Lunes 25 de Septiembre de 2023
Es muy difícil hablar de un show de El Plan de la Mariposa como si fuera un recital de rock y nada más. Es que la agrupación de Necochea liderada por los hermanos Andersen pone en escena una propuesta que levanta la bandera de “paz y amor” de una manera tan original, que parece muy lejana aquella triada de “sexo, droga y rock and roll” que el género acuñó desde tiempos lejanos.
Todo lo que tiene que ver con lo espiritual, el poder de la naturaleza sobre el exceso del universo digital, lo místico y lo terrenal, la resiliencia, la reencarnación y el amor como llave que abre todas las puertas aparece en la propuesta de esta banda que, en su primer Anfiteatro Municipal Humberto de Nito en Rosario, convocó el sábado a unas 2500 personas.
Para buscar una similitud en las letras de este grupo habría que bucear en el mensaje del rock argentino de los primeros 70 (Color Humano, La Cofradía de la Flor Solar, Arco Iris), pero acá se respira algo que tiene sus particularidades. Es que en este contexto de grieta política, inseguridad y algún encandilamiento de cierto sector de la juventud por un liberalismo tóxico, escuchar a un cantante decir “acá se trata de sentir/intuición y acción/el riesgo es optimismo/Para besar a la luz/seducí a la sombra/Es tiempo de sanar/esta miseria” es agua en el desierto.
Sebastián Andersen, la voz principal, logra con su hermana Camila un dueto escénico vibrante, sobre todo desde lo performático, con una danza tribal que tuvo en la cantante un atractivo diferencial. Las canciones linkean con un pop refinado con cierto guiño a la música balcánica, principalmente a partir de la participación de Santiago en el violín y en los arreglos de Máximo, en teclados junto a la impronta de Valentín, en guitarra eléctrica. Y todo acompañado de una potente base rítmica con los únicos que no son familia de sangre, pero ya son hermanos en el cariño: Andrés N”r, en bajo y Julián Ropero, en batería.
El show contó con una cuidada producción audiovisual, ya que cada tema tenía sus propias imágenes en una pantalla cuyo diseño también era atípico, como una Torre de Babel que siempre generaba una conexión con la creación, la universalidad, la importancia del ser y la unión, como fuerza energética madre. Y la madre, justamente, es la piedra fundacional de la vida, y de la vida de estos hermanos, cuya obra remite en gran parte a ella, como inspiración artística.
Por todo esto, el show en el Anfi fue particular, porque tuvo todos los climas posibles, hasta hubo un momento donde tocaron en ronda en un set acústico frente a una instalación que emulaba al fuego de los rituales de playa. Y la gente quedó fascinada con ese ida y vuelta de intimidad y celebración.
Hasta que en el final el público flasheó. Fue cuando llegó el momento de “El riesgo”, el hit más esperado, después de la primera gran fiesta que fue con “Túnel de la vida”. Sebastián ya había agradecido la fidelidad del público, pero hubo un inconveniente técnico que convirtió a esa fidelidad en amor incondicional.
Es que en el medio del tema se cortó la luz y la gente siguió cantando acompañada solamente por la batería. Cuando todos dudaban si la falta de sonido era parte del show volvió la luz para cerrar el recital con la banda -y las voces del público- a pleno. “Para besar a la luz seducí a la sombra” cantamos todos con “El riesgo”. La luz se hizo sombra y después mutó en luz otra vez. La transformación de El Plan de la Mariposa estaba logrando su objetivo. De golpe, todas las orugas se convirtieron en mariposas. Bienvenido el vuelo.