Domingo 03 de Septiembre de 2023
El año pasado, “El oso” se transformó en la gran sorpresa del 2022. La serie creada, escrita y dirigida por Christopher Storer (que trabajó en especiales de Bo Burnham) y Joanna Calo (productora ejecutiva de “Bojack Horseman” y “Hacks”) cosechó excelentes críticas, premios para su protagonista (Jeremy Allen White) y 13 nominaciones (nada menos) a los premios Emmy. Por eso la segunda temporada (que se estrenó recientemente en Star+) venía cargada de expectativa y la pregunta inevitable de qué harían los showrunners para estar a la altura de la vara altísima que habían dejado con el arranque. Bueno, vistos los diez nuevos capítulos, y ante la sorpresa (otra vez) de muchos, se puede decir que la continuación de “El oso” supera incluso a la temporada uno.
¿Por qué una serie ambientada en el estresante mundo gastronómico pegó tanto y ya tiene toda una legión de fans? Por sus personajes. Porque sus personajes son creíbles, porque es imposible no empatizar con ellos (aunque sus taras a veces nos irriten), porque son vulnerables ante las presiones y las dificultades y porque les cuesta vivir en este mundo. La historia de Carmy Berzatto (White), un chef premiado y prestigioso que, después del suicidio de su hermano Mike, debe hacerse cargo del negocio familiar, sigue su camino detrás de las hornallas pero con otro plan. Carmy quiere transformar el bar en decadencia que heredó como una especie de condena en un restaurante serio, un lugar que lleve su impronta y el de su socia, la talentosa e insegura chef Sydney (Ayo Edebiri).
La segunda temporada se estructura alrededor de los preparativos para abrir el nuevo restaurante. Y el ritmo vertiginoso de la primera temporada se mantiene porque encarar este desafío será una carrera contra el tiempo: la plata nunca alcanza, son muchas las refacciones que hay que hacer y la burocracia (permisos, seguros, habilitaciones) es una pesadilla, pero hay que abrir lo antes posible para generar ganancias. En el medio (o mejor dicho, al frente), cada personaje tendrá su propia transformación. Hay capítulos enteros dedicados a personajes secundarios, como es el caso de Marcus (Lionel Boyce), el especialista en postres, o el intenso y desequilibrado Richie (Ebon Moss-Bachrach), que a los 45 años se encuentra perdido en la vida. Carmy, por su lado, se reencuentra con una amiga de la infancia que va a poner a prueba su solitaria rutina.
Sin embargo, el corazón de “El oso” está en el capítulo seis, un episodio doble inolvidable que nos lleva en un flashback a conocer a toda la familia Berzatto. En un caótico festejo de Navidad, lleno de desacuerdos y tensiones, está la clave del perfil psicológico de los personajes, las causas de su accionar y las heridas que arrastran. No conviene spoilear los nombres de las estrellas invitadas en este capítulo (y el resto de la serie). Sólo decir que es un festival de actuaciones brillantes y un tour de force emocional para el espectador.
Como si todo esto fuera poco, el soundtrack de la segunda temporada es una virtuosa mezcla de canciones de REM, The Replacements, David Byrne, Taylor Swift, Steve Earle, Brian Eno y AC/DC, entre muchos otros. No hay excusas para no ver esta serie. Es perfecta.