Miércoles 13 de Julio de 2011
La película "Mundialito", que cuenta el torneo que en 1980 reunió en Montevideo a los entonces cinco campeones mundiales de fútbol más Holanda y que mañana llega a salas locales, trata de reflejar "lo paradigmática de la dictadura militar uruguaya, que fue cívico-militar", contó su director Sebastián Bednarik.
"Pertenecer a una generación que en esa época tenía entre 5 y 10 años nos impulso a trabajar sobre un tema que ha marcado a la sociedad uruguaya", aseguró sobre el torneo del que participaron Uruguay, Argentina, Brasil, Alemania e Italia, más el dos veces subcampeón Holanda en sustitución de la renunciante Inglaterra.
La investigación estuvo a cargo del prestigioso historiador y analista político uruguayo Gerardo Caetano, atacante de Defensor y futbolista en pleno Mundialito, que lleva la narración de gran parte del documental.
En noviembre de 1980 la dictadura uruguaya, en el poder desde 1973, hizo un plebiscito constitucional con la idea de perpetuarse en el poder bajo un manto legal, mientras que la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), con el aval dictatorial y de la FIFA, organizó la Copa de Oro de Campeones Mundiales para mitigar la no clasificación de la selección "celeste" para el Mundial de Argentina 78.
Diferencias. Los resultados de ambos emprendimientos fueron diferentes. La gente le dio la espalda a los militares con el rotundo triunfo del "No" al plebiscito, mientras que Uruguay ganó el certamen, que fue un gran éxito.
El día de la final del torneo entre Uruguay y Brasil, el 10 de enero de 1981, los uruguayos, que coparon el estadio Centenario, felices por la victoria 2-1 de su selección, explotaron al grito de "se va a acabar, se va a acabar el gobierno militar" en una espontánea manifestación contra la dictadura charrúa.
"Mundialito" revela que este torneo fue posible gracias a la oportuna aparición de Silvio Berlusconi a cambio de los derechos de TV, en lo que se aclara fue el primer gran negocio televisivo del actual primer ministro italiano que aportó 3,25 millones de dólares.
La película, que se paseó por los mejores festivales de cine del mundo, no tuvo el respaldo del gobierno de Tabaré Vázquez, presidente uruguayo de 2005 a 2010, quien le negó el carácter de "interés nacional" que Bednarik sí había logrado para sus dos películas anteriores: "La Matinée" y "Cachila".
Según contó el director la intención al hacer este filme fue "no bajar línea" y "trabajar sobre una memoria que está en nuestro inconsciente. Con esa inquietud salimos a hacer preguntas y no bajar línea, como pasa con generaciones más grandes que tratan el tema de la dictadura", afirmó.
El evento deportivo fue fundamental para el desarrollo del filme: "Si este mismo campeonato no hubiese sucedido en dictadura no se si hubiésemos hecho una película. En un documental como éste, sobre un hecho histórico, nos concentramos más en hablar del plebiscito que sucedió 30 días antes, algo muy paradigmático de la dictadura uruguaya".
Paradoja. Es que "los militares llaman a la ciudadanía a reformar la Constitución y terminan perdiendo, con la reprobación de todo el pueblo, y eso se transforma en el puntapié de la apertura democrática", recordó el realizador. "Nos concentramos en eso, que nos parecía muy representativo de la dictadura, al igual que la campaña del Mundialito", añadió.
El retrato de la relación de militares y civiles, les "pareció un paradigma de lo que fue la dictadura uruguaya, que fue cívico-militar. Fue una coproducción entre civiles y militares todo el Mundialito".
El realizador afirmó que no encontró entre los entrevistados "vergüenza ni culpa. Hay un militar que admite algo sobre lo que fue el plebiscito, pero no sobre el Mundialito, aunque encontramos una gran conciencia de los jugadores a la hora de transmitir lo que sentían en esos días", explicó.
Sin embargo aclaró: "No hacen un mea culpa; dicen que no tenían idea de lo que estaba pasando y que las cosas se supieron después del 85, cuando volvió la democracia y así lo pusimos en la película".
El documental comienza con el Himno Nacional de Uruguay, un símbolo patrio que fue objeto de "exaltación" y que comenzó a "imponer mucho más por la propia dictadura. Cantar el Himno siempre fue un gesto de resistencia y siempre se resalta una frase que dice «tiranos temblad». Por eso, y porque es una escena muy emotiva la del estadio colmado de gente cantando el Himno, nos pareció que era un buen inicio como banda sonora".
Himno
Sebastián Bednarik explicó que luego del mundial de 1980 se impuso un “himno” alternativo como fue el canto “se va a acabar el gobierno militar”. “Fue algo muy particular. Los festejos del Mundialito significaron el nacimiento de ese canto, que después se repitió en las llamadas (Carnaval) de ese año, y desde el 1º de mayo del 81 se transformó en un himno que se sostuvo hasta la llegada de la democracia en el 85”, recordó el realizador uruguayo.