Sábado 02 de Abril de 2011
La trayectoria artística no es obra de la casualidad. Ser el guitarrista líder de la banda de Sting durante dos décadas y grabar con el ex Police discos brillantes como, entre otros, “Ten Summoner’s Tales” y “Soul Cages”, tiene que dejar una huella. Y Dominic Miller fue fiel a su pasado y defendió anteayer este presente como solista en su debut de la gira argentina en el teatro El Círculo. Junto a una banda de sutiles instrumentistas, el guitarrista argentino transitó el rock, el jazz rock y la música latina, y hasta algunas perlitas de la música de Sting. Para empacharse de buena música.
Dominic Miller es el mejor ejemplo de que se puede ser ecléctico sin caer en un híbrido.
Es que Miller, en versión eléctrica o acústica, es de aquellos guitarristas que se los identifica como de buen gusto. Todo lo que hizo sobre el escenario tiene un concepto, que siempre escapa a las estridencias y apunta a las atmósferas agradables y los medios tonos.
Claro, para eso se apoya en Mike Lindup en piano, voces y teclados (músico de Level 42); Guy Pratt en bajo (David Gilmour, Pink Floyd, Madonna, Michael Jackson, Roxy Music, Robert Palmer) y Rhani Krija como percusionista (Sting), que hacen todo bien y da gusto verlos y oírlos.
Con su guitarra acústica, Miller comandó las acciones en “Solent”, tema que abre el disco “November” y fue una declaración de principios de su ruta musical. A Miller le encanta crear climas que remitan a Return to Forever, pero no se queda en armonías densas o complejas, y no se mata por tocar mil notas en un minuto. Su tecladista vuela con su impronta jazzera, mientras Pratt y Krija atrapan con su base rítmica porque juegan sin perder jamás el tempo.
“A day in the Life” fue otro de los grandes momentos de la noche. Aquel último tema del disco “Sargent Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, de Los Beatles, fue una perlita, al igual que el “Adagio in G Menor”, de Albinoni, una melodía reconocible que fue rápidamente aceptada por la platea.
Pero si de melodías reconocibles se trata hubo cuatro temas en los que sólo faltó que cantara el mismísimo Sting para que sea la frutilla del postre. Fueron los casos de “Fields of Gold”, solo con guitarra acústica en una sutileza intimista; “Shape of my Heart”, en la que Miller es coautor con el ex Police; la eterna “Fragile”, cantada en una buena performance de Mike Lindup y “La belle dame sans regrets”, de “Mercury Falling”.
El final llegó con “La Boca”, un tema de Miller dedicado al país del que nunca pudo olvidar “el mate, el truco y el dulce de leche”, y lo interpretó con la salvedad de que es hincha del “equipo contrario, absolutamente contrario”, en obvia referencia a River, aunque omitió nombrarlo. Miller pasó con su jazz rock, su costado latino, sus momentos afro, algo de bossa y hasta un toque beatle y de música clásica. Guitarra al viento.
De pie
El público fue un ejemplo en El Círculo. Fue respetuoso y participativo y, al final, ovacionó el show de pie.