La pretensión era no caer en la obviedad. Evitar lo que está a la vista para bucear en otros
mares menos poblados. Intentar descubrir qué contenía el bonito envase y con algo de viento a favor
acercarse a una confidencia o revelación que permitiera sentirse satisfecho con el trabajo. Pero
desde un principio Eugenia Tobal puso las cosas difíciles. “Hagamos como que recién me
levanto de dormir”, bromeó ella y la musculosa blanca, el pelo revuelto y los chichoneos con
el almohadón fueron demasiado para cualquier intención original.
–¿Le sale natural ser sexy?
–Ahora de más grande me está divirtiendo más. Cuando era más “chiquita” tenía
más prurito, pese a que nunca tuve problemas con el cuerpo. Pero pasé los treinta y empecé a
entender de qué se trataba todo esto.
–¿Y de qué se trata todo esto?
–Hay que aceptar que es un juego. Ahora estamos jugando a la foto sexy, a salir en la
revista, a aprovechar el momento. Pero siempre sabiendo que hoy estás y mañana no.
–¿Cuánto la ayudó la belleza?
–Supongo que algo habrá servido, pero nunca lo aproveché. Siempre fui reservada, me tapé
bastante. A lo mejor si me hubiese destapado de más chica hubiese logrado cosas más rápido. De
haberme animado a hacer fotos más osadas quizás hubiesen pasado otras cosas, no lo sé, igual no me
arrepiento.
–¿Alcanza con ser linda para trabajar de actriz?
–Para nada. Uno tiene que tener vocación y pasión. También tiene que haber esfuerzo,
trabajo y dedicación. Y si tenés talento y estudio, mucho mejor. Si solamente sos linda eso dura
hasta que empieza a caerse todo.
–A usted todavía no se le cayó nada.
–Es verdad. Estoy mucho mejor ahora que a los 20. Pero soy de cuidarme más la salud que el
cuerpo. Como sano, hago un poco de deporte y me cuido con un dermatólogo que me ayuda con todo lo
que tiene que ver con la cara. Hago lo normal.
–¿Al pasar los 30 siente que el reloj biológico avanza más rápido?
–En mi caso tengo muchas ganas de ser madre. Un referente muy grande es mi mamá y otro
gran ejemplo es mi familia. Tengo muchos sobrinos que me están entrenando a lo pavote. Por eso creo
que voy a ser muy buena madre. No hay chances de que no lo sea.
–¿Se sintió alguna vez encasillada en un papel?
–Nunca. Todos los personajes que hice tuvieron algo distinto y por suerte los pude
transitar a su manera. Aunque lo que más resaltaron siempre fue lo que hice en “099
Central”.
–¿Qué no negocia?
–La incomodidad de estar en un lugar donde no me están cuidando ni tratando bien. Soy
responsable, llego a horario, me sé la letra casi siempre y nunca tengo problemas con nadie ¡Soy
muy buena! (risas).
–¿Me va a negar que nunca hizo una concesión?
–Si alguna cosa no me cierra y otras tantas sí, voy para adelante. Pero si veo que hay
muchas que no me cierran digo no. Me guío bastante por la sensación que tenga en el estómago. Si
siento algo no es para mí.
–¿Ya le llegó el papel soñado?
–No soy de ponerme techos o límites. Quiero el que venga, el que me guste. Tengo miles de
personajes que me gustaría hacer.
–Dígame el que más...
–Me gustaría hacer algo de acción. Soy muy inquieta y quiero aprovechar el cuerpo antes de
que me vuelva más grande y no me pueda mover. Me veo pegando piñas y patadas. Sería una versión
argentina de Kill Bill o Tomb Raider. O tal vez protagonizar Terminator 144. Eso me gustaría.