artísticas, es un hecho histórico en sí mismo: con el aval de los ex integrantes de la banda o sus herederos, el director Peter Jackson (“El señor de los anillos”) y un gran equipo de expertos recuperaron 60 horas de filmaciones y 150 horas de grabaciones de sonido de las sesiones de “Let It Be”. Es un material inédito de una etapa supuestamente oscura de los Beatles, cuando faltaba poco más de un año para su disolución y las diferencias entre Paul McCartney, John Lennon, George Harrison y Ringo Starr se hacían cada vez más notorias.
Para los fans de los Beatles y estudiosos de la historia del rock en general “Get Back” es un festín: ahí pueden espiar a sus ídolos como por el ojo de una cerradura, como si fuera un reality show, durante horas y horas de ensayo y discusiones de cómo volver a tocar en vivo (el grupo llevaba más de dos años lejos de los escenarios), rodeados de sus asistentes, parejas y amigos. Para el público que apenas escuchó a la banda puede resultar una experiencia agobiante, y tampoco sirve como introducción para los interesados en conocer al grupo. De ninguna forma. Igual decir que este documental es “sólo para fans” tampoco suena bien, porque convengamos que ese “sólo” equivale a millones y millones de personas en el mundo.
Hecha esta aclaración fundamental, él que admira a los Beatles o se dice conocedor de ellos y no se sumerge en este documental debería ser penado por la ley. Aún con todos sus defectos (Peter Jackson se excede en el metraje y se detiene demasiado en los ensayos de las mismas canciones), “Get Back” es una obra imprescindible. En primer lugar porque derriba algunos mitos, y en segunda instancia porque revela hasta qué punto los realizadores de ese proyecto (que inicialmente iba a ser un especial para televisión) estaban decididos a mostrarlo todo. ¿Quién hubiese pensado que iban a esconder un micrófono en un florero para captar una conversación íntima entre Lennon y McCartney sobre el liderazgo del grupo? Pero eso sucedió. Y más también.
Uno de los mitos que derriba “Get Back” es que los Beatles a esa altura componían cada uno por su cuenta y tenían escasa comunicación. En los ensayos se los ve colaborar, intervenir en las canciones de otros, intercambiar puntos de vista. Había respeto y camaradería. El problema era más bien todo lo contrario: la falta de orden, la falta de guía y cómo extrañaban la figura de Brian Epstein (su histórico manager que murió en 1967). John lo expresa muy claro en un momento y Paul dice textualmente: “Tengo miedo de ser el jefe, y lo he sido durante un par de años. No recibo ningún apoyo”.
Otro mito que cae en el documental es el papel supuestamente decisivo que tuvo Yoko Ono en la separación de los Beatles. Es cierto que en esa época ella estaba presente en casi todas las sesiones de grabación, lo que podría interpretarse como que buscaba una participación en el proceso creativo. Pero eso seguramente es más molesto para algunos espectadores del documental que para los mismísimos Beatles, que parecían ya acostumbrados a la presencia de la japonesa y que asumían que John estaba perdidamente enamorado de ella. Lo que sí se nota mientras transcurren las horas del documental y los ensayos es que tanto Lennon como Harrison se sentían desencantados con el grupo. Paul trataba de empujar ese tren con su típico entusiasmo (como si no lo pudiese evitar) y Ringo simplemente se dejaba llevar o se aburría con las discusiones de los otros. El mayor momento de tensión se da cuando George abandona a la banda por unos cuantos días, y los demás se ven obligados a conciliar para llegar a un acuerdo. Después Harrison incluso dice que quiere grabar un álbum solista, aunque lo sugiere como un proyecto paralelo a los Beatles.
Entre la gestación de canciones hermosas como “Let It Be”, “The Long And Winding Road” y “Dig A Pony”, u otras que después iban a formar parte de “Abbey Road” como “Something” y las breves gemas de la cara B, el documental pasa de la tensión a la risa y de la tristeza a la belleza en cuestión de segundos. Hay momentos que maravillan (como cuando McCartney saca al toque los acordes de “Get Back”, con pasmosa naturalidad), otros que dan escalofríos (cuando el productor Glyn Johns le advierte a Lennon que Allen Klein _futuro manager del grupo_ es un chanta) y otros que inspiran ternura (como cuando los Beatles y sus mujeres escuchan las canciones sonriendo, tomados de la mano, como si fueran una familia, o el famoso concierto final en la terraza de Apple, que parecía una aventura de chicos jugando).
Es inevitable que la nostalgia se adueñe de uno cuando mira el documental, aunque es más fuerte la nostalgia que destilaban los propios Beatles en aquel enero del 69: ahí estaban disfrutando de hacer covers de rock and roll de los años 50 y riéndose cómplices cuando recreaban sus primeras composiciones, como si estuviesen persiguiendo un pasado tan cercano como inalcanzable. Es ese mismo pasado que, ahora muy lejano, no para de volver y nosotros recibimos, otra vez, con los brazos y los oídos abiertos.