El Oscar pierde el rumbo mientras el cine lucha por mantenerse vivo
La Academia de Hollywood intenta recuperar la gloria y levantar el rating de su ceremonia, pero el declive de la estatuilla dorada parece inevitable

Sábado 12 de Marzo de 2022

El año pasado la ceremonia de los Oscar tuvo el rating más bajo de su historia. La gala de la 93ª edición de los premios de la Academia fue vista por sólo 9,85 millones de personas en EEUU. Ese número representaba un 58% menos que en 2020. Y entre los espectadores de 18 a 49 años, el público clave de los Oscar, la disminución fue del 64,2%. Sería muy fácil echarle la culpa a la pandemia, a los cines cerrados durante meses o a una ceremonia deslucida, aburrida y sin ningún entusiasmo. Pero lo cierto es que el Oscar —el premio más importante y famoso de la industria del cine— viene en picada desde hace años, y la Academia parece no encontrar el rumbo para revertir la situación.

De todas las estrategias pergeñadas para volver a captar la atención del público, recientemente la Academia sacó a la luz la peor: en la próxima ceremonia, que se realizará el domingo 27 de marzo en el Dolby Theatre de Los Angeles, habrá ocho categorías que quedarán fuera de la transmisión. Las ternas ninguneadas son: edición, maquillaje y peinado, banda sonora, diseño de producción, sonido, cortometraje, cortometraje animado y cortometraje documental. Estos premios se entregarán una hora antes de la televisación y en la gala se mostrarán en formato de resumen. Es decir, se despachan como un trámite.

El objetivo es agilizar la dinámica del evento, agregar más clips de las películas nominadas y también más números musicales. Ahora bien, ¿se puede soslayar una categoría fundamental como edición, cuando es justamente la edición lo que distingue al cine de las demás artes? ¿Y sonido y banda sonora? Salvo que pretendamos volver a la época de las películas mudas, también son categorías esenciales. En otra movida que seguramente resultará estéril para atraer más audiencia, la Academia añadió una nueva terna, algo así como “el premio del público” bajo el nombre de #OscarsFanFavorite. La votación se puede hacer a través de Twitter y la intención es sumar a los fans de las películas que dominan la taquilla, las de superhéroes, aunque este año, además de “Spider-Man: Sin camino a casa”, también figura como favorita “Cenicienta”, gracias a las campañas de votación que organizaron los seguidores de Camila Cabello. Tal vez, en casos muy aislados, los que emitieron estos votos recuerden mirar la ceremonia del 27. Esa es la triste esperanza de la Academia, que evidentemente ha perdido la brújula.

Por supuesto (sería catastrófico en su defecto) que la gala de este año va a sumar más rating que la de 2021. Volverá la alfombra roja, volverán las estrellas de forma “presencial”, las entrevistas antes de la entrega y todo ese circo que suele entretener más que la ceremonia misma. Pero se tratará del previsible efecto post-pandemia, y no de una ganancia verdadera. Las recientes medidas de la Academia, además, fueron criticadas por muchos artistas y técnicos de Hollywood que se sintieron desplazados, y fueron duramente cuestionadas por críticos, periodistas y cinéfilos en general. El escritor y crítico de cine Mark Harris sintetizó en Twitter: “La Academia persigue a un público al que no le interesan los Oscar y confunde e irrita a los que son fieles al premio. Eso es patético. Que alguien salve a los Oscar de la gente que cree saber cómo salvar a los Oscar”.

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"No mires arriba", nominada a mejor película, fue un éxito en la plataforma de Netflix.

La pregunta que se impone es: ¿Es posible salvar a los Oscar o son una causa perdida? ¿Es el Oscar un premio válido para esta época híbrida entre la pantalla grande y la pantalla chica del streaming? Si la ceremonia del Oscar y el premio en sí vienen atrasando hace años y no consiguen despertar el interés de las mayorías, ¿cuánto más atrasa ahora que la realidad del cine es muy distinta y que las salas profundizaron su declive como consecuencia de la pandemia? Las plataformas hacen una publicidad agresiva de sus contenidos las 24 horas. ¿Qué hace la pantalla grande para contrarrestar ese efecto? Y la última: Las películas “oscarizables” que se estrenan en las plataformas, ¿son percibidas como “cine” por la gente o se confunden en un mar de contenidos con series y documentales?

La dispersión de la platea entre la pantalla grande y las múltiples ofertas de las plataformas ha cambiado por completo las reglas de juego. De las diez nominadas a mejor película de este año, hay dos que están exclusivamente en Netflix (“El poder del perro” y la publicitada “No mires arriba”), dos que pasaron por los cines pero ya están disponibles en HBO Max (“Duna” y “Rey Richard”), una que está en Amazon (“Coda”) y otra en Disney+ (“Amor sin barreras”). La japonesa “Drive My Car” se estrenará próximamente en Mubi y “El callejón de las almas perdidas” (la última de Guillermo del Toro), que pasó recientemente por los cines, se verá en Star+ a partir del 16 de marzo. Hasta el momento, las únicas que no se encuentran en plataformas son “Belfast” y “Licorice Pizza” (que además ya dejaron de estar en cartel en Rosario).

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"Amor sin barreras", la última de Spielberg, se hundió en la taquilla.

Antes del arribo de las plataformas, las películas nominadas a los Oscar constituían una subcategoría privilegiada del cine de Hollywood. Se estrenaban casi todas hacia fin de año, y sólo en algunos casos llegaban a la Argentina después de la ceremonia. Las que tenían chances a ser nominadas recibían mucha publicidad de parte de los estudios y las distribuidoras. Las campañas incluían cartelería callejera, publicidades en televisión, en internet y en medios gráficos. Poco o nada de eso ocurre ahora. Al contrario: filmes que antes eran números puestos para terminar con varios premios en su haber (como “Amor sin barreras”, “La casa Gucci” o “El último duelo”) tuvieron poca difusión y eso se terminó reflejando en la taquilla. El caso de “Amor sin barreras” fue paradigmático: la última película de Steven Spielberg fue un fracaso en Estados Unidos y también en Argentina, donde sólo permaneció en cartelera una semana. Apenas unos años atrás era impensable que una película de Spielberg se hundiera de esa manera. Algunos señalaron que el musical no es precisamente el género más taquillero, y es cierto, pero recordemos que “La La Land”, nominada a 14 estatuillas, fue un tremendo éxito en su momento.

Muy distinto fue el caso de “Licorice Pizza”. La ultima creación de Paul Thomas Anderson (“Magnolia”, “El hilo fantasma”), que tiene tres nominaciones a los Oscar, logró sobrevivir más de una semana en los cines de Argentina gracias a la movida que armaron los cinéfilos fans del director en las redes sociales. El streamer Luquitas Rodríguez hizo campaña para llenar una de las funciones de la película en el Multiplex Cabildo de Buenos Aires, y así “Licorice Pizza” se transformó en tendencia en Twitter. La comedia romántica convocó a 60 mil espectadores después de cinco semanas en cartel, y fue la cuarta película de Anderson más vista en las salas del país. El boca a boca, las buenas críticas y las redes sociales consiguieron vencer la escasa o nula difusión de las distribuidoras (al menos una vez).

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"Licorice Pizza", de Paul Thomas Anderson, permaneció varias semanas en cartel gracias a una campaña en redes sociales.

La ceremonia de los Oscar seguramente recuperará parte del brillo perdido el próximo 27, pero el galardón en sí ya no representa el espaldarazo que significaba antes para una película, ni en cuestiones comerciales y muchísimo menos de prestigio. Los artistas del cine —desde los directores hasta los montajistas, pasando por los actores, guionistas, directores de arte y fotografía— continuarán luchando por su lugar en la pantalla grande o en las plataformas de streaming, pero el cine se merece otros premios y otros incentivos que encarnen mejor el espíritu de estos tiempos cambiantes sin traicionar la esencia del séptimo arte.