El enólogo Alejandro Vigil presentó en Rosario "Casa Vigil", que cuenta cómo convirtió su casa en un universo de gastronomía, arte y vino, ganador de una estrella Michelin
Sábado 27 de Julio de 2024
Vino, comida, viajes, familia. Alejandro Vigil habla con pasión de las cosas que dan sentido a su vida. Cuenta historias y pone nombre a cada uno de los personajes, quienes a fuerza de sus descripciones van cobrando vida. No son historias que empiezan y terminan. Son historias que se abren como ramas de un árbol milenario. “Trabajo y vida es lo mismo. Es mi pasión", enfatiza, para luego retrucar el dicho popular: “Es mentira que no podés trabajar con amigos y familia. No me imagino de otra manera”. A su lado, María Sance sigue atenta con la mirada las manos de su marido, que acompañan el vaivén de sus anécdotas. Ante la pregunta de La Capital respecto de cuánto hay de realidad y cuánto de ficción en lo que el hombre cuenta, ella ríe: “Es confiable en un 90 por ciento”.
Alejandro y Ana pasaron por Rosario -más precisamente por el restaurante Refinería- en el marco de una gira nómade de presentación de su flamante libro “Casa Vigil”, que cuenta una historia que, en realidad, son muchas. Es la historia de Alejandro, reconocido enólogo jefe de la bodega Catena Zapata y copropietario de la bodega Aleanna-El Enemigo, apodado por algunos “el Messi del vino argentino”. Es también la historia de María, docente, investigadora, empresaria y apasionada por los vinos. Es la historia de esta pareja que se conoció por azar al cruzarse a mediados de los 90 en la Universidad Nacional de Cuyo. Es la historia de su familia, del amor por la tierra, de cómo convirtieron su casa en un mundo de gastronomía, arte y vino.
"Casa Vigil” no es solo el título del libro. Es el nombre de la casa-restaurante que esta pareja devenida en familia tiene en Maipú, en el paraje del Chachingo, provincia de Mendoza. El primero de sus cinco restaurantes, un espacio premiado con una estrella Michelin, inspirado en la obra de Dante “La divina comedia”. Con una carta que reinterpreta las comidas familiares de la infancia, con platos que se renuevan cada vez que cambia la estación.
El libro parece una caja de vinos: llega en estuche rígido de cartón. Mide 21 x 4 x 27 centímetros. Una vez abierta la caja, la tapa del libro sorprende con una copa de vino ilustrada: el movimiento del líquido esconde personajes y escenarios de la historia que se cuenta en sus 264 páginas.
Editada por Catapulta, la obra ofrece impactantes imágenes que se intercalan con exquisitas recetas y divertidas anécdotas. “Está inspirado en Cortázar”, asegura Alejandro. Hay lectura fragmentada y juego, como en “Rayuela”. También se inventa una realidad dentro de otra realidad, movimiento característico de algunos textos del escritor argentino. Es que Alejandro y María invitan al lector a visitar su mundo.
Donde todo comenzó
La fecha de nacimiento de Casa Vigil fue el 14 de junio de 1973, es decir, el día en que Alejandro Vigil llegó a este mundo. "Con mi primera inhalación nació la idea. No hay plan B en mi vida, no tengo opción, no hay camino trazado que no haya recorrido", confiesa el enólogo en las primeras páginas del libro. Casa Vigil fue "la materialización de los sueños del viticultor", resalta.
Aunque también pueden rastrearse en esta historia otras fechas. Como el día que Alejandro y María vieron un aviso en el diario que rezaba: "Lote en Cachingo". Un lugar que había ocupado cierto protagonismo en la historia mendocina pero lo había perdido. La siguiente fecha en la historia es la visita entonces a un terreno de una hectárea donde "la tierra era como talco". El matrimonio siempre había tenido en sus planes comprar un lugar donde pudieran tener frutales, huerta y algunas viñas. Cuando lograron ahorrar lo suficiente, avanzaron en ese camino. Era 2006.
María asegura que nunca imaginó que tendría un restaurante, mucho menos el universo que es hoy Casa Vigil. "María está segura de que Alejandro siempre lo supo", revela el libro que, a medida que avanza, intercala la narración con fotos deslumbrantes de paisajes cuyanos, retratos familiares, postales de arquitectura, recuerdos de aquellas primeras épocas y otras actuales.
El equipo inicial de Casa Vigil era de apenas cinco personas, todas en vínculo muy estrecho. "Un quinteto multirol que se inventaba como gastronómico y recibía turistas para hacerlos disfrutar de los vinos que elaboraba Alejandro con algo de comida", según describe el libro. Pronto se dieron cuenta de que los visitantes querían más. Comenzaron a trabajar en el quincho familiar. Luego, sumaron degustaciones y charlas con el enólogo. Lentamente, el pequeño equipo se fue ampliando, la familia se volvió familia extendida. La respuesta del público los sorprendió. "Era todo muy intenso, vertiginoso y explosivo", recuerda la pareja en el libro, sobre aquellas primeras épocas.
"Casa Vigil es un lugar en el mundo. Es gastronomía en su estado más puro, es vino y cocina porque no existen uno sin la otra", se remarca en el libro. En resumen: "Un refugio" abocado "al mundo de los sentidos". Casa Vigil es hoy más que un negocio. Es una leyenda.
Recetas para paladares exquisitos
Croquetas de pejerrey, empanadas de osobuco, agnolotti con corazones de alcaucil, buñuelos de remolacha con queso de cabra, mollejas con reducción de ajo negro y chardonnay. Esas son apenas algunas de las recetas que Alejandro y María comparten con los lectores, que pueden encontrarse en el libro luego de conocer la historia de Casa Vigil.
En todos los platos hay algo de apuesta, de juego. Un ingrediente común combinado con uno más extraño, un giro en la preparación, un guiño a la hora de servirlo. Cada plato parece tener una historia que contar.
Sorprenden, incluso, los que podrían presumirse como más sencillos. Si uno se guiara por su nombre, la receta de "Manzana verde" suena en extremo simple. Sin embargo, la propuesta incluye una base de salsa inglesa, una manzana en compota, bombones de manzana y helado. Algo similar ocurre con "Tomate", que propone la elaboración de helado de tomate para luego recostarlo sobre un carpaccio de ciruelas y tomates, rociado con aceite de albahaca.
Una historia convertida en libro
“Soy de comprar el diario los domingos. Amo el papel. Mi oficina es una biblioteca”, cuenta el enólogo a La Capital. “Queríamos algo tangible. Un registro de todo lo que nos fue pasando, de quiénes somos, de nuestra historia", resumen Alejandro y María a la hora de explicar por qué apostar por un libro y por qué, además, confiar en el formato papel en tiempos donde prima lo digital.
Este es el segundo libro de Alejandro, que ya escribió "Malbec Mon Amour" junto a Laura Catena, en 2021. Editado también por Catapulta, ese libro fue traducido al inglés, portugués, francés y hasta chino. Es una pieza clave para entender cómo y porqué el Malbec se transformó en una marca de identidad, y también de excelencia, del vino argentino en el mundo.
Alejandro y María cuentan que escribir “Casa Vigil” no fue un proceso rápido. Comenzaron hace cuatro años, llegó la pandemia, hubo avances y retrocesos al ritmo de las necesidades de la familia y el trabajo, pero finalmente el esfuerzo dio sus frutos. "Todo toma tiempo en la viticultura. Mucho de lo que hacemos no lo vamos a ver concretado. Ponés una semilla y esperás. Abrir un mercado lleva tiempo", analiza Alejandro. Ese trabajo paciente se trasladó también al proceso de escritura del libro. "Casa Vigil" es, entonces, su más reciente cosecha, que acaba de desembarcar en librerías.