Ernesto Jodos llega a Rosario para festejar los 20 años del sello BlueArt
El pianista se presenta el domingo 21 de noviembre en el Complejo Cultural Atlas en un festival de jazz. "El consumo de jazz en ciertos lugares se volvió un poco elitista", aseguró

Sábado 20 de Noviembre de 2021

Con una extensa discografía y varios galardones en su haber, Ernesto Jodos es uno de los mayores referentes actuales del jazz argentino. A los 16 años ganó una beca del Berklee College of Music (Estados Unidos), donde se graduó Magna Cum Laude (con grandes honores) en 1993. A principios de este siglo la crítica lo consideró una revelación como pianista y compositor, y recibió el premio Konex de Platino en 2005 y dos premios Gardel en 2008 y 2009. Jodos editó seis discos con el sello rosarino BlueArt, que está cumpliendo 20 años de vida, y por eso el domingo 21 de noviembre será figura central (junto a su trío) del Festival de Jazz BlueArt, que se realizará desde las 20 en el Complejo Cultural Atlas (Mitre 645). Ahí compartirá escenario con Rocío Giménez López Cuarteto, Pablo Socolsky (solo piano) y el tecladista Mariano Ruggieri.

BlueArt Records fue fundado en 2001 por el periodista y productor discográfico Horacio Vargas (ver aparte). El sello posee un catálogo con 116 discos de jazz y música contemporánea publicados en formato físico y digital, y entre sus artistas figuran Gerardo Gandini, Carlos Casazza, Jorge Migoya y Paula Shocron. En BlueArt Jodos editó joyas como “Solo” (2004), “Fragmentos del mundo” (2011), “Actividades constructivas” (2014) y “La mirada detenida” (2019). En charla con La Capital, antes de llegar a Rosario, el pianista habló del complejo panorama para la escena del jazz post pandemia y de los estudiantes de música que se acercan al género.

—¿Cómo empezó tu relación con BlueArt Records?

—Todo empezó con un correo de Horacio Vargas. Yo no lo conocía a él, aunque unos años antes nos había llevado a tocar a Rosario con un trío que yo tenía que se llamaba Cambio de celda. El me propuso hacer un concierto de piano solo, lo grabamos y él me dijo: “Si te gusta como queda lo editamos y si no no” (risas). Yo lo pensé un poco, porque en esa época no tenía mucha experiencia tocando conciertos enteros de piano solo. Pero al final lo editamos y fue una gran experiencia.

—¿Quedan en el país sellos de jazz que sean realmente representativos?

—Bueno, sellos, sellos... No quiero ofender a nadie (risas), pero quedan muy pocos. Y que edite en soporte físico en la Argentina casi ninguno. Hay sellos muy chiquitos que están editando material sólo en formato virtual.

—¿Se pierde mucho escuchando jazz en formato virtual?

—Hay que aclarar que virtual no es necesariamente Spotify o YouTube. Los artistas y muchos sellos usan Bandcamp, que es una plataforma en donde vos podés subir tu música en el formato que quieras. Lo podés subir en WAV, que equivale a la calidad de un CD, y tenés la opción de que sea pago o no. Ese es otro nivel de escucha. En Spotify y en YouTube sí se pierde un montonazo, porque la calidad es muy mala. Es raro lo que pasa ahora, porque parecería que es mucho más caro que antes escuchar bien música. Todos los equipos de música hogareños que se venden hoy son de mala calidad. Hace 30 ó 40 años no pasaba eso. Mucha gente, en especial gente joven, no tiene realmente dónde escuchar música más que la computadora y algún parlante. Es una batalla perdida desde el vamos. Creo que el problema en sí no pasa por el precio de los CDs. Un CD nacional puede estar entre 1.000 y 1.500 pesos. No digo que lo pueda comprar cualquiera, pero habría que ver cuánto sale una botella de vino más o menos decente. Lo que sí se puso muy caro es tener un lugar de calidad donde reproducir un CD.

—La pandemia representó un golpe muy fuerte para los espectáculos en vivo. ¿Creés que el jazz se está recuperando de ese cimbronazo? ¿Dónde está parado el género ahora?

—Veamos... En principio fue un golpe durísimo para todos, especialmente para los músicos que vivimos de tocar o para quienes eso representa una parte importante de su ingreso. En Buenos Aires la actividad se retomó a partir de octubre o noviembre del año pasado. Algunos locales pudieron sacar sus escenarios a la vereda o la calle, y en verano pudieron abrir con el aforo limitado. Ahora ya hay muchas aperturas y digamos que la situación es de normalidad. Lo que yo noté es que todo el circuito estatal —que es muy importante para la música independiente o instrumental— ya venía achicándose y ajustándose antes de la pandemia. Y con la pandemia como excusa directamente se cortó. Eso es lo que cuesta retomar. Y no va a ser tan fácil que vuelva a suceder. Eso es un golpe también, porque si bien uno puede tocar en boliches, clubes y lugares chiquitos, muchos trabajos en festivales o en otras ciudades se hacen imposibles sin la ayuda del Estado. La movilidad es muy costosa para los músicos.

—Vos sos coordinador de la Tecnicatura en Jazz del Conservatorio Manuel de Falla. Desde tu rol como docente, ¿observás un acercamiento de los jóvenes al género? ¿O todavía persiste ese prejuicio del jazz como música elitista o difícil de abordar?

—La tecnicatura está llena de alumnos, de hecho no da abasto. Hay muchísimos estudiantes de música en la Argentina en general. El acercamiento de los jóvenes existe. Lo que sí se transformó un poquito en elitista es el consumo de jazz en ciertos lugares. Muchos lugares en los que se tocaba hace 20 ó 15 años, y que eran accesibles para los estudiantes a nivel precio, ahora ya no lo son, y los estudiantes no van más a esos conciertos. Van a conciertos en lugares más informales, no tan cómodos y con un sonido regular. Los lugares de Buenos Aires a donde antes iba la gente joven a escuchar jazz ahora son muy caros. Igual estudiantes hay muchos. Nosotros, sólo en esa carrera, no bajamos de los 110 ó 120 aspirantes por año. Y eso es muy positivo.

Ernesto Jodos Cuarteto - Creer sentir

Apostar por la música en medio de la crisis de 2001

Corralito. Estallido social. “Que se vayan todos”. La Argentina era un hervidero a fines de 2001, justo cuando el periodista Horacio Vargas decidió encarar la creación de un sello discográfico dedicado al jazz. “El sello surgió por el deseo de dejar registro de la escena del jazz argentino, una definición que, admito, genera polémicas y está bueno que ese debate se siga dando”, dijo Vargas a La Capital. “Hace 20 años el país estaba en llamas con represión, paros y saqueos, pero yo insistí con crear un evento en el maravilloso teatro del Parque de España, en un diciembre muy particular. Imaginé que mucha gente iría a escuchar al dúo Olivera-Lúquez, al que le había publicado el primer disco de BlueArt con una propuesta enorme: tocar la obra de Astor Piazzolla en dúo. ¿Y qué pasó? El teatro se llenó y todos disfrutamos de la música, de esa música que sonaba a sanadora en tiempos difíciles”, recordó.

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Horacio Vargas, el fundador de BlueArt Records.

Con un catálogo de 116 discos (de jazz, música contemporánea y tango), BlueArt logró el respaldo de su trabajo con importantes premios: un Grammy latino en 2004 a mejor disco de tango (para Gerardo Gandini por “Postangos en vivo en Rosario”) y un Gardel en 2013 a mejor álbum nuevo de artista de tango (para Adrián Abonizio por “Tangolpeando”). Por su parte, Horacio Vargas recibió el premio Rosario Edita a la trayectoria.

Para el fundador del sello, el mayor logro de estos 20 años es simple: “Nos pudimos sostener”. Y ahora además se dan el gusto de festejar el aniversario con “Lo mejor de BlueArt”, un compilado que se edita en vinilo y también está disponible en plataformas digitales. “Esto lo pude hacer con el apoyo en parte de dos amigos: Jorge Llonch y Dante Taparelli”, dijo Vargas. “Lo mejor de BlueArt” es el primer registro que se edita en vinilo a través de un sello independiente del interior del país.