"El amateur", cuando el sueño de uno es el sueño del otro

El protagonista y autor de la obra cuenta por qué hizo esta “segunda vuelta”, que se estrena este sábado y domingo en el teatro La Comedia

Viernes 05 de Abril de 2024

Mauricio Dayub sabe como pocos que siguen siendo tiempos difíciles para cumplir sueños imposibles, quizá, como sostiene el actor, porque “estamos demasiados ocupados en cumplir sueños posibles, que cuando se nos cumplen, no nos llevan a ningún lado”. En ese contexto, Dayub se sube a las tablas, una vez más, para hacer “El amateur, segunda vuelta”, para contar el derrotero de El Pájaro y Lopecito, sus protagonistas, quienes van por un objetivo en común y arriesgan todo lo que tienen para alcanzarlo. Es que juntos producen un milagro: que el sueño de uno se transforme en el sueño del otro. Nada menos, sobre todo en estos tiempos plagados de individualismos descorazonados. Desde ese lugar, Mauricio Dayub propone “aprender a mirar más allá de lo que ven nuestros ojos”. Porque en ese aprendizaje de vida está la llave para abrirle la puerta a nuestros sueños.

Dayub y Gustavo Luppi estrenan en teatro La Comedia este sábado y domingo, desde las 20, “El amateur, segunda vuelta”, dirigida por Luis “Indio” Romero, en la reposición de la obra escrita en 1997 por Mauricio Dayub, que tuvo su versión cinematográfica dirigida por Juan Bautista Stagnaro. A más de dos décadas y media de su creación, su canto de amistad, pasión y dar la vida sin esperar nada a cambio sigue siendo un estandarte con más vigencia que nunca.

  En diálogo con La Capital, Dayub dijo que “El amateur” es “el resultado de un logro individual, que nos permite vislumbrar el logro colectivo”. Y confesó algo que él siente como una “obsesión”, que es “llegar a ver a la condición humana mejor de lo que la vemos hoy”. Es un sueño, sí, pero tanto para Dayub como para El Pájaro, ningún sueño es imposible.

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El Pájaro, en bicicleta, y su amigo Lopecito, los queribles personajes interpretados por Mauricio Dayub y Gustavo Luppi.

 —”El amateur” fue un éxito teatral y fue llevada incluso al cine a fines de los 90. ¿Qué tiene de diferente esta segunda vuelta con la versión original?

  —La percepción del espectador cambió mucho en los últimos años, esta nueva versión tiene el ritmo y la vertiginosidad de nuestra mirada actual, con la ventaja de que la esencia de la versión original hoy tiene aún más potencia, porque vivimos tiempos de mucha confusión y “El amateur” es un espectáculo esclarecedor, que te lleva a identificar tu sueño, y a ir por él, pase lo que pase.

 —Hay valores como la amistad y la lealtad que en estos tiempos tecnológicos y distantes parecen haber quedado desvalorizados, valga el juego de palabras. ¿Cuánto de volver a jerarquizar esos valores y cuánto de argentinidad al palo (diría Bersuit) tiene este nuevo “Amateur”?

  —Sí, es verdad que valores como la amistad y la lealtad parecen haber quedado atrás porque hasta hace unos años el espectador salía a buscar este tipo de propuestas. Ahora no, porque en estos tiempos creemos que no las necesitamos. Pero cuando vemos latir un corazón, dejando la vida arriba del escenario, nos damos cuenta que en ninguna pantalla, en ninguna aplicación podemos encontrar eso. Y advertirlo nos emociona.

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  —En “El equilibrista” apareció el recuerdo de tu viejo y esa voluntad inquebrantable del laburante que deja la vida hasta el último minuto en su trabajo porque está en juego su dignidad. ¿En qué se parece y en qué se diferencian “El equilibrista” y “El amateur”?

  —”El amateur” y “El equilibrista” son muy diferentes y al mismo tiempo son similares, porque ambas representan parte de mi vida. En su contenido están los valores que yo persigo, y en su forma ambas llevan impresa mi manera de hacer el teatro. Todo está puesto para movilizar la imaginación del público. Para que el espectador no solo comparta mis historias,sino que también pueda visualizar la suya y salir del teatro más convencido a enfrentar su destino.

  —Tus obras siempre tienen un espacio poético que invita a un mensaje para el espectador. ¿En tiempos tan salvajes, con un gobierno nacional que aborrece la cultura popular, sentís que esa poesía reflexiva luce como una bandera de resistencia artística?

  —Sí, mis obras casi siempre persiguen un derrotero mejorador de la condición humana. Es mi obsesión: llegar a ver a la condición humana mejor de lo que la vemos hoy. “El amateur” es el resultado de un logro individual, que nos permite vislumbrar el logro colectivo.

 —Rosario es una plaza que siempre te abrazó, y lo demuestra la cantidad de funciones que hiciste con “El equilibrista”. ¿Cómo es ese nexo empático con el público de esta ciudad? ¿Tenés previsto que se dé un fenómeno igual que te permita poder regresar varias veces con “El amateur”

  —Mi camino en Rosario ha ido de menor a mayor, su público me ha ido acompañando desde los comienzos, me vieron crecer. Creo que he ido conociendo la capacidad de sus teatros a medida que fue creciendo la empatía del público con mis obras. Las 18 funciones de “El equilibrista” a sala llena estarán para siempre entre mis mejores recuerdos. No puedo esperar lo mismo con “El amateur” en cuanto a cantidad, pero sí aspiro a producir un encuentro inspirador con el público. Siempre es mejor tener un éxito por delante que haber dejado uno atrás.