"Fue la mano de Dios", una película entre la tragedia y la esperanza
La autobiografía de Paolo Sorrentino se estrena este miércoles en Netflix. La parábola de vida y muerte que conecta al realizador italiano con Diego Armando Maradona

Miércoles 15 de Diciembre de 2021

Fue la mano de Dios”, que se estrena hoy en Netflix, es una película autobiográfica en la que el director Paolo Sorrentino confronta la tragedia que marcó su vida siendo adolescente, que fue la muerte accidental de sus padres por una fuga de gas. El título es un homenaje a Maradona, ídolo futbolístico del director de “La gran belleza” y protagonista involuntario del suceso, ya que los padres de Sorrentino (Nápoles, 1970) murieron cuando la pareja se fue un fin se semana a una casa de campo, a la que él prefirió no acudir para no perderse el partido del Nápoles en el que jugaba el astro argentino.

  “Fue una época muy dolorosa”, admitió en rueda de prensa el director. Solo ahora, añadió, con 51 años, encontró la madurez y la distancia adecuadas para poder contarlo de la mejor manera que sabe.

  “Soy muy miedoso en la vida pero valiente en mis películas, supongo que es una forma de coraje diferente”, señaló flanqueado por sus actores, Filippo Scotti, que encarna a su alter ego juvenil, su intérprete fetiche Toni Servillo, aquí convertido en su padre y Teresa Saponangelo, que hace de madre.

  “Fue la mano de Dios” es una historia de transición a la edad adulta en la que, pese a todo, Sorrentino no renuncia a sus señas de identidad: el hedonismo, el humor, la melancolía y ese toque surrealista y exagerado que se entiende mejor conociendo a esa familia y esa ciudad de Nápoles en la que transcurre la historia.

Fue la mano de Dios | Tráiler Oficial | Netflix

  “Obviamente una película tiene sus exigencias, no se trata de mi autobiografía, hay elementos que son verdad y otros que no, pero lo que es siempre verdadero son mis sentimientos o lo que yo recuerdo que sentí siendo un adolescente”, expuso.

  Aunque estilísticamente sea su trabajo más sencillo, “Fue la mano de Dios” explica también la manera de entender el cine de Sorrentino y el origen de su vocación. “No me gusta la realidad, por eso quiero hacer cine”, dice en el filme el protagonista, que se llama Fabietto.

  Entre las referencias que sí son verdad destaca la aparición providencial en su vida de otro cineasta napolitano, Antonio Capuano de quien aprendió lo esencial del oficio, según contó hoy Sorrentino: “La idea de que no hay película sin un conflicto que conduzca a la pacificación, de eso se trata el cine y eso me lo enseñó él”.

  Sobre el título, “Fue la mano de Dios”, que alude a la explicación que Maradona dio de su mítico gol marcado con la mano en el partido que la Argentina le ganó a Inglaterra en el Mundial de México 86, Sorrentino considera que es “una frase bellísima”.

  “Es paradójico que la dijera un futbolista porque es una gran metáfora, un emblema que tiene que ver con la suerte o la divinidad si crees en ella, yo creo en el poder semidivino de Maradona”, afirmó sobre el astro argentino fallecido el 25 de noviembre de 2020.

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  Toni Servillo, protagonista de algunas de las películas más emblemáticas de Sorrentino, como “La gran belleza” (“La grande bellezza”), “Il divo” o “Silvio y los otros”, recordó que el plan de “Fue la mano de Dios” se remonta hace dos décadas atrás, cuando junto con el director concurrieron al Festival de Venecia para presentar su primer largometraje, “El hombre de más” (“L’uomo in più”) .

  “Ya entonces me dijo que esperaba encontrar algún día la distancia adecuada para hacer esta película y cuando me dijo que quería que yo hiciera de su padre fue realmente emocionante”, subrayó.

  La pareja a la que dan vida Servillo y Saponangelo es una pareja vital, enamorada y con mucho sentido del humor, pero lejos de la idealización, tiene algunos problemas. Sorrentino manifestó que sus guías en todo este proceso han sido deshacerse de lo no esencial para la historia y evitar el exceso de sentimentalismo.

  Si hace 20 años llegó a Venecia de la mano de Toni Servillo en el arranque de su carrera cinematográfica, lo que espera de esta ocasión, dijo, tras entregar al público “Fue la mano de Dios”, es “que esto sea un nuevo principio”.

  “Seguramente para mí era necesario, llevaba 35 años enfrentándome a mis dificultades y mis dolores, tenía que enfrentarme a la tragedia”, destacó Sorrentino. “Es una realidad adaptada al hecho cinematográfico, algunas partes han sido adaptadas para que el público las pueda comprender, pero mis sentimientos son siempre reales en la película o lo que yo recuerdo que sentí siendo un adolescente”, abunda Sorrentino sobre la obra que aúna arte, fútbol, vida o religión desde una mirada auotobiográfica.

  Interpretado por el actor Filippo Scotti, Paolo Sorrentino revela las dificultades para trasmitirle a Toni Servillo cómo debía encarnar a su padre. “No fui capaz de explicarle quién era mi padre, se lo ha inventado él. Yo perdí a mis padres con 16 años y la imagen que se me quedó de mi padre era más misteriosa que la de mi madre. Para Toni Servillo era un honor, un gran acto de amor recíproco interpretar a mi padre”, recuerda.

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Paolo Sorrentino con los protagonistas en la presentación del filme en el Festival de Venecia.

Maradona: la alegría de vivir

Si Sorrentino se sobrepuso a la trágica pérdida de sus padres fue gracias a la aparición de un Dios al que agarrarse. “Los puntos de contacto de Maradona con la religión son muchísimos. Para empezar, Maradona no aterrizó en Nápoles, Maradona apareció en Nápoles, se materializó. La primera vez que lo vieron los espectadores en el estadio de San Paolo apareció ascendiendo desde una gruta como Jesús. Y cuando Maradona intentaba escapar de la presión de los hinchas napolitanos, cuando daba vueltas en un coche y se bajaba, se materializaba dentro de la ciudad. Son muchos los elementos en común entre Maradona y el divino”, expone.

  “Jesucristo fue un hombre que vivió con todas sus debilidades y Maradona ha vivido con las mismas debilidades. El Dios que yo amo es cercano y tiene imperfecciones porque se parece a todos nosotros. Y Maradona es muy parecido a ese Dios”, añade con pena por que el mito argentino no llegara a ver su obra.

  “Nápoles era una ciudad muy pobre, con enormes dificultades. Acababa de haber un terremoto, el crimen organizado dominaba la ciudad, la gente tenía miedo, era una ciudad muy peligrosa. La llegada de Maradona hizo saltar por los aires todo ese clima asfixiante, porque restituyó la alegría de vivir, la libertad, la esperanza. Llegó en un momento histórico, Maradona fue un libertador para Nápoles, como los americanos al final de la Segunda Guerra Mundial. ¿Por qué me voy a interesar por personas comunes?”, concluyó.