Lunes 03 de Mayo de 2010
Hay que hacer un repaso exhaustivo, minucioso, para encontrar qué músico del rock nacional puede
dar en la Argentina un show de dos horas y media, con treinta canciones, de las cuales 25 sean para
corear de punta a punta. En esa lista, donde seguramente integrará Charly García y Luis Alberto
Spinetta, es indiscutible que está Fito Páez.
El músico rosarino volvió a demostrar, por si hacía falta, ese poder de
convocatoria y de interpretar canciones que están metidas en el inconsciente colectivo de los
últimos 25 años, nada menos.
Y lo hizo con un show sin fisuras, en el lanzamiento de la gira nacional
de su disco “Confiá”, con una banda sutil, cuando le tocó serlo, y potente, cuando la
llamaron a poner los pelos de punta.
La cita fue el viernes pasado en Metropolitano, ante un público que por
momentos tuvo una efusividad ambigua, lo que generó el enojo y la burla del cantante, quizá un poco
exagerada, porque sintió que el ida y vuelta no era el esperado. Pero el show estuvo a la altura de
cualquier concierto internacional que pisó Rosario. No sólo por la impecable puesta escénica, sino
porque tuvo una estructura que no dio respiro.
Cosa seria. “Follies Verghet” abrió el fuego, y ahí se notó al toque
que esta banda era cosa seria. Al frente y ubicados uno en cada vértice del escenario, Diego
Olivero y Juan Absatz, en teclados y coros, se empeñaron en colocar al detalle cada arreglo de las
versiones originales, y lo hicieron con técnica y profesionalismo; y en el fondo, una línea de
cinco que no desentonó: Dizzy Espeeche, en guitarra eléctrica, versátil y efectivo, Carlos Vandera,
en guitarra acústica y coros; Eloy Quintana, en bajo, Gastón Baremberg, en batería y Coki
Debernardi, en guitarra, coros y percusión.
“Tiempo al tiempo” y “Confiá”, dos de los hits
del nuevo disco de Fito, fueron bien recibidos por la gente, que, como suele ocurrir, siempre va a
disfrutar los clásicos. Y no tardaron en llegar. Desde la furia de “El chico de la
tapa” y “Naturaleza sangre” hasta la trágica “Polaroid de locura
ordinaria” y la bella “11 y 6”.
“Tumbas de la gloria”, con esa mezcla de Astor Piazzolla,
Virgilio Expósito, Paul McCartney y ”La Máquina” de Charly García, como se encargó de
detallar el autor, volvió a brillar. “Es insólita porque sigue estando buenísima”,
bromeó.
El amor y las ganas de dar “esa buena leche que te haga bien para
siempre”, como dice en “Limbo mambo”, una de sus canciones nuevas, sigue siendo
el leit motiv de este momento artístico de Fito. Lo ratificó en el cierre, con los trapos al viento
de “A rodar mi vida” y con “Dale alegría a mi corazón”. Fito sigue ahí, y
hoy, como ayer, como si fuera una “mariposa tecknicolor”, sólo te vuelve a ver.