Lunes 05 de Octubre de 2009
Cuatro candelabros y una bandera argentina. Y más atrás, las flores. No hay más objetos que rodeen a Mercedes Sosa, que yace inmensa en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio del Congreso de la Nación. El rostro ancho de la Negra se ofrece sereno en medio de un salón colmado, que apenas puede albergar a la multitud en permanente circulación.
La emoción explícita, el llanto, anduvo rondando en la mayoría de los miles que ayer hicieron varias horas de cola para entrar al Congreso y decirle adiós a Mercedes. ¿Tiene la Argentina algún artista vivo absolutamente único, original y distinto como la Negra Sosa? No hay nada ni parecido. El Congreso reventó ayer en un tributo a la artista popular símbolo de las luchas políticas antidictatoriales y de las tradiciones populares y de izquierda.
Dedos en V, puños en alto, besos enviados por el aire, manos en el corazón, rezos, sollozos, así usaron ayer los poquísimos segundos que dispusieron los visitantes anónimos cuando quedaron cara a cara con ella.
Una línea política.
La ya largamente demostrada falsa teoría de "Argentina crisol de razas", tuvo ayer otra prueba contundente en contrario, en el Congreso de la Nación. Fueron de las clases populares y medias bajas −en promedio−, quienes sintieron el impulso de llegarse hasta el Congreso. La Negra tiene, sin duda, su mejor hinchada entre los morochos argentinos, los conectados en algún punto con los pueblos originarios. Esos que representan cerca del 60 % de la población nacional y que no bajaron de ningún barco. María del Luján Yacante se enteró de la muerte de la Negra mientras preparaba el mate del domingo a la mañana. Sintió mucha angustia y decidió ir a verla para decirle gracias. Fue con su hijo adolescente, que aseguró a La Capital: "Vine por ella, para acompañarla y también por mí". Para la Bruja Salguero: "Mercedes fue como una madre. Yo canto folklore, sentí la obligación de venir a despedirla", comentó a este diario cuando ya emprendía la salida del Palacio.
La despedida a Mercedes en el Congreso congregó a músicos, actores, amigos, parientes y también políticos. Casi todos del oficialismo. Incluida la presidenta, que llegó a las 20.30 acompañada por su marido y ex presidente Néstor Kirchner, y gran parte de su gabinete nacional. Cristina Fernández se plantó junto a Mercedes y permaneció, compungida, unos diez minutos, rindiendo su tributo.
Mientras tanto, Peteco Carabajal y su banda de músicos cantaban "Lunita Tucumana". Las voces a capela en Pasos Perdidos no pudieron con la dificultad de las gargantas tensionadas por el dolor de la despedida.
La metáfora de la Negra Sosa como la patria no es novedosa, aunque de inapelable certeza. La Negra es tal vez una de las más acabadas síntesis de la argentinidad, aunque no de la "argentinidad al palo", como cantó e hizo de eso un hit la banda de rock Bersuit Vergarabat. "Quedamos con una inmensa orfandad" decía un cartel escrito a mano por alguno de los miles y miles que ayer dieron su adiós. Mercedes Sosa, la de la voz inigualable, la de la coherencia artística y política, recibió ayer un premio largamente merecido, el amor del pueblo. Se lo ganó.
La Negra tuvo una línea política ideológica y nunca cambió, aunque para los géneros musicales fue intérprete virtuosa de una gran variedad, aun cuando su sustento siempre fue el folklore. A ambos lados del féretro ayer compartían la emoción y el tributo personajes tan disímiles como Teresa Parodi y Gustavo Ceratti.