"Fleabag": a diez años del debut de una de las series que hay que ver antes de morir

Apenas doce capítulos de una historia que te hace reír mientras te rompe el corazón. Con el sello de la inigualable Phoebe Waller-Bridge

14:51 hs - Martes 21 de Julio de 2026

“El amor no es para débiles, ser romántico demanda muchísima esperanza”. Hace exactamente diez años, un 21 de julio de 2016, en medio del verano londinense, la BBC emitía el primer capítulo de una serie que pronto se convertiría en un fenómeno cultural: “Fleabag”. Una propuesta tan inteligente como cruda que, desde entonces, aparecería invariablemente en todas las listas de “series que hay que ver antes de morir”. Una de esas joyitas inclasificables que caminan con maestría entre el drama y la comedia, sí, una serie que hace reír mientras te rompe el corazón.

Creada y protagonizada por la británica Phoebe Waller-Bridge, “Fleabag” fue primero una obra de teatro. En realidad, un unipersonal. En 2013, Phoebe subió sola al escenario y dio su monólogo frente al mundo. Con apenas una silla y hablando directo a la audiencia, se mostró vulnerable y arrancó carcajadas.

Tres años más tarde, el proyecto tomó formato audiovisual. “Una joven de Londres, con dudosas intenciones y sexualmente activa, intenta lidiar con la vida en la gran ciudad mientras hace el duelo de una reciente tragedia”. La sinopsis oficial no le hace justicia a “Fleabag”: dice mucho pero no dice nada. Sí, “Fleabag” es una serie de duelo, también de sexo, pero con gran protagonismo de otros temas como el amor, la obsesión, la familia, y la soledad.

Quien se asome sin previo aviso a la serie observará en el primer capítulo los movimientos poco coordinados de una joven millenial en crisis, una joven que usa (y abusa) del sexo y el humor sarcástico como escudos ante la vida. Luego, habrá atisbos de lo que realmente esconde ese comportamiento: una pérdida, la culpa, la angustia, las contradicciones.

Cada escena cuida el detalle, nada sobra, nada falta. Las palabras exactas de los diálogos. Las miradas. Los gestos. Los chistes. Todo fluye de manera perfecta. El espectador se entrega al juego y es seducido por una protagonista que no puede ser la heroína de nadie pero, a la vez, está cerca de todos. Se equivoca, una y otra vez, pero siempre se muestra honesta y vulnerable.

Fueron apenas seis capítulos y el mundo cayó rendido a los pies de Waller-Bridge (que no estuvo sola en esta aventura, estuvo acompañada por un elenco de notables donde se destacaban Sia Clifford como su hermana Claire, con quien tiene un vínculo de amor-odio, y también la genial Olivia Colman como su madrastra). Y hasta ahí hubiera sido la cosa pero la BBC le pidió, le rogó, a la artista que encarara una segunda parte. Durante un tiempo, ella se negó porque “no tenía nada para contar”. Pero tres años después, 2019, llegó una especie de revancha: otra tanda de seis capítulos, en una segunda temporada.

Sin dudas, romper la cuarta pared (hablarle directo a la cámara) fue desde el comienzo uno de los grandes aciertos de “Fleabag”. La vuelve cercana. No, romper la cuarta pared no es una novedad, cualquiera que haya visto “The Office” lo sabe, pero Waller-Bridge lo usa como nadie. La cámara, por momentos, es un personaje. Pero también es una herramienta que tiene la protagonista. Y, acá está la clave: el objetivo de hablar a cámara varía en cada temporada. En los primeros capítulos, la audiencia es cómplice de esa joven descocada con rutina delirante que piensa y actúa en exceso. Pero en los últimos capítulos se abre una brecha cuando el “hot priest” ("cura sexy" interpretado por Andrew Scott) nota la pared derribada, lo que exacerba la vulnerabilidad de una protagonista que ya volvió a su eje, solo para volver a perderlo por culpa de un amor imposible.

Algo muy genial en “Fleabag”: es una serie de apenas dos temporadas, tan distintas como complementarias. Son doce episodios de menos de media hora (muy maratoneable, ideal para el rewatch). Y jamás habrá una tercera temporada, lo que la vuelve aún más perfecta porque no corre el riesgo de arruinarse en un intento por forzar continuidad como les pasó a tantas otras series. Hay una historia que avanza y un final conmovedor -que habla de amor y de desamor a la vez-, un final que logró, fiel al estilo de la serie, incluso transformarse en meme. Sí, todo pasa. Pero queda ”Fleabag”.