Divididos retomó su eterno viaje de rock y folclore
Contar un show de Divididos es como querer relatar un viaje a la India de un mes en apenas diez minutos. No basta con una foto, hay que vivirlo. Es que el trío de power rock, que lleva más de dos décadas de recorrer rutas eléctricas...

Lunes 26 de Julio de 2010

Contar un show de Divididos es como querer relatar un viaje a la India de un mes en apenas diez minutos. No basta con una foto, hay que vivirlo. Es que el trío de power rock, que lleva más de dos décadas de recorrer rutas eléctricas, tiene la capacidad de transportar al espectador con un solo acorde. Y así lo hizo el sábado por la noche, ante más de 4.500 espectadores en el salón Metropolitano. A lo largo de casi tres horas de música y con una decena de invitados, el recital dejó en claro, por si hacía falta, que Divididos es la banda más folclórica del rock nacional.
  “Amapola del 66” era la excusa del concierto en Rosario. “Perdón que nos retrasamos un poco, queríamos venir al Anfiteatro antes, pero no pudimos”, dijo Ricardo Mollo, un enamorado de los shows al aire libre en el parque Urquiza, adonde prometió volver en el verano próximo.
  Mientras de fondo sonaba el clásico “¡Escúchelo, escúchelo, escúchelo, la aplanadora del rock and roll, es Divididos la puta que lo parió!” en la voz del público, el trío que completan el descollante bajista Diego Arnedo y el pulpo batero Catriel Ciavarella se decidía a ver qué respuesta tenía en los rosarinos los temas del nuevo álbum, el primero con nuevas canciones después de ocho años. “Vengo del placard de otro” fue su último trabajo en estudios.
  Divididos arrancó con cuatro al hilo: “Hombre en U”, “Buscando un ángel”, “Mantecoso” y “Muerto a laburar”. Lo positivo fue ver que con tan poco tiempo en el ruedo, los temas ya están metidos en la gente, que conoce sus letras y que ya los adoptaron para la grilla de hits.
  A esa altura el escenario ardía. La sonrisa de Mollo era una postal permanente que contrastaba con la seriedad y estatismo de Arnedo, a quien sólo se le veía volar los dedos de su mano derecha. De fondo, el pibe Ciavarella demostraba que ya es hora de que Divididos lo incluya en la foto de la tapa del disco.
  Cuando los vinos son buenos hay que disfrutarlos con pequeños sorbos. Quizá eso pensó Mollo y bajó los decibeles para subir en emotividad. Fue el momento más intimista y en donde se mostró el costado folclórico y comprometido de Divididos.
  La banda siempre le hizo un guiño a la temática autóctona argentina, disco a disco, y en éste no hubo excepción. Así llegaron la baguala “Vientito de Tucumán”, la cálida “Par mil” y “Avanzando retroceden”, cantada por Arnedo, con la colaboración de Micaela Chauque, venida de Tilcara, en sikus.
  El rito folclórico seguiría con “La flor azul”, con Kelo Herrera en violín, y Raúl Tolaba y el rosarino Facundo Nardone en guitarras. Este último después tendría otra aparición más rutilante. Trascartón, el grupo norteño Los Amigos de Ricardo Vilca llegó para hacer “Guanuqueando”.
  “Ahora van a ver a un rosarino que toca como la puta madre”, dijo Mollo, y le dio entrada nuevamente a Facundo Nardone, invitado estelar en “Boyar nocturno”. El también luthier logró una interpretación lucida en guitarra steel.

  La defensa de los pueblos originarios y la arenga por la recuperación de sus tierras de parte de Mollo fue ovacionada en la previa de “Cristóforo Cacarnú”.
  Pero no recibió l mismo acogimiento Rubén Patagonia, quien hizo una interpretación extensa, poco feliz pero muy respetada por la gente.
  Otro punto flojo del show, que no estuvo a la altura del buen nivel del espectáculo, fue la aparición de Fortunato Ramos con un instrumento atípico, que es una vara de cuatro metros con una suerte de corneta en el extremo superior. Su extensa ejecución incluso deslució la alegre performance en caja y voz de Micaela Chauque, quien con sus coplas vistió nada menos que “Mañana en el abasto”.
  A partir de ahí llegaría el rock de Divividos en su más pura esencia. Fue un final caliente que empezó con “Sucio y desprolijo”, en un eterno homenaje a Pappo, y siguió con “Paraguay”, “Rasputín”, “El 38”, “Ala delta” y “Amapola del 66”, con un cierre con bombos legüeros a full.
  “Nos tomamos un Nesquik y nos vamos para casa”, dijo en complicidad con el público Ricardo Mollo para regalar “Next Week”, de Sumo, en un bis, que siguió con el esperado ritual del regalo de cuerdas y púas entre un mar de manos.
  El viaje había hecho escala en un lugar placentero tras un intenso recorrido. La travesía de Divididos continúa.