"Filosofía en el tocador", libertinaje y sexo a la francesa
Bajo la dirección de Omar Serra, pone en escena con oscuros tintes de decadencia, pornografía y libertinaje.

Domingo 21 de Mayo de 2017

Son tiempos de revuelta, de guillotina y sangre. Mientras en la París del Iluminismo se resolvía la modernidad política europea, en el Palacio de Versalles, la Corte se dedicaba a otros menesteres: el sexo desenfrenado, por ejemplo. Hacia allí apunta el Marqués de Sade con su filosa pluma y pone en circulación "Filosofía en el tocador", un texto crudo y violento que el grupo Klan Destino, bajo la dirección de Omar Serra, pone en escena con oscuros tintes de decadencia, pornografía y libertinaje. Una versión impúdica que a veces peca de inocente y en otras lo hace con absoluta conciencia del terrible texto que tiene entre manos. Casi una ofensa a la moral, pero a propósito.

"Filosofía en el tocador" es una obra de teatro del llamado circuito off. Es decir, no está en las carteleras públicas, se ofrece en la sala Alfred Jarry (de 37 localidades), se puede reservar entradas sólo por las redes sociales y no posee subsidio alguno del Estado ni de privados. Así, una noche de teatro se convierte en una loca aventura de sábado.

En la corte. No tan simpáticos y por qué no detestables personajes participan de la iniciación de una joven virgen en el terreno de las artes amatorias, mientras la revolución está a pocas horas del palacio. Con real dedicación y esfuerzo, los intérpretes intentan recorrer un libro fecundo en mañosas metáforas acerca del sexo y lo hacen con algunos aciertos. De entre ellos sobresale la zarpada madame interpretada por Oscar Sanabria, el mayor hallazgo de la obra, a quien acompañan Sebastián Tiscornia, Dani Buscapalomas, Ananá Fyerrera, Carolina Boetti y George De Bernardis.

Impresiona el clima de opresión y religiosidad que exhibe la puesta, y la obsesión del director por el sexo explícito, marca que aparece casi sin necesidad en una pantalla gigante, como separador de actos.

Así, "Filosofía en el tocador" emerge como una huérfana de entre la oferta teatral rosarina. Por su propuesta, por su puesta y por el riesgo que se asume con una obra clásica. Lo demás es entrar a la sala y dejarse llevar por el horror. Y salir de allí, cuerdo, para contarlo.