Domingo 01 de Noviembre de 2015
Cielo Razzo va por más, pisa en firme, en tierra nueva. “Después del óxido, tierra nueva/Yo te prometo florecer”, canta Pino en “Disfraz”, uno de los 11 temas de “Tierra nueva”, el séptimo disco de estudio de Cielo Razzo, que sale a la venta este viernes y que tendrá su presentación oficial en la ciudad el sábado 14, en Vorterix y habrá una segunda función el domingo 6 de diciembre, en la misma sala de Salta 3519.
Claro, pero antes de ese segundo toque en Rosario, tocarán el 29 de noviembre en el teatro de Flores porteño, para unas 2.000 personas, y el 17 de diciembre, en el Vorterix de Buenos Aires para unas 1.700 almas. Una pequeña muestra de la popularidad de la banda, que también hace escala en el interior, con singular respuesta del público, desde hace mucho más de una década.
Los Cielo atienden a Escenario un mediodía de octubre, con 25 grados a la sombra, en Demo, de Dorrego al 700, un estudio de grabación histórico, que en los 70 se conoció como Sonus. “Este es el primer estudio de grabación de Rosario”, dice Martín Marquez, monitorista de la banda y socio de Pablo Palumbo, cuya imagen se percibe en un afiche de Tess, banda de los 80 en la que tocaba la batería el hermano de Baglietto. La Trova aparece otra vez, al pasar, pero late por allí.
Los cinco Cielo Razzo están al pie del cañón, al lado de la consola, y predispuestos a escuchar el disco con Escenario, en la sala ubicada en un subsuelo. Escuchar un disco aparece como una práctica del pasado. Una costumbre vieja para escuchar “Tierra nueva”.
Allí están el cantante Pablo Pino, con su sanguche de pollo y una Seven Up helada; Cristián Narváez, bajista y mánager de la banda, y algo así como el archivo viviente de toda la historia de Cielo; Diego Almirón, uno de los guitarristas, junto a su hijo, a quien le pide con todo el amor del mundo que no golpee la batería para que se escuche bien la grabación; Fernando Aime, el otro violero, que se banca como un duque que Pino le haga una toma de judo en medio de la sesión de fotos de Gustavo de los Ríos; y Javier Robledo, el más pendex del grupo, pero un veterano en la batería, ya que es un especialista en encontrarle el pulso exacto a las canciones de la banda.
Es un plus sentarse a escuchar un puñado de canciones antes de que se lance en formato físico y comercial, ya que el CD saldrá editado por Pop Art con distribución nacional de Sony Music. Pero más allá del disfrute de oír sonidos que todavía no pasaron por la oreja del público, es un placer extra hacerlo con los protagonistas de esos sonidos.
“Escuchá este corte, quedó buenísimo”, dice Robledo, y garabatea un cierre de platos en el aire. A su lado, Pino canta arriba de su propia voz en “Ventana” y dice “pensar que los coros empezaron por una joda del Japa (en relación al Pájaro Almirón) y al final quedó grabado”.
Aime ratifica al toque lo bien que le hace a Cielo Razzo que haya dos violeros y que los dos hagan “cosas distintas”, mientras Narvy (apodo de Narváez) juega a los dobles sentidos de algunas letras, les da cierta connotación futbolera, confiesa que pone mil veces el disco antes de que salga “y después no los escucho más, como los viejos discos, al menos hasta que no tenga que sacar algún arreglo de nuevo para volverlo a tocar en vivo”.
Lo más importante, a 22 años de la primera vez que se juntaron a zapar, Cielo Razzo disfruta este momento como si fuese aquel primer día de encuentro. “Para mí, este disco es un camino natural que se viene dando hace tiempo. Creo que obviamente tiene una situación de experimentar con otros instrumentos y otros colores, pero seguimos componiendo en la sala, de la misma manera, y así se dieron las canciones. Creo que el beneficio que tenemos es que somos cancioneros, y contamos con la libertad de poder avanzar sobre lo que tenemos”, lanza Pino, quien habla como escribe, o escribe como habla, y en ese hilvanado de ideas va configurando lo que piensa y lo que siente.
Y lo manda como viene, en estado de máxima pureza, con las irregularidades del caso, porque nada en la vida es tan perfectito, pero sin máscaras, sin filtro, como las canciones de Cielo Razzo.
“A priori los arreglos no se planean, cuando las canciones salen las salimos a buscar y no sabemos qué puede llegar a entrar, eso se va dando de manera natural”, tercia Almirón.
Todavía con su sanguche en la mano, la voz líder de la banda, se rasca la barba una vez más y agrega: “Además no somos una banda de género, los que nos conocen saben que vamos de una canción extremadamente acústica y muy suave, con colores y melodías agradables, a un tema más pesado y más molesto también. Pero dentro de todo eso, para nosotros son canciones con distintos colores, simplemente eso”.
La frase “no somos una banda de género” queda picando, y Aime ofrece, con el mismo poder de síntesis de algunos de sus solos, una respuesta con punteo incluido: “Es que no somos una banda de género, por ahí, una canción puede ser súper catártica y otra puede ser un lugar común, una situación común, o un mambo propio explayado en una hoja. Desde ese lugar tampoco somos una banda de género, porque no estamos encerrados en un género musical, ni poético, ni artístico. No somos rock, no somos pop, no somos punk, somos cancioneros”.
“Obtuso”, que abre el disco, es el único tema de “Tierra nueva” firmado por los cinco Cielo Razzo. Allí todos aportaron algo, un acorde, un arreglo, un riff, un ritmo, una palabra. Ese mismo ejercicio de tormenta de ideas se dio en un momento de la entrevista con La Capital. Todos querían decir lo suyo y los cinco abonaban en la misma tierra que promete florecer.
“Nunca sabemos cómo llegamos a hacer una canción, si es por una capacidad o simple idiotez” (Robledo); “o por tirarse, por la mandada” (Aime); “y la capacidad termina siendo eso: un lugar de acción” (Almirón); “y encima en este disco dimos con un productor como Ale Vázquez, que laburó con Carajo, Viejas Locas, El Bordo, Salta la Banca, Las Pastillas del Abuelo, Bersuit, Charly, Mercedes Sosa, Spinetta” (Narváez); “somos una banda que hace canciones que a veces llevan años, y otras son más furiosas y veloces, que se terminan por la necesidad de hacer una canción” (Pino).
Y su cita viene a cuento de “Barón”, el tema más rockero de este disco, y que terminó siendo la letra más crítica hacia un personaje público. “Se prende fuego el quía hoy/Sabés a cuál me refiero/El muñeco baila y no es tu canción/Tampoco será mañana”, reza el tema que, confesó Pino, su autor, “se hizo en dos horas”. Y lo cuenta así: “Ese tema es para el dueño del bigote fantasma (en relación al candidato a presidente Mauricio Macri), lo vi al tipo en la tele y fue un escupitajo. No tuvo análisis prácticamente, tuve la suerte de haber enganchado al gilazo este para escribirla. Fue un inspirador, me disparó algo y me terminó sirviendo, porque la terminé de escribir una madrugada y la tuve que cantar a la mañana siguiente. Fijate al escucharla que está toda rota, porque la canté a las 11 de la mañana. El juego este es así y nos divierte, es un juego”.
Tras sus palabras, Robledo no está muy conforme de ser tan explícito con algunos personajes políticos, Pino lo convence y un mate amargo le pone más calidez todavía a la reunión.
Las risas se funden con las últimas estrofas de “Tus pasos”, la última canción del disco: “Despiértenme, en qué suelo habito hoy/Alejado de más/Alejado de más/Alejado de más”. Cielo Razzo va por “Tierra nueva”, otro disco, otro sueño. Y florece.