Sábado 22 de Octubre de 2022
Algunos la señalan como “la serie del año”, la gran sorpresa del 2022. Lo cierto es que cada vez resulta más difícil encontrar series originales, que no se limiten a repetir fórmulas de éxito probado o que no manipulen al espectador. Y por eso “El oso” (“The Bear”), que se acaba de estrenar en Star+ (una plataforma que difunde poco y nada sus mejores ficciones), se destaca fácilmente entre la avalancha de contenidos que viene del streaming.
Creada, escrita y dirigida por Christopher Storer (que trabajó en algunos especiales de Bo Burnham) y Joanna Calo (productora ejecutiva de “BoJack Horseman” y “Hacks”), “El oso” se estructura en ocho capítulos con duraciones que van desde los 23 a los 47 minutos. Como ya se ha dicho se evitan las fórmulas: cada episodio se desarrolla a su propio ritmo, que casi siempre es vertiginoso. En el centro de la historia está Carmy Berzatto (Jeremy Allen White, conocido por la versión americana de “Shameless”), un chef premiado y súper prestigioso que, tras el suicidio de su hermano Mike, debe hacerse cargo del negocio familiar: un local de comida rápida tradicional de Chicago, The Beef, un lugar muy diferente a los restaurantes cinco estrellas de Nueva York donde Carmy estaba acostumbrado a trabajar.
¿Por qué un cocinero de su nivel y con libros publicados iba a hacerse cargo de un bar en decadencia, lleno de deudas, que apenas pasa los estándares de salubridad y ubicado en una zona de la ciudad cada vez más marginal? ¿Por qué iba a pasar de cocinar langostas a hacer sandwiches de carne y pasta con salsa de lata? Esto es lo que la serie va a ir contestando, mientras el protagonista intenta descubrir los motivos del suicidio de su hermano (interpretado en flashbacks por el notable Jon Bernthal) y debe lidiar día a día con los innumerables problemas de The Beef. En la cocina no sólo se cuece la carne en su propio jugo, también se cocinan a alta temperatura las tensas relaciones entre los “chefs” y empleados varios. Carmy quiere cambiar toda la dinámica del lugar, intenta profesionalizarlo, y para eso contrata a una joven chef muy ambiciosa y activa, pero del otro lado tiene a su primo Richie (un intenso insufrible encarnado por Ebon Moss-Bachrach) y otros personajes que se resisten con uñas y dientes a los nuevos tiempos.
Puede ser que algunos espectadores se sientan abrumados por el ritmo acelerado del primer capítulo y los diálogos a los gritos impulsados por la sangre italiana. Es un registro hiperrealista, casi scorsesiano del caótico detrás de escena de una cocina que funciona desde la mañana hasta la noche tratando a duras penas de sobrevivir. El espectador se sentirá ahí adentro, entre las ollas, el aceite hirviendo, los incidentes de último minuto, las frustraciones y los pequeños triunfos de sus personajes.
Por momentos “El oso” es divertida, en otros momentos es incómoda, pero nunca cae en golpes bajos ni en sermones. Y son muchos y delicados los temas que aborda: el duelo, las consecuencias de un suicidio, las adicciones, la permanencia de los lazos familiares a través del tiempo, la vocación y la simple satisfacción del trabajo bien hecho. Indirectamente la serie también es una foto de esos sectores de las grandes ciudades, con bolichitos populares y vetustos, en franco peligro de extinción, mientras avanzan las cadenas y las grandes franquicias.
Las excelentes actuaciones (resta mencionar a la talentosa Ayo Edebiri en el papel de Sydney) y la banda de sonido (con temas de Wilco, Sufjan Stevens, REM, Van Morrison y Radiohead) completan el cuadro de una ficción que en su final cierra perfecto pero que, muy buenas críticas y éxito mediante, ya anunció la producción de una segunda temporada.